La desaceleración de la economía nacional y la posición de Banxico

La desaceleración de la economía nacional y la posición de Banxico

La Junta de Gobierno de Banxico en la minuta 65 de su última reunión, reconoce que la economía viene desacelerándose desde el último trimestre del 2018 y que dicha debilidad se acentuará en el primer trimestre de 2019, tanto por el entorno internacional, como porque persiste la incertidumbre interna.

En su análisis respecto a los riesgos de la economía, resaltan la fragilidad financiera de PEMEX, debido a que se puede deteriorar su calificación crediticia, lo que incrementaría el costo de la deuda pública y dificultaría el acceso al financiamiento externo. Tal situación sería evitada si Banxico asumiera la función que la Reserva Federal de Estados Unidos tuvo en la crisis de 2008-2009 de inyectar liquidez a la economía para frenar la caída del mercado de capitales en dicho país y bajar la tasa de interés entre 0.0 – 0.25% para frenar los problemas de insolvencia. Ello fue acompañado de la expansión del gasto y déficit público, lo cual no se tradujo en mayores impuestos a los contribuyentes, ni en mayor inflación, y si en cambio permitió que se retomara la actividad económica en 2010. Banxico perfectamente podría comprar deuda de PEMEX a baja tasa de interés, para que tal empresa no tenga que recurrir a los mercados financieros internacionales y ser sujeta a las reglas que las calificadoras y los mercados financieros internacionales quieren establecerle. México tiene que recuperar el control soberano de su moneda para financiarse con ella y no depender del financiamiento externo, ni el de la banca ubicada en el país. PEMEX y la CFE son altamente rentables y en el caso de la primera, es ahorradora y generadora de divisas, por lo que el soltarles la liquidez a tales sectores estratégicos, no se generarían presiones inflacionarias, ni sobre el sector externo, sino se impulsaría su desarrollo y generarían los recursos para encarar los problemas de sobrendeudamiento que enfrentan. Se reduce la deuda de tales empresas través del crecimiento de su producción y de sus ingresos, y no a través de políticas de restricción presupuestarias y altas tasas de interés que les imponen. Las calificadoras internacionales han dicho que el rescate anunciado por el gobierno a tales empresas es insuficiente, pues tales calificadoras están por la mayor privatización y extranjerización de PEMEX y la CFE.

A la mayoría de la Junta de Gobierno de Banxico le preocupa que el rescate anunciado por el gobierno a favor de PEMEX (donde desataca la reducción de la carga fiscal a la que ha estado sujeta dicha empresa), pueda complicar las metas fiscales establecidas. Para tales economistas les interesa que se cumpla con el superávit primario (el que excluye el pago de intereses de la deuda pública) para que el gobierno pueda cubrir el pago de la deuda y sea bien visto por las calificadoras internacionales. Ellos evalúan la política fiscal (y monetaria) en función de que se mantengan las metas establecidas, de superávit primario y baja inflación. De hecho, Banxico está feliz porque la inflación anual en la primera quincena de febrero se ubicó en 3.89 por ciento, dentro del margen fijado por ellos que es de 3% +/- 1 punto porcentual y están seguros que continuará bajando, debido a las altas tasas de interés establecidas, como a los recortes presupuestales de la SHCP. No les importa las consecuencias que su política monetaria y la política de superávit fiscal primario generan sobre la actividad económica, pues ésta se está contrayendo (reconocido por ellos) y más caerá al no aumentar el gasto público, la liquidez de la economía y no bajar la tasa de interés. La política monetaria y fiscal deben responder a los objetivos de crecimiento, empleo y reducción de la dependencia de entrada de capitales, y no a los objetivos trazados por las calificadoras internacionales que defienden a los intereses de los dueños del dinero.

Banxico y la SHCP perfectamente pueden instrumentar una política monetaria y fiscal a favor de los sectores estratégicos de la economía y no solo señalar el riesgo que implica que las calificadoras internacionales le bajen el grado de inversión a PEMEX. Hay que tomar decisiones antes de que la crisis se manifieste, y no esperar a que ésta explote, pues las consecuencias serán mayores y difíciles de revertir. ■

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