La sociedad de la (des)información

La sociedad de la (des)información

La Gualdra 323 / Promoción de la lectura

 

Durante el pasado “Buen fin” fuimos testigos, y quizá algunos partícipes, de las aglomeraciones en las tiendas donde se pueden adquirir las últimas novedades tecnológicas. Los dispositivos y electrodomésticos de vanguardia tienen la característica de ser “inteligentes”. Si contrastamos este adjetivo con el comportamiento de muchos usuarios de redes sociales estos últimos podrían salir mal heridos. Me queda claro que la vida cotidiana ha experimentado una transformación, casi radical, conforme la tecnología se desarrolla. La escritura y la lectura no son ajenas a ello. Nuevos soportes y nuevas formas de uso de la palabra para comunicarnos aparecen y sepultan a otras.

En un año electoral, donde se privilegiará la descalificación, la desinformación, la calumnia sobre el análisis y la propuesta. A diario recibimos, y hay quien comparte, una gran cantidad de mensajes de dudosa procedencia. Quiero suponer que esos textos o enlaces se socializan algunas ocasiones por error. Pondré un ejemplo: cada año, desde el 2012, por alguna razón que desconozco, en verano se revive la noticia de Ray Bradbury. Las expresiones de lamento, las condolencias, la impotencia ante una pérdida irreparable en la literatura universal se repiten. Yo mismo compartí la noticia en el año 2016. Error de concentración.

Hace un par de semanas sucedió lo mismo pero con la carta apócrifa, en apariencia, de una cámara de empresarios de la construcción dirigida al gobernador del estado y con la alerta en torno al consumo de una marca de refresco. Ambos llegaban por Wathsapp y Facebook. En el primer caso se puede entender, y lo comparto, el hartazgo de la sociedad ante la ineficiencia de la estrategia de seguridad pública. En el segundo me hace pensar en esta dinámica tan efímera de elementos comunicativos cibernéticos como son los memes. Pareciera que las noticias en nuestra memoria también tienen una cortísima permanencia.

Con las campañas proselitistas, lo repito, no es extraño que este tipo de mensajes inunden nuestros teléfonos y nuestros ordenadores. La casi nula práctica de corroborar información en el grueso de la población mexicana hace que hayamos dejado atrás la sociedad de la información para dar paso a la sociedad de la desinformación. Las páginas de noticias falsas pululan al por mayor. Creemos que todo lo que aparece en las redes, no nos dedicamos unos instantes a indagar la veracidad de la fuente. La ley del sensacionalismo se impone.

Bastan dos centímetros de frente para poder ubicar la seriedad de un medio y la confianza que pueda generar en sus lectores. Por otro lado, esos mismos lectores dicen mucho de su nivel de lectura, pese a las apologías que comparten en torno al acto lector. Ponen en tela de juicio una de las bondades y beneficios de la lectura: la capacidad de análisis. Dime cómo lees y te diré quién eres. En una época donde se dice que tenemos teléfonos, televisores, refrigeradores, y hasta cerraduras inteligentes, habremos quienes seguimos en la espera de Smart Humans.

 

 

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