Los olvidados, de Luis Buñuel, en Cannes Clásicos

Los olvidados, de Luis Buñuel, en Cannes Clásicos
Fotograma de Los olvidados, de Luis Buñuel ■ FOTO: CORTESÍA DEL FESTIVAL DE CANNES

A 58 años de haber ganado el Premio de Mejor Dirección por Luis Buñuel en 1951, Los olvidados vuelve al palacio de festival para ser proyectada en la Selección de los Clásico de Cannes. Quizás esta sea la obra mayor de Buñuel en México y una de las más aclamadas por el cineasta homenajeado en el festival de cine en una sala dentro del Palacio que lleva su nombre, la Sala Buñuel, lugar de la dicha proyección. En el homenaje estuvo presente la directora de Imcine, María Novaro.

Los olvidados convulsionaron en 1951 al mundo del cine y del aparato político mexicano por la cruda proyección internacional que hacía de un país en pleno milagro de modernización. Era la primera vez que la cinematografía nacional recibía un premio de renombre internacional pero sobre todo, se le otorgaba a una cinta que escapaba a los límites de tolerancia de la censura política y de la crítica intelectual, y que además no encajaba con los cánones del nacionalismo revolucionario.

La culpa era de un controvertido exiliado español muy amigo de Salvador Dalí, con aires de surrealista y ánimos de subvertir la cultura: Luis Buñuel. Buñuel llegaba a México y de golpe cuestionaba la imagen de la barriada de Ismael Rodríguez y sus personajes mártires como Pepe el Toro (Pedro Infante), su pobreza ingenua (Nosotros los pobres, 1948) y la bondadosa resignación a su mundo incompatible con el de los ricos.

En Los olvidados los personajes son seres que deambulan en los suburbios entre terrenos baldíos y basureros donde se reúnen pandillas de jóvenes, músicos ciegos, madres despreocupadas de sus hijos y violadas por sus padres, niños abandonados a la merced de pederastas burgueses y programas de regeneración de criticable éxito. Ambiente endulzado con el jugueteo de Buñuel: sus perros, patos, gallinas y huevos como redundancias y reminiscencias de sus placeres por subvertir la realidad al mostrar que no es monolítica.

Esta propuesta escapaba a la ambición de un país moderno y progresista que cumplía con un cierto programa revolucionario y por eso no gustaba al gobierno alemanista que había tratado de censurarla. Buñuel recibió el apoyo en México de un poeta y crítico de la identidad del mexicano y su soledad, Octavio Paz.

Paz escribió: “Quizá sin proponérselo, Buñuel descubre en el sueño de sus héroes la imágenes arquetípicas del pueblo mexicano: Coatlicue y el sacrificio” (El Poeta Buñuel, 4 de abril, 1951). Estas líneas aparecen en el último párrafo del folleto que Paz escribió para explicar la película antes de su presentación en el festival (10 de abril, 1951) y que él mismo repartió de su propia mano afuera del palacio. Además consiguió el apoyo de otros intelectuales como Cocteau, Chagall, Picasso y Prévert para que asistieran a Cannes dando impulso al rescate de un filme que parecía estaba destinado al ostracismo.

Y así sucedió. Al regresar el filme con la “Palma de Oro” los críticos mexicanos la revaloraron y le otorgaron 11 premios Ariel incluido director (Luis Buñuel), mejor joven actor para Roberto Cobo y guionista para Luis Alcoriza. Actualmente, en México la película es aún motivo de polémica pero también de idolatría y reconocimiento. Menos mal.

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