Editorial Gualdreño 337

Editorial Gualdreño 337
Adolfo Castañón (México, 1952), es ensayista, crítico, poeta, traductor y editor, académico, bibliotecario, bibliófilo y biblióforo. Es autor de tantos libros o más como los años que cuenta. Es autor de 'Viaje a México', publicado por Iberoamericana Vervuert y Bonilla Artigas Editores (Premio Xavier Villaurrutia, 2008), de la 'Antología Visión de México de Alfonso Reyes', publicada por la Academia Mexicana de la Lengua. El gobierno de la República Francesa lo distinguió imponiéndole la orden de Caballero de las Artes y de las Letras en 2003, mismo año en que ingresa como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. En páginas centrales de esta edición No. 337, una entrevista con él, realizada por Armando Salgado, [Foto de Adolfo Castañón. Fotografía de Rodrigo Rojas Mckenzie].

Dicen por ahí que entre las cosas que no se pueden ocultar está el amor, que éste es imposible que pase desapercibido y tienen razón; yo estoy enamorada de Zacatecas, por ejemplo, y no hago el menor esfuerzo por ocultarlo, no tendría por qué negar que la ciudad en la que vivo me parece una de las más bellas de todo el territorio nacional, no sólo por la majestuosidad de los edificios del primer cuadro del centro histórico -que son sin duda extraordinarios- sino por cada una de las partes que la conforman; me maravillan, sobre todo, las casas antiguas, construidas con muros anchos de adobe, con vigas de madera sosteniendo esos techos altos concebidos así, entre otras cosas, para dar cuenta que en esta ciudad históricamente nos ha gustado lo grande y más allá de eso: lo grandioso.

Estoy segura que no soy la única que disfruta ver sus calles recién llovidas, resplandecientes y limpias; también sé que hay muchas personas que como yo se deslumbran con este cielo transparente que tenemos y que por las tardes, justo antes de que caiga el sol, suele tener tonalidades de un azul que de tan intenso estremece y que contrasta con el color de la cantera. Sí, estoy enamorada de Zacatecas, por eso y porque además de su belleza, la ciudad tiene un patrimonio cultural material e inmaterial envidiable.

No, no es su aniversario, y hoy no celebramos alguna fecha especial para la ciudad; pero es que los últimos días he visitado espacios como el del Santero, desde cuya terraza he tenido la oportunidad de ver a la Catedral de frente desde la parte más alta y desde ahí, he visto cómo quienes hemos convivido en ese lugar, platicando de arte, cultura y de los próximos proyectos que habrán de realizarse en torno a la Bienal FEMSA, hemos hecho también silencios prolongados de manera espontánea, sin ponernos de acuerdo, sólo para contemplar cómo la luna sale lentamente al lado de una de las torres. Y entonces siempre hay alguien de nuestros artistas visitantes que ha dicho: qué hermoso, qué privilegio el nuestro de estar aquí… y todos los que aquí vivimos reaccionamos con sorpresa porque tal parece que por momentos se nos olvidara que sí, somos muy afortunados.

A propósito de los artistas -que cada vez más frecuentemente vendrán a la ciudad durante estos días- que están ya en la fase de investigación y exploración de los espacios en los que han de trabajar para que el próximo mes de octubre se lleve a cabo la etapa de la exhibición de los proyectos artísticos públicos, debo decir que ellos, los que vienen de otras ciudades del país y el extranjero, me han hecho revalorar más todavía el lugar en el que vivo; han hecho además que confirme que los zacatecanos, al margen de los problemas que padecemos, no hemos olvidado ese espíritu de hospitalidad para con quienes nos visitan.

Iván Krassoievitch y Javier Hinojosa están aquí desde la semana pasada y sólo por compartir una anécdota a manera de ejemplo, están felices porque en días pasados se integraron a una callejoneada y fueron muy bien recibidos por un grupo de jóvenes que los integraron a su fiesta, a la fiesta de la vida; Naomi Rincón Gallardo en su visita pasada comió caldo de rata de campo -ese platillo que suele ser consumido tradicionalmente por su virtudes proteínicas y hasta medicinales-; pero no han sido los únicos, otros artistas y curadores han vivido la experiencia de comer en el mercado, de tomar aguamiel -esa bebida que traen los señores en cántaros todas las mañanas al centro- y de visitar todos nuestros museos.

Somos afortunados, reitero, por tener en Zacatecas todo lo que tenemos, y si hablamos de museos también podemos afirmar que los acervos que cada uno de ellos contiene son un motivo de orgullo. Es verdad que les sigue haciendo falta modernizarse, también eso es cierto, y entonces recuerdo que el amor es ciego pero no tanto y que en medio del enamoramiento podemos ver todo lo que nos hace falta por conocer, valorar, modificar y perfeccionar en este espacio para crecer todos juntos, unidos, para hacer que esta ciudad sea conocida y disfrutada por más personas, que como nosotros, viven en la búsqueda permanente de la belleza.

Que disfrute su lectura.

 

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https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-337

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