2018

2018

Quizá por el pronto agotamiento del sexenio, luego de las importantes reformas logradas al inicio del mismo, por los escándalos e incluso por la muy difícil puesta en marcha de las transformaciones institucionales, económicas y sociales que prometieron aquéllas, hemos antecedido el 2018 durante un largo tiempo. Al igual que en el sexenio de Fox, que empezó cuándo decidió que su gobierno sería marcado, en términos políticos, por su empecinada confrontación con Andrés Manuel López Obrador, la sucesión presidencial ha sido tarea permanente del análisis en nuestra vida pública los últimos tres años cuando menos. Antes de cerrar el año que recién culminó, nuestras expresiones políticas definieron su oferta presidencial. No parece el mejor de los escenarios para ninguna ideología. Es más, podremos coincidir en que pareciera “el fin de la historia” para las definiciones políticas más allá del centro. Los tres candidatos presentados por los partidos políticos se han colado al centro del espectro electoral.

El 2018 llegó con tanta anticipación que llegamos al proceso de sucesión presidencial, agotados en la confrontación. No será un año sencillo, si al tiempo retornamos a lo sucedido en 2017: Trump, desastres naturales, económicos y la creciente desconfianza de la ciudadanía en las instituciones. Hay un reto mayor para nuestra democracia, de por sí, superada en las expectativas, frente a sus posibilidades. En el 2018 habremos de acudir a las urnas con un sistema agotado en sus costumbres y formas, pero sin fórmulas de sustitución acertadas ni claras. Hay que decir que ninguna de las opciones que hasta el momento han aparecido, gozan de la creatividad, ni de la credibilidad, para darle un giro a la situación actual que vive la vida pública, frente a la demanda desesperada y urgen de la ciudadanía, por un cambio profundo. Aquí surge el peligro de la demagogia (más comúnmente llamada populismo), que se ha advertido ya en otros países: quiénes sin dejar de ser parte del mismo sistema, pretenden ser externos a él, causándole un daño no a los vicios, sino generalmente a las virtudes y fortalezas del mismo. La demagogia no soluciona los problemas, engaña, decepciona y desarticula las instituciones creadas para el sano equilibrio del poder. Hoy en México no solo se trata de una opción, cuando menos hay dos que parecen apuntar hacia esa dirección. Aunque también hay que decirlo la continuidad se antoja alarmante. Nos urge un cambio con responsabilidad.
En el 2018 también tendremos frente a nosotros los retos institucionales de hacer funcionar y valer, a todo el entramado constitucional que nos hemos otorgado para la rendición de cuentas. Los retos para el Sistema Nacional Anticorrupción, pasarán por las denuncias y quejas que la elección traerá, y que, a su vez, nuestro sistema electoral, deberá solucionar con plena autonomía, logrando también con ello que la rendición de cuentas en materia electoral tenga lugar. Qué decir de la accountability vertical: los mexicanos tendremos la oportunidad de premiar, castigar o hacer observaciones y ser escuchados a través del instrumento idóneo para tal ejercicio: el voto.
En conclusión: el 2018 será una extraordinaria oportunidad para ejercer nuestra ciudadanía y democracia en pleno. No la desaprovechemos.

@CarlosETorres_
www.deliberemos.blogspot.mx

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