Under the silver lake, de David Robert Mitchell, instructivo crítico de cultura pop

Under the silver lake, de David Robert Mitchell, instructivo crítico de cultura pop
Fotograma de Under the silver lake, de David Robert Mitchell foto: cortesía del festival de cannes

Estábamos muy a la expectativa de la última película de David Robert Mitchell, que sedujo a buena parte de los amantes del terror y a la crítica mundial con It follows, su ingeniosa aproximación al género que provocó pesadillas a más de uno (incluyendo a este humilde crítico). Su programación en la competencia oficial dejaba esperar lo que sospechábamos, que tras ese éxito podía esconderse un verdadero talento, confirmado por la proyección de Under the silver lake.
Resulta difícil contar la trama de la película, porque como en la china Un gran viaje hacia la noche (con la que comparte bastantes aspectos a pesar de tener dos estilos completamente diferentes), no hilvana grandes peripecias que podamos contar. Sam es un joven de 33 años interpretado por Andrew Garfield, que le presta al personaje sus gestos de eterno adolescente insolente y holgazán. Vive en un departamento de una residencia en un Los Ángeles eternamente soleado, y se pasa el día haciendo el vago en su casa, acostándose con alguna amiga o espiando a las vecinas. Durante una de estas sesiones de voyeurismo, descubre a una nueva vecina que toma el sol junto a la piscina, y con la que rápidamente inicia un romance inconcluso. Pero Sarah desaparece durante la noche dejando sólo un departamento vacío. Sam, cual detective privado, intentará dilucidar su desaparición y encontrarla.

 

Irrealidad del espacio y el tiempo
Esa investigación no tiene en el fondo demasiada importancia, se limita a trazar un recorrido entre los distintos espacios de Los Ángeles, en los que Sam se encuentra con extraños personajes que le dan una pista para llegar a un nuevo lugar y encuentro, sin que ninguna barrera pueda detener su avance. En una divertida secuencia, el personaje sigue a tres chicas en coche, hidropedal, oculto tras una pelota inflable en la piscina de una fiesta de millonarios en la que se introduce sin ninguna dificultad. Los espacios son permeables, comunican como si estuvieran conectados entre sí, como en los videojuegos con los que juegan Sam y sus amigos.
Ocurre algo parecido con el tiempo de la película. Personalmente, por el decorado y la ambientación sonora, creí que la película transcurría en la maravillosa época que va de mediados de los sesenta a mediados de los setenta, hasta que Sam cuenta una anécdota sobre Kurt Cobain mientras se acuesta con una amiga con un partido de tenis con Mónica Seles de fondo visual y sonoro. La ambientación va mezclando referencias a las distintas épocas. Porque, en el fondo, el tema central de la película es la cultura pop estadounidense. Sam y sus amigos están obsesionados por ella, desde las sorpresasen las cajas de cereales hasta las consolas Nintendo, dentro un amplio espectro que va de la cultura más mainstream a lo indie o underground.

 

Omnipresencia de la cultura pop
Pero también porque la película funciona como un incesante generador de citas, guiños y pastiches, hasta conformar un inmenso collage que se ofrece al espectador para que éste lo pueda decodificar, como si se tratase de una enciclopedia oculta de la cultura pop. Solo en la primera secuencia de tres minutos, montada con un ritmo frenético y una estética propiamente psicodélica, reconocemos el pasillo de El resplandor, de Kubrick; el voyeurismo de La ventana indiscreta, de Hitchcock; o la reencarnación de Laura Palmer, de Twin Peaks, en el personaje de Sarah, entre otras mil más posibles. Under the Silver Lake es un recorrido por el cine, la literatura, la música y el comic que han marcado la mente de los jóvenes de múltiples generaciones, narrada desde una distancia llena de humor. Lo que Paul Thomas Anderson pretendía (de manera algo fallida) transcribir al adaptar a Thomas Pynchon en Inherent Vice, David Robert Mitchell pretende aplicarlo a toda la cultura popular.
El propio Sam (quizás un guiño a Sam Spade, el detective imaginado por Dashiell Hammett e interpretado por Humphrey Bogart) lleva su investigación basándose en esta cultura pop, cuyas imágenes y objetos se encarga de destripar para extraer un código, un mensaje, que le permita continuarla y resolverla, hasta llegar a limites propiamente delirantes, con toques de la conspiranoia moderna que no deja de extenderse en estos tiempos. “Como nuestra época no nos ofrece ya ningún misterio, nos dedicamos a inventarlos”, dice un amigo de Sam.
La propia película emite una hipótesis, no sabemos muy bien si en serio o en broma, enunciada por el personaje del Compositor, autor de casi todos los clásicos musicales desde los inicios de la cultura pop (y más allá): la cultura pop, incluso la más rebelde en apariencia, no sería más que el producto de la industria para moldear las mentes y los sentimientos de los ciudadanos. Under the silver lake es un divertido e ingenioso instructivo de la cultura pop, narrado con un sentido de la puesta en escena imaginativo y envidiable, y una de las mejores sorpresas en Cannes hasta ahora.
Un último apunte. Sam no trabaja, no paga el crédito de su coche ni el alquiler de su piso, hasta que lo embargan o le echan. A pesar de lo que le dice a su madre, no estudia ni trabaja, es un parásito del sistema económico estadounidense basado en el préstamo. Pero se mueve como pez en el agua entre estrellas del rock, discotecas de diseño, hijas de millonarios y prostitutas de lujo. Reconoce que le molestan los mendigos. Como si buscando el sentido en el más allá, se le escapara la realidad aquí y ahora.

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