Chichimeca. Identidad, espacio y memoria se inaugurará el 18 de enero

Chichimeca. Identidad, espacio y  memoria se inaugurará el 18 de enero

Con Chichimeca. Identidad, espacio y memoria, Fernando Salcedo Suárez del Real (Fernando Candber) prosigue su búsqueda de la completud del ser zacatecano que iniciara con su intervención de la Fuente de los Conquistadores en mayo de 2014 (La Gran Chichimeca), de la que hizo pender 25 cabezas zacatecas recreadas en arcilla cruda, y por tanto frágiles y tendientes a regresar al polvo del que provienen y que ha cubierto ocultándola, parte de la identidad de un pueblo.
En esta ocasión, Chichimeca, que se inaugurará en el Museo Zacatecano el próximo 18 de enero a las 19 horas, se compone de tres instalaciones referidas a dos propuestas escultóricas, las citadas cabezas zacatecas y otro conjunto “que habla más sobre la diversidad” y la construcción social de nuevas formas de convivir.
Se añaden una serie de 99 fotografías y la adicional, un rostro del propio Fernando Candber generado a partir de las locaciones donde fueron colocados en la otrora Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, sendos rostros hechos de papel, para sumar la centena con la que se construye su propia identidad.
“Ahí está el registro fotográfico de una serie de acciones que hice, pegué cabezas de papel en la calle y las fui marcando en un mapa, y éstas marcas forman un autorretrato mío a partir de los rostros de los que son invisibles”.
Este diálogo con el espacio implica la integración del artista al mismo, para constituirse en una de sus partes.
La pieza central realizada en bronce y que nombró Invitación, es justo una convocatoria a “luchar, a interesarse, a conocer esa parte de nuestra historia chichimeca que nos pertenece a todos por igual”.
La Gran Chichimeca, intervención realizada en la Fuente de los Conquistadores, y Chichimeca, exposición que le da continuidad, forman parte del interés en dos temas que surgieron como inquietudes de Fernando Candber al mismo tiempo.
“Preguntarme cómo hacer comunidad, cómo fortalecer vínculos sociales, y al mismo tiempo descubrir nuestra historia chichimeca -que ha estado- como muy olvidada”.
“Esto me abrió puertas a empezar a trabajar y a hacer estas piezas”, desde las que replantea el tema de la identidad zacatecana “que también me percaté, estaba poco clara en la gente que conozco”.
La exposición no es histórica pero sí tiene a la historia como línea central en tanto que detrás hubo una investigación sobre esa vena indígena que en Zacatecas ha sido prácticamente borrada, soslayada.

“Esta parte chichimeca que tiene Zacatecas, que a mí me parece muy interesante y a partir de ahí se generó un replanteamiento de qué somos como zacatecanos, de tratar de hacer más evidentes nuestras costumbres y a partir de allí, a lo mejor generar cosas en común”.
Es el rescate también de esta vena para proponerlo como un motivo de orgullo y equilibrio histórico, un contraste entre los discursos colonial e indígena.
“Existe algo disparejo en esta parte histórica como zacatecanos” y es pertinente dijo, recuperarla porque hay mucha gente que no la conoce.
También sobre “la identidad” en que se ha ubicado al zacatecano Fernando Canber critica la etiqueta de ser un pueblo “flojo, a pesar de los años de explotación de gente que trabaja durísimo” y se sacrifica incluso emigrando para seguir trabajando intensamente en otro país.
“A pesar de todo eso nos inculcaron la idea de que somos flojos y es algo rarísimo para mí que la misma gente de aquí de Zacatecas lo diga, cuando yo veo que al menos en mi entorno todo el mundo se está partiendo la madre duro en contra de la inseguridad, de la pobreza, de todo”.
Cita del Inegi sus datos de que los zacatecanos se encuentran arriba del nivel promedio en horas dedicadas al trabajo en México, “y México es el país en que más trabaja en el mundo”.
Para Candber esta idea, esta etiqueta, tiene que ver con una fragmentación de la sociedad que tiene su origen en la época de la Colonia, “que se viene cargando” y se suma a otros sucesos traumáticos para Zacatecas, como la Toma de 1914.
“Yo creo que no nos hemos podido recuperar” de estos sismas históricos, y la historia reflexiona, “son cosas que no se pueden cambiar y que tenemos todos en común”, pero pueden recuperarse de ellas “un poco de orgullo” como le ha sucedido a él mismo a partir de conocer la historia chichimeca-zacateca, “entonces me siento más parte de”.
“A mí me gustaría que todos nos viéramos un poco mas parte de nosotros, hablar de nosotros, darse cuenta de que lo que le afecta a uno nos afecta a todos”.
Parte de sus hallazgos provienen de la lectura de un clásico del tema La Guerra Chichimeca (1550-1600), de Phillipe Wayne Powell, editado por el Fondo de Cultura Económica. Desde ahí trajo al presente a caudillos zacatecos de quienes imaginó sus rostros y acciones.
En Chichimeca. Identidad, espacio y memoria fungió como curadora Citlali Córdova, doctorada en Investigación Artística en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, quien comentó que conoce la obra de Candber desde hace mucho tiempo ya que han trabajado juntos en otros proyectos y en otros momentos de su carrera.

Su búsqueda fue hilar el discurso de La Gran Chichimeca, “esta pieza tan emblemática, con la obra nueva que venía haciendo Fernando”.
“Entonces, un poco el trabajo curatorial es ayudar a contar esa historia. De por sí las piezas hablan por sí mismas porque tienen una idea, han sido parte de un proceso muy pausado y reflexivo. Mi función fue trenzar todos esos intereses para plantear un discurso expositivo”.
Un trabajo que se hizo desde la colocación de las piezas en el Museo Zacatecano, un espacio “muy significativo tanto para el artista como para la idea del discurso curatorial, porque finalmente habla de las representaciones del imaginario que nos vamos construyendo”.
Fernando Candber dijo, es un artista que no se encierra en una galería o un espacio expositivo sino que su obra se propone siempre desde el entorno de la ciudad.
“Encuentro que tiene un interés muy genuino en el espacio y que es un enamorado de la ciudad de Zacatecas, pero que es capaz también de criticarla, de ver aquellos elementos más normativos y criticar la representación excesivamente hispánica” de la misma.
El otro tema transversal es la búsqueda de la identidad, que surge por ejemplo al plantearse la construcción de un autorretrato “dentro de los espacios que él recorre”, que es más que un dibujo, “un espacio vivido”.
Mientras que la instalación de 22 personajes muy distintos, que pueblan Zacatecas, y entre los que se encuentran rostros afroamericanos, indígenas, de mujeres o figuras andróginas, exponen su intención de “desplegar dentro de los retratos otras posibilidades de lo identitario”.
“Me parece que esa es una de las reflexiones más importantes de Fernando, el hablar de la comunidad, de la construcción de algo en común pero desde nuestra diferencia, resaltando nuestra individualidad”.

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