Jugando a la defensiva

Jugando  a la defensiva

Nadie puede regatearle a Enrique Peña Nieto que supo aprovechar, y a veces generar, las condiciones políticas que le permitieron convertir en realidad “los sueños más salvajes” de la clase gobernante en los últimos 30 años.

La cooptación de la oposición a través del Pacto por México, hizo posible que se convirtieran en leyes esas grandes reformas que le ganó el aplauso de los intereses trasnacionales y la portada de revista argumentando que estaba “Saving México”.

Con el aval del Partido Acción Nacional se aprobó la Reforma Energética que tanto habían deseado confesamente los últimos presidentes, algunos de los cuales ni siquiera habían intentado impulsar, temerosos de ese gran sentimiento nacionalista de los mexicanos que crecieron con los libros de historia que daban cuenta de la hazaña del general Lázaro Cárdenas para expropiar el petróleo de las manos extranjeras por el bien de la nación.

El Partido de la Revolución Democrática, pudoroso, se mantuvo en la supuesta lucha por tratar de impedirlo aunque sin muchas ganas notorias. En cambio, fue el fiel de la balanza que permitió aprobar la reforma hacendaria que generaba disgusto en Acción Nacional.

Para la reforma laboral, bastó el desgaste de los sindicatos reales, y las prebendas para los líderes de los sindicatos charros, de tal suerte que no hubo forma de frenar esa ley, que ablandó la protección a los trabajadores.

En la educativa quizá es donde más resistencia encontraron, pues si bien el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación aceptó con sumisión la medida luego de que su líder máxima pisara la cárcel, la disidencia magisterial mantuvo la lucha con ferocidad hasta lograr resquebrajar algunos puntos importantes de la reforma, aunque con otros, como es natural en política, no se ha podido.

Mientras todo esto sucedía, el Partido del Trabajo, y Movimiento Ciudadano pelearon por su sobrevivencia. En tanto, los sectores de apoyo social al proyecto que encabeza Andrés Manuel López Obrador se aglutinaban y organizaban en la creación del Movimiento Regeneración Nacional que hoy no sólo logró convertirse en partido político nacional, sino además ser competitivo, y estar sujeto a ese liderazgo sin la necesidad de conceder ante el llamado grupo de los “Chuchos” que tan caro había salido en las dos elecciones anteriores.

Luego de darlo por muerto y acabado, y de mandarlo a “La Chingada”, López Obrador llega a su tercera elección con un amplio margen de ventaja en las encuestas. Según algunos, como nunca antes había tenido; según otros, como había tenido solamente en la elección de 2006, cuyos resultados pasaron a la historia con la sospecha de fraude electoral.

Ante ese escenario, se advierte la creación en los hechos de lo que podría llamarse el TUCAM (Todos Unidos contra Andrés Manuel) pues las embestidas electorales tanto del candidato priista como las del panista se dirigen hacia el mismo blanco, el puntero.

Pero el sexenio no ha terminado, y pase en lo que pase en el 2018 aún hay tiempo para colocar en la estructura institucional las medidas que aten las manos del sucesor de Enrique Peña Nieto, en caso de que la silla presidencial termine a manos de alguien que no comparta la directriz que se ha seguido en las últimas décadas.

Es en ese contexto que se aprobó la Ley de Seguridad Interior, pese a la opinión contraria de más de 240 organizaciones agrupadas bajo el término Seguridad Sin Guerra, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 25 comisiones locales, e incluso contra el llamado de la Organización de Naciones Unidas.

Tanta urgencia por aprobar una medida antipopular, en la decadencia de un sexenio ha sido leída como la confesión de que esperan tener que usar lo que esta ley permite a la brevedad, es decir, en el periodo pre y post electoral. Así parecen además confirmarlo los analistas que sostienen que su evidente inconstitucionalidad, hará que pronto dicha ley caiga, sirviendo solamente en el periodo en el que se espera pueda haber agitación social.

A todo esto, López Obrador responde aduciendo que confía en que la tropa militar no se prestará a reprimir al pueblo, en un claro ejemplo por no enemistarse con las bases de ese sector.

Contrario a la costumbre de cuidar la opinión pública en época pre-electoral, podríamos ver en los próximos meses la aprobación de más acciones impopulares, ya sea legislativas o de otro tipo. Todo dependerá de qué tan cerca vean el cambio de rumbo de este país. Entonces la apuesta sube, y seguirá subiendo. ■

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