La reelección de legisladores locales y alcaldes: a la prueba de la experiencia

La reelección de legisladores locales y alcaldes: a la prueba de la experiencia

La reelección en México fue una tabú durante más de 90 años: a partir de 1933, año que se eliminó esta figura político-electoral, hasta hace tres años. Recordemos que en los documentos oficiales decía el lema “sufragio efectivo, no reelección”, y luego las rúbricas correspondientes. El tabú fue producto de que la Revolución luchó contra la dictadura de Porfirio Díaz con un gobierno de poco más de 30 años, y con legisladores porfiristas que tenían frecuencias de reelección del 40 por ciento. Con lo cual, la reelección ayudó a consolidar una capa gobernante inmóvil. Fue hasta el 2011 que se discute abiertamente el tema y se aprueba en 2014 la posibilidad de reelección legislativa y de presidentes municipales. Así las cosas, en Zacatecas estamos estrenando esta figura resucitada.
En los argumentos para su aprobación está la idea de que la reelección se convierte en un estímulo para el legislador y el presidente municipal para mejorar su trabajo y, con ello, hacerse atractivo a volver a ser electo. Esa mejora de gestión implicaba incrementar la cercanía con los representados (distritos o municipios). Además, se concibió la reelección como un mecanismo de rendición de cuentas, donde el político en cuestión se sometiera a la evaluación ciudadana para ser aprobado o no en las urnas. Otro elemento importante en la aprobación de la figura (modificación del artículo 59 y 116 constitucional), fue la certeza de que 3 años para una administración municipal es muy poco tiempo para construir un verdadero plan de gobierno, y la misma lógica para los legisladores. En un gobierno local de 6 años se pueden consolidar planes, sólo que con una ratificación intermedia (la elección). Sin duda estos argumentos tienen lógica, se escuchan coherentes.
Sin embargo, no deja de haber dudas. Las cuáles serán despejadas en la práctica. Un presidente municipal que se postula para la reelección tiene la ventaja del puesto y los compromisos en curso para lograr un mayor volumen de votos. Como tenemos déficit de criterios racionales en el comportamiento del electorado, la evaluación de la rendición de cuentas es poco probable que sea determinante ante la posibilidad de la distribución de dádivas o compromisos privados. Sin embargo, tenemos claro que la democracia es un proceso educativo, donde la población aprendemos a ser ciudadanos, y la única manera de aprenderlo es haciéndolo. Así, estaremos atentos observando cómo se desarrolla el proceso de la reelección y poder contrastar las razones que llevaron a reeditar esta figura y la experiencia de esta. Por ejemplo, veremos los indicadores objetivos de la productividad de legisladores y la respuesta de los electores a su candidatura; observaremos: ¿qué ocurre si son ratificados en su puesto legisladores que son claramente improductivos? Para usar un ejemplo federal nítido: ¿qué ocurre si fuera reelecta Carmen Salinas? Significaría que la figura no cumple con su objetivo. O en el caso de los presidentes municipales, que veamos que usa recursos del poder que tiene para reelegirse y no el discernimiento autónomo de los ciudadanos que evalúan su trabajo. Pero como quiera que resulte, sin duda, tendremos lecciones que aprender sobre las nuevas fórmulas para mejorar la democracia mexicana.

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