Alfil Blanco por Caballo (mate al Rey Negro)

Alfil Blanco por Caballo (mate al Rey Negro)
Renato Tinajero. Foto de Irene Tinajero Santiago.

La Gualdra 373 / Río de palabras

 

 

La sensación de lo invariable, ¿quién la encontrará?

Sólo a las perlas, en precio, se compara.

El leopardo y el bacilo diezman la belleza.

El diamante prende la estufa de los vivos.

Pero en casa del que siente lo invariable, su esposa viste lana

y siete hijos alegran con su risa la hora diaria del almuerzo.

Una cascada de cencerros baja mansa por los suaves montes

junto a la casa del que encuentra lo invariable.

En el corazón de un fruto ha de morar el que conoce lo invariable.

En el rumor del tallo y la semilla pasará sus días.

Aquel que lo invariable no ha sentido

no oye el fruto abrirse paso hacia la planta,

ni la lana ve crecer en sus ovejas,

ni la leche atiborrar las ubres de la res.

En lo móvil, no en lo quieto, se presiente lo invariable.

Lo incompleto es el fin, y lo demás, una línea sin volumen,

el mapa de un hombre o de una ciencia

reducidos a un vector, achicados al concepto puro y simple.

Flujo subterráneo lo invariable, flujo interno de los siglos,

ecuador en que se tocan los puntos cardinales,

corriente magnética del mundo, palabras como nuevas

para el rostro envejecido de lo verde:

su tránsito hoja a hoja, vida a vida,

su inquebrantable tránsito de piedra.

Instante eléctrico del juego. Instante de agua y tiempo.

Agua súbita en que se prodigan el tiempo y el espacio.

Hay columnas que no hicieron los hombres,

avenidas en el cosmos que son como agujeros en el mar.

Vasos comunicantes, grietas que son como enunciados,

enunciados que son cantos, que son fórmulas,

fórmulas en que se cifran dos colores,

álgebras que infunden su justo movimiento al átomo,

y fértiles moléculas, con dos manos perfectas

y los pies llenos de savia,

torres profundas en la selva, alfiles que reinventan el azar,

constelaciones que jamás verán ojos humanos,

bajo un sol recién nacido y una luna duplicada

como un ojo singular en la alta noche.

Lo invariable es así, esta luna o su cósmica gemela,

este sol o su menor hermano, son mera utilería,

escenas concebidas según las circunstancias.

Lo importante es el juego, su impermeable equilibrio

de fuerzas y de números, su cierta matemática,

la trinchera infinita donde luchan dos conciencias,

el tiempo, palacio de las formas,

la escritura invariable en que invariables sílabas

están narrando la caída de este reino,

una segunda vez que es siempre la primera,

y una tercera vez. Como semillas que en la criba alcanzan semejanza,

cebada a la cebada, trigo al trigo,

madera a la madera, blanco al blanco,

la negrura en formación, las sílabas se encuentran.

Se entreabre, transparente, el alfabeto.

Sobre un sencillo musgo retoñan las figuras.

De Fábulas e historias de estrategas (INBA/ICA;

Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2017).

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