Ni revolución ni neoliberalismo han hecho justicia a Zacatecas

Ni revolución ni neoliberalismo han hecho justicia a Zacatecas

La nota que hoy publica nuestro diario es contundente: los gobiernos federales más recientes han maltratado a la entidad con reducidas partidas presupuestales y recortes frecuentes, pero si echamos una ojeada a nuestra historia económica veremos que esa es una condición endémica. Para empezar, recordemos que los primeros gobiernos revolucionarios tuvieron la tarea inaplazable de pacificar y estabilizar el país, lo que ocurrió hasta el de Lázaro Cárdenas de 1936 a 1940. A partir de ahí se orientaron grandes cantidades de recursos a construir grandes obras tendientes a incrementar la superficie dedicada a la agricultura de riego. En ello destacaron las construidas en el noroeste del país, en la región lagunera y en otras pocas más. Otro destino de importantes partidas presupuestales fue la promoción de diversos polos industriales, canalizando los excedentes en dólares de las exportaciones de alimentos para facilitar la importación de equipo industrial diverso. Así se fortaleció a Nuevo León, Estado de México, Jalisco y otros. En esa época nuestra entidad no recibió recursos importantes ni para el campo ni para su industrialización, manteniéndose como una región exportadora de trabajadores mediante el programa bracero, con una agricultura tradicional, atrasada, y con una industria minera de enclave, no ligada a cadena de valor alguna y dependiendo exclusivamente de los vaivenes de los precios internacionales de los minerales.
A partir de la toma del poder por el equipo neoliberal en 1982, la política económica apagó el motor del mercado interno disminuyendo drásticamente los salarios, la inversión pública y los programas de fomento de la producción agropecuaria, para dejar encendido únicamente el motor externo, lo que significó que el Estado se pusiera al servicio de las empresas exportadoras, nacionales o extranjeras, operación que perjudicó gravemente a Zacatecas arruinando a decenas de miles de productores rurales quienes, ante la inexistencia de empresas manufactureras exportadoras, no tuvieron otro destino que la emigración. La minería se mantiene como un sector desvinculado de la actividad productiva local, de manera que la presencia en la entidad de algunas de las más grandes corporaciones del mundo y el otorgamiento de concesiones gigantescas, benefician muy marginalmente a los pobladores del territorio. Con lo anterior es fácil concluir que tanto los gobernantes que presumían su origen revolucionario, como los neoliberales, han dejado una gran deuda con el pueblo de Zacatecas.
También es relativamente fácil deducir que dos son las causas de esa deuda: la primera es la relación de sumisión de nuestro pueblo ante los gobernantes federales y la segunda, que se deriva de la primera, es la subordinación de los diferentes gobiernos estatales, con muy honrosas excepciones, ante las decisiones federales perjudiciales para Zacatecas, además de la incapacidad de los mismos para presentar un proyecto integral de desarrollo local elaborado con una intensa participación social, de manera que se garantice la movilización popular en caso necesario. Ante la coyuntura electoral de este año, parece pertinente plantear que los zacatecanos debemos orientar el vota para apoyar a partidos y candidatos que tengan propuestas favorables al desarrollo local.

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