El PRD y los vicios que debe evitar Morena

El PRD y los vicios que debe evitar Morena

Ayer se cumplieron 30 años de la fundación del PRD, efeméride que debe propiciar la reflexión acerca de las causas de que un partido que disputó en tres ocasiones la Presidencia de la República, con una fuerza tal que construyó una percepción en amplias capas de la población de que sus candidatos (CCS en 1988, AMLO en 2006 y en 2012) fueron víctimas del fraude electoral, haya perdido una gran proporción de su corriente electoral en muy pocos años. El asunto cobra importancia por el hecho de que una fuerza de izquierda relativamente nueva, Morena, ganó la Presidencia de la República, la mayoría del Congreso de la Unión y espacios importantes en estados y municipios.

Un vicio muy destructivo que se ha desarrollado en todo el sistema de partidos en México es el centralismo en la toma de las decisiones importantes en cualquier partido político: la selección de sus dirigentes y candidatos, excluyendo por completo a sus integrantes de base y dirigentes municipales y estatales. En estos tiempos es patético ver a miles de ciudadanos que desean ejercer sus derechos políticos en los partidos, concurrir a sus dirigencias nacionales para intentar convencerlos de su designación. Ese es el mejor camino para que surjan los agrupamientos facciosos (Tribus las llaman en el PRD) que condicionan su apoyo en las instancias nacionales a la contribución con moches y con un desempeño clientelar para el fortalecimiento de la facción. Una modalidad peor es la costumbre priista de delegar en el gobernante de más alto rango la designación de candidatos y dirigentes, el “dedazo” se convirtió en una atribución no escrita de los gobernantes priístas, reclamada y ejercida en su momento por los panistas y perredistas, y está por verse si los de Morena también la desarrollan.

El “dedazo” es un vicio destructivo de la democracia y de los países porque conduce directamente a la corrupción, vicio mayor en México precisamente porque esa practica generalizada convenció a una gran cantidad de políticos de que la voluntad presidencial o del gobernador era el mayor bien a conquistar si se aspiraba a construir una carrera política. Ese razonamiento es la causa del poco aprecio que la clase política tiene por el bienestar general y por el trabajo en los territorios para conquistar el apoyo popular. Los beneficiados por el dedazo son piezas casi naturales de las redes de corrupción que han proliferado en los últimos tiempos.

El centralismo también es muy negativo porque desalienta la participación de la gente más politizada, lo que acarrea otro de los grandes vicios que sufre nuestro pueblo: la impunidad. Corrupción e impunidad de sus equipos gobernantes y dirigentes fueron las causas directas del derrumbe del PRD. No fueron capaces de evitar que esos vicios de la élite del poder fueran asumidos como normales, de manera que no fueron pocos los políticos que presumían su capacidad para “bajar dinero” a estados y municipios, así como a instituciones educativas, claro que mediante el respectivo “moche”. Combatir la corrupción política en sus propias filas debiera ser una prioridad de Morena y de los ciudadanos que desean sinceramente que la Cuarta Transformación no sea más de lo mismo en esa materia.

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