Paul Auster. Asomarse al 68

Paul Auster. Asomarse al 68
Paul Auster © Edu Bayer-Seix Barral_preview

La Gualdra 323 / Libros / Op. Cit.

 

Bien nos haría, a todos, asomarnos al 68, el año de la revuelta libertaria que alcanzó al mundo entero, lo mismo en ciudades como París, Praga, México y NuevaYork, ahora que se cumple media centuria de sus jornadas. El año, se ha dicho hasta el aburrimiento, que cambió las cosas; del que los colectivos salieron siendo otros y que, en sus diversas manifestaciones, consiguió anudarse a otras experiencias de ruptura y novedad como la Revolución Cubana, nueve años atrás, el hipismo y la lucha por los derechos civiles de las minorías y de la población afroamericana.

Pareciera no resultar gratuito, mucho menos casual, que un novelista como el norteamericano Paul Auster (1947) incorpore el tema a su más reciente novela, 4 3 2 1, publicada globalizadamente a finales del año recién concluido. Novela que en la escena de la narrativa de su región y del mundo, alcanzados los niveles de lectura al que todo escritor aspira (La trilogía de Nueva York, Tombuctú, El libro de las ilusiones, La noche del oráculo, et. al.), rompe una vigilia de más de un lustro para los devotos de sus maneras de narrar el mundo contemporáneo.

En su escala de promoción por nuestro país, Auster insistió sobre las características no autobiográficas observadas en 4 3 2 1. Declaración por demás curiosa si se hace caso, al mismo tiempo, de esa vehemencia con la que el novelista defendió los grados de verosimilitud en ella descubiertos. Asunto, pues, de la literatura. Viejo asunto, donde una verdad en abstracto, generalizada, pareciera no importar tanto como la verdad de la misma literatura, del texto, en este caso de la novela. Lo verosímil, sujeto siempre, como la propia verdad, a las necesidades del mismo texto.

4 3 2 1 fundamenta su apuesta mayor, ¡vaya que mayor!, en amalgamar en un mismo discurso novelístico cuatro novelas: las posibles vidas y desarrollo de éstas de un mismo personaje, Ferguson, tan cercano (en gran número de coincidencias) al propio autor. Y donde uno de estos fergusons, estudiante universitario neoyorquino, se abraza al desarrollo del movimiento estudiantil de 1968, en la Universidad de Columbia.

No se necesita acudir a la biografía del mismo Auster, advertimos ya, para identificar en estos pasajes de la gruesa novela las estampas con más dosis propias. En especial cuando se extiende la relación del personaje central y los miles de jóvenes estadounidenses con los “acontecimientos” que incomodaron al régimen norteamericano, ya en entredicho por el conflicto bélico en Vietnam y la segregación racial. Eléctrico despertar, horam expecta veniet (espera la hora, que vendrá), leerá en el Reloj de Sol el recién ingresado Ferguson a la Universidad de Columbia.

Momento de la narración cuando, relatados los antecedentes y el día a día de “la revolución en miniatura”, “la protesta estudiantil más amplia y prolongada de la historia de Estados Unidos”, el lector descubre el destino mayor de ese Ferguson en específico. Como también lo hará en las alternativas vidas de los otros tres.

“La enormidad que nadie esperaba que ocurriera, lo que nadie había imaginado que sucediera nunca, estaba pasando de todas formas inesperadas e inimaginables en que suelen producirse las cosas”, leemos. El 68 en Columbia. Y en el centro de ese escenario, Ferguson, aun cuando Amy, su pareja, decida terminar su relación “crucificándolo delicadamente” en el curso de las jornadas libertarias.

Paul Auster © Edu Bayer-Seix Barral_preview

Destino personal

En 4 3 2 1, novela que no se circunscribe a las jornadas del movimiento estudiantil del 68, menester aclarar (aunque haga una cronología puntual de lo acontecido: fue el mundo que se desató, al menos durante un tiempo, y así empezó la protesta estudiantil más amplia y prolongada de la historia de Estados Unidos), ninguno de sus cuatro personajes (fergusons) escaparán a la cuenta regresiva hacia su destino personal. A un sino que, apoyado en la dialéctica renuncia a la enajenación, echa por tierra (dixit Revueltas, El sino del escorpión) aquello de que el hubiera no existe. Claro que existe, basta imaginarlo y trasladarlo a la realidad, vivirlo y llevarlo a la literatura para demostrar que las posibilidades de nuevas y mejores circunstancias están a la vuelta de una esquina, en la mano y el corazón del otro.

Nacido como el mismo autor, en 1947, Ferguson se mostrará siempre de frente ante el lector, inmediata recompensa para éste al encontrarse con la piel y el alma de ese joven, a su vez otros, y con las relaciones que a lo largo de sus varias existencias teje con miras a la conformación de una existencia con los otros y la de “una nueva relación consigo mismo”.

Archie, como se le conoce en otros momentos, se acompañará de otras entrañables presencias, y caminará los años 50 y 60 de una Norteamérica inserta en “un mundo irracional” que asesina a sus presidentes, legisla en contra de sus ciudadanos y envía a sus jóvenes a morir a guerras inútiles. El país del beisbol o el futbol americano, del cine, aún vigente para esos años, de Groucho Marx o de Laurel y Hardy. De una ciudad: la Nueva York que lo imanta a partir de su “densidad, inmensidad, complejidad”.

4 3 2 1, una novela por todas estas razones (y más, de acuerdo a sus innumerables lecturas) muy bienvenida. Novela envolvente: una y más novelas. Novela que incluye lo vivido entre el 23 de abril y el 4 de junio: el 68 neoyorquino, que bien nos lleva a voltear la mirada a lo ocurrido en el mundo hace cincuenta años. A las formas inesperadas e inimaginables en que suelen producirse las grandes cosas, como dice el novelista.

 

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 Paul Auster, 4 3 2 1, Seix Barral, España, 2017, 960 pp.

 * @mauflos

 

 

 

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