La continuación del canto: Gaspar Aguilera Díaz

La continuación del canto: Gaspar Aguilera Díaz
Gaspar Aguilera Díaz. Fotografía de Carlos Villaseñor

La Gualdra 322 / Entrevistas / Poesía

 

Gaspar Aguilera (Parral, Chihuahua, 1947) es un escritor michoacano nacido en Chihuahua y esta entrevista es ante todo un homenaje a sus 70 años cumplidos. Él ha fungido como puente generacional entre escritores de distintas edades, y ha promovido infinidad de talleres literarios en espacios culturales y académicos. Por distintos períodos y en lugares diversos ha coordinado el taller literario Carlos Eduardo Turón, como reconocimiento a ese poeta uruapense que en los 70 fue un ícono de la literatura michoacana y conector con escritores como José Revueltas y Abigael Bohórquez.

Gaspar Aguilera Díaz. Foto del Registro Nacional de Escritores

Gaspar Aguilera Díaz. Foto del Registro Nacional de Escritores

 

Armando Salgado: La academia propone estilos según el profesor y sus influencias, o según el enfoque de la institución. Una persona de carne y hueso que apenas se acerca la creación literaria, ¿qué cosas necesita saber, qué debe considerar a la hora de leer y escribir?

Gaspar Aguilera Díaz: La lectura de los buenos libros es como una conversación con los hombres más ilustres de otros siglos que fueron sus autores, decía Descartes y respecto al hábito de la lectura cabe recordar también las sabias palabras de Jorge Luis Borges, que se ufanaba más que de los libros escritos, de los libros que había leído. Ahora bien, en cuanto al acto de la escritura, básicamente se requiere asumir con la mayor humildad y al mismo tiempo con el mayor compromiso, la consciencia de que es un oficio que debe realizarse con gran rigurosidad y disciplina, como una intensa pasión tan vital como la respiración misma.

Gaspar Aguilera Díaz y Armando Salgado

Gaspar Aguilera Díaz y Armando Salgado

 

AS: La poesía va modificando sus conceptos de escritura, los cuales no dejan de ser sumativos y sobre todo, subjetivos. Aun así, ¿cree en alguna definición de poesía?, ¿por qué usted decidió escribir poesía?, ¿hay fórmulas para escribirla?, ¿qué libros podrían hablarnos sobre el hecho de escribir?

GAD: Sí, creo en una definición: La poesía es la búsqueda incesante de las respuestas sobre el amor, la muerte, la existencia, la palabra y el deseo, pues creo firmemente en la poesía de la inteligencia, el hueso y de la carne, como alguna vez lo señaló Jaime Sabines.

Decidí escribir poesía, porque es adentrarse en ese mundo más real que el que nos ha tocado padecer; en una realidad signada por el individualismo y la manipulación verbal y mediática que trata de darle a las palabras y a los hechos otro significado diferente del que en realidad poseen, enfrentarse a la imagen poética es, de nuevo, reconciliarnos —en soledad— con el mundo y sus señales de sobrevivencia; es una manera sabia de correspondencias generosas y fértiles ante la necesidad de explicarme todos y cada uno de los misterios que rodean el alma.

No hay esquemas ni recetas para escribir poesía y pienso que el poema cumple su misión cuando logra crear una imagen que estremece el corazón y la memoria del lector; ejemplo de esta poesía es la que han escrito autores como Jaime Sabines, José Emilio Pacheco, Fernando Pessoa, Constantino Cavafis, César Vallejo, Antonio Gamoneda, Eduardo Lizalde, Carlos Eduardo Turón, entre otros.

Un par de los libros que podrían hablar de manera objetiva sobre estas distintas polaridades son: “La poética”, de Aristóteles, o bien “Las 7 noches” de Jorge Luis Borges.

 

AS: ¿Qué elementos considera necesarios cuando se escribe y para darle voltaje a la obra ante los nuevos tiempos donde prevalece la inmediatez?

GAD: Considero simplemente que es necesario ser congruente y honesto al hablar de las vivencias comunes a todos los seres humanos, independientemente del lugar donde se escriba, la formación académica o el estado de ánimo, o si se navega con la bandera de las vanguardias; porque ninguno de estos elementos garantiza la trascendencia de la obra literaria.

 

AS: Es conocida la amistad que mantiene con grandes literatos, y particularmente destaca su labor en la coordinación de talleres literarios. Nombres como el de Donoso Pareja y David Ojeda fueron cercanos a su persona. ¿Cree que los talleres literarios siguen teniendo vigencia en una era virtual?

GAD: Los antecedentes que se deben conocer son la historia y el contexto cultural de la literatura del país en que se escribe. Los nombres de Donoso Pareja y David Ojeda son muy significativos, porque su labor literaria ha sido referente clave en mi formación, al igual que para muchos de los escritores de mi generación, es decir de los nacidos en las décadas de los 40´s y 50´s. Además de todo, fueron mis entrañables amigos.

Creo que la vigencia de los talleres literarios radica en que pueden formar parte de una etapa esencial en la formación del escritor, por las posibilidades que ofrece de la necesaria crítica colectiva y del acercamiento a elementos básicos de la teoría y la crítica literarias.

AS: Entre sus múltiples anécdotas, hay alguna en especial que deberíamos conocer los lectores de La Gualdra?

GAD: Por supuesto, considero que fui muy afortunado, ya que gracias al trabajo de promoción cultural y a los talleres literarios, tuve la suerte de conocer e invitar a que dieran conferencias o lecturas en la ciudad de Morelia para nuestro taller literario de la Universidad Michoacana “Pireni” a autores significativos como: José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, José Revueltas, Marco Antonio Campos, Juan Bañuelos, Oscar Oliva, Octavio Paz, Elena Poniatowska, René Avilés Favila, José de Jesús Sampedro, Gerardo Sampedro, Álvaro Mutis, Vicente Quirarte, David Ojeda, Miguel Donoso Pareja, Lucía Rivadeneyra entre otros.

Por otra parte en 1981 tuve la oportunidad de escuchar y conocer personalmente a Julio Cortázar en el Centro de Estudios Lingüísticos de la Universidad Veracruzana que en ese tiempo dirigía Jorge Ruffinelli y quedé maravillado con la sencillez y generosidad del Cronopio argentino porque de ese encuentro surgió una cercanía epistolar que jamás me hubiera imaginado, incluso en un viaje que hice a París con Aída Gambeta a finales de ese año, le llevé a su casa en la Calle Martel No. 4, unas artesanías michoacanas y un ejemplar del libro: “El lector activo y la comunicación en Rayuela” de la Dra. María Teresa Perdomo, que desde luego, Cortázar ya conocía en su versión mecanuscrita, mismo que me tocó publicar cuando estuve a cargo del Departamento de Ediciones de la propia UMSNH. Sin embargo, no tuve suerte de encontrarlo porque se encontraba de viaje con su esposa por el sur de Francia.

Tiempo después me escribió una carta agradeciéndome los presentes y el libro, prometiendo venir a la Universidad Michoacana a impartir algunas conferencias y lecturas, desafortunadamente —como sabemos— falleció al año siguiente y en la última carta que también conservo, solamente me agradecía haberle enviando mis condolencias por la muerte de su compañera Carol Dunlop. Como un modesto reconocimiento a su subvertidora y basta obra, publiqué recientemente “Julio Cortázar: El lenguaje lúdico y la imaginación críticaen la editorial La Zonámbula que dirige el poeta Jorge Orendáin en Guadalajara, Jalisco.

 

AS: Con motivo de sus 70 años, y el cúmulo de experiencia a partir de su labor cultural, ha provocado distintos puentes generacionales en la vida literaria de Michoacán; ¿qué elementos se deben enfatizar para continuar con estas actividades, con estas tareas que son fundamentales para la sociedad?

GAD: Creo que la intercomunicación y el diálogo así como el intercambio de obras entre los distintos grupos generacionales, fomento y multiplicación de talleres de crítica y teoría literaria, difusión y promoción de la literatura local, nacional e internacional son algunos de los elementos que nos permiten enfatizar en las tareas que realmente retroalimentan a la sociedad.

 

 

 

Gaspar Aguilera Díaz (Hidalgo del Parral, Chihuahua, 20 de octubre de 1947). Egresado de la Licenciatura en Derecho y Ciencias Sociales en la UMSNH; fue profesor de literatura mexicana y latinoamericana durante 16 años, así como director del Departamento Editorial y de Difusión Cultural de la misma institución. Ejerce el periodismo cultural desde 1978 en publicaciones del país y del extranjero; algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, al polaco, ruso, checo, inglés, alemán y publicados en diversas antologías dentro y fuera de México. De 1992 a 1994 impartió cursos de Literatura Mexicana y Latinoamericana, así como de cultura contemporánea en el Instituto de Romanística de la Universidad de Salzburgo, Austria y en 1994 fue integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Ha dado cursos y conferencias en Universidades e institutos de Cultura de varios estados de México y en las Universidades de La Habana, Cuba, Carolina de Praga, Instituto de Romanística e Instituto Afroasiático de Salzburgo, La Sebastiana, Casa de Pablo Neruda en Valparaíso, Chile, la Casa de Michoacán en Chicago, Illinois, y en la Universidad de California de los Ángeles, EEUU.

 

 

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