‘La Libertad del Diablo’, de Everardo González

‘La Libertad del Diablo’, de Everardo González

La Gualdra 317 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

 

Las personas aparecen 72 minutos enmascaradas. Las máscaras muestran sus costuras en las uniones de las quijadas, en el contorno de ojos, labios y nariz, y enmarcan la circunferencia de la cabeza. Decimos 72 y no 74, que es el tiempo total del documental, porque al final sólo una de ellas osa quitársela y mostrar su rostro ante la cámara de Everardo González en su más reciente documental, La Libertad del Diablo.

Estas costuras son claramente una metáfora de las cicatrices todavía evidentes en los cuerpos y espíritus de todos estos testimonios vivos ligados, ya sea por el lado de las víctimas o victimarios, al narcotráfico. Además, las máscaras alinean a las personas, les conceden por un momento ser amorfos y ser humanos detrás de un pedazo de tela; pero sólo un momento porque inmediatamente es imposible no separarlos. Además, las máscaras dejan sólo visible las “ventanas del alma”, ojos y boca; las lágrimas terminan por deformar la tela y los parpadeos denotan el dolor, mientras que los labios y las lenguas recuerdan el rencor e indiferencia de unos y otros.

González y Daniela Rea (coinvestigadora) se dieron a la tarea de recolectar testimonios de personas que son familiares de víctimas directas o fueron víctimas de secuestros y torturas, de buscadores de desaparecidos y actuales activistas, o bien que son los propios perpetradores de la violencia. González y Rea se encerraron con ellos, les pusieron estas máscaras y los dejaron hablar y contar sus historias de vida. No hay más voces que ellas y ocasionalmente la pregunta detrás de cámara lanzada por el propio González para insistir en alguna narración. Los únicos momentos de aire son los insertos del exterior de las casas, en el campo o en la carretera, sin gente -la que hay tiene también máscaras-, en día grises, nublados y lluviosos que sólo hacen acentuar lo deshumanizado del espacio.

Los perpetradores de la violencia se convierten en la voz y en la sombra transversal de las historias y de la empatía del espectador con las víctimas. González (Los ladrones viejos, 2007) quiso tan solo documentar el estado de shock del mexicano actual, de ése que vive en el siglo XXI en México.

La Libertad del Diablo tuvo su premier mundial en el Festival de Cine de Berlín (Berlinale) 2017 en donde obtuvo el premio Amnistía Internacional, en seguida se llevó el Premio Mezcal del Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2017 y ha estado nominado y proyectado en otros tantos festivales, incluyendo el Festival Viva México de París. Desde que se exhibió en Berlín, el público y la prensa se hicieron eco de la cantidad de gente que abandonó la sala a causa de la crudeza de las historias (no se le puede acusar de violencia gratuita ni pornografía visual), pero en México no se puede -o debe- esconder la evidencia, se debe tomar conciencia de ella.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_20gualdra-317

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