Modelo para armar Claroscuros de la Universidad en tres tiempos

Modelo para armar Claroscuros de la Universidad en tres tiempos

1. Era agosto de 1995 cuando empecé a trabajar en la Universidad Autónoma de Zacatecas, cubría una suplencia de un profesor de la entonces Facultad de Psicología para que se titulara de licenciatura, pocos años después vinieron elecciones en dicho plantel y, el profesor que cubría, me conminó a que votara por el candidato de su grupo político, como yo había sido evaluado creía que estaba ahí por mérito propio y que no debía ningún favor político a nadie, en una ocasión me amenazó sutilmente: “eres libre de hacer lo que consideres, pero no olvides que todo tiene consecuencias”. Como no voté por su candidato ni por el que tenía más posibilidades de ganar sino por una maestra que consideré, en ese entonces, que era la mejor opción para la Facultad de Psicología quedé fuera, el grupúsculo al que pertenecía el maestro que suplí, al no tener más de cinco votos, considerando que el mío fue adverso, “me castigaron” –según el dictamen de uno de sus líderes, como era profesor de asignatura, solicitaron las clases que podría impartir, y así quedé fuera. Esa fue mi primera lección de política realmente existente en la UAZ: “no importa tu desempeño académico sino tu posición política en el ajedrez universitario”. Lección dura y pura, estuvo llena de aprendizajes y peripecias, del desempleo al auto-empleo, pasando por la gestión social y talleres de literatura en el CERESO, hice un poco de todo, hasta que 1999 regresé otra vez a la UAZ. Tuvieron que pasar más de diez años para que pudiera obtener un trabajo de base, mientras que otras personas antes de dos años ya tenían todo. Ahora, recapitulando las cosas tomo esa lección de forma afirmativa y enriquecedora, pues al no pertenecer a ningún grupo político ni deber favores políticos a nadie, tengo la absoluta libertad –y claro está la entera responsabilidad– de decir y hacer lo que considere pertinente o éticamente defendible. Mi actitud ético-política es simple (no creo que se pueda separar la ética de la política, pues todo sujeto siempre es social): intentar ser coherente entre el decir, hacer y pensar en las diversas circunstancias y situaciones vitales cotidianas.

2. Siempre soñé con ser profesor y escritor; ambas cosas he logrado. A decir verdad, con frutos mucho más generosos de los que pude alguna vez imaginar. La enseñanza y la escritura han sido para mí dos formas esenciales del contagio del pathos de la tentación trágica de existir como problema fundamental. Ha habido muchos grupos y estudiantes que han sido verdaderamente significativos en mi formación como profesor; ser profesor es ponerse a prueba, más allá del ridículo y más acá de la entrega al encuentro con el aprendizaje del otro; sin embargo, entre muchos grupos, destaca la Generación 1997-2002 del área de psicología social del Campus Fresnillo de la UAZ. Fue una generación especial para mí, les di clases durante tres años seguidos impartiendo diversos seminarios. Lo interesante fue que sin dejar de cubrir los contenidos básicos de cada curso, me fijé una meta: compartir mis ideas de teoría social y política radicales como un espacio dialógico de formación continua. Así que todo lo que leía lo discutía con los estudiantes desde el campo de la psicología social, buscando atender y entender un enfoque de psicología social construccionista crítica según el anarquismo social de Tomás Ibáñez y la subjetivación creacionista de Félix Guattari. Obra que me impactaba en ese entonces era discutida en sesiones que duraban desde la tarde hasta la noche, pues había horario de entrada más no de salida. Ese grupo me marcó como sujeto de enseñanza, me exigían cada vez más y me cuestionaban con argumentos y lecturas. Bajo las obras intempestivas de Ibáñez, Guattari-Deleuze, Alain Touraine, Walter Benjamin y la Teoría Crítica, Cornelius Castoriadis y los imaginarios subversivos, entre otros, el grupo implementó varias estrategias de intervención social comunitaria lejos de fines salvíficos y sobre todo centrándose en la autocreación de subjetividad e intersubjetividad. Los resultados fueron espléndidos: todos aprendimos mucho, y como algunos proyectos resultaron realmente novedosos fueron cooptados por las instituciones oficiales y terminaron en las fauces de la burocracia. Me queda la experiencia del gis y de los muros, pues en ese edificio de la antigua preparatoria de Fresnillo, recargase en el muro era llevarse –literalmente parte del muro adherido a la ropa, pero sobre todo– la experiencia del diálogo vivo con gente viva y pensante que hacían del pensamiento crítico una fiesta en todos los sentidos. Esa fue mi segunda lección de micro-política en la UAZ: “es posible generar dispositivos de crítica social en los márgenes de las instituciones y en espacios universitarios marginales y marginados”, tal y como era el caso entonces del área social de psicología en el Campus Fresnillo, donde ir a dar clases se tomaba como castigo.

3. Poco después de las 21 horas del martes 7 de octubre del 2017 se informa en las redes sociales en Zacatecas el resultado final del plebiscito a Huelga por parte de los profesores de la UAZ. Los comentarios circulan como si se tratara de una reñida carrera de caballos. Sí a la Huelga: 878. No a la Huelga: 889. En muchos grupos de WhatsApp y otras aplicaciones se festeja el resultado del “No a la Huelga” como “un auténtico triunfo”; olvidando el sentido histórico y político del derecho a huelga que ha ganado la clase social trabajadora en la modernidad capitalista con sangre y esfuerzo. E incluso el rector Antonio Guzmán Fernández, para sorpresa de muchos, tal vez incluso de sí mismo, emite en la misma noche del martes, el boletín 478/2017 con el encabezado “El no ir a la huelga refleja la preocupación de la comunidad universitaria por la crisis estructural de la UAZ”, luego conmina a un debate responsable a todos los universitarios para encontrar soluciones a la crisis de la universidad. Pese a que funcionarios y directores coaccionaron a profesores para que votaran “No a la Huelga” el resultado es complejo y nos deja ver que casi la mitad de la población docente universitaria no está complacida con la forma en que se están conduciendo la máxima casa de estudios de Zacatecas. Resulta preocupante que muchos profesores universitarios, quienes deberían ser, la voz cantante y sonante del pensamiento social crítico, asuman cómodamente “la servidumbre voluntaria”, y estén más preocupados por las ofertas del próximo “Buen Fin” que de su misma condición asalariada cada vez más precaria. El capitalismo emocional está terminando por colonizar nuestras subjetividades, intimidades e intersubjetividades. Ya el viejo amigo de Montaigne, Étienne De La Boétie, se preguntaba en 1576, por qué los hombres preferían la esclavitud en vez de la libertad y la autonomía. Y Rosa Luxemburgo se sorprendía del conformismo imperante en las masas obreras en lugar del activismo revolucionario. “El micro-fascismo” ha sido inoculado en el corazón secreto de la vida cotidiana, no va a ser fácil extirparlo. La tarea –nada fácil– es poder desplegar en la vida cotidiana universitaria contra-dispositivos hegemónicos, desaprender activa y creativamente “la servidumbre voluntaria”. No sin razón se ha dicho que “lo mejor y lo peor está en nuestra universidad”, es tiempo ya que los profesores de a pie seamos conscientes y conformemos un poder constituyente desde abajo y horizontal. Exigir mayor subsidio a la universidad no está reñido, no necesariamente, con exigir cuentas a los funcionarios que (mal)dirigen la UAZ; no se trata de buscar culpables pero no todos tenemos la misma responsabilidad, aunque si tenemos la obligación de participar pro-activamente en el destino de la universidad que queremos. Y esta es la tercera lección de política universitaria: “la indeterminación en el campo socio-político abre un espacio intersticial para la autocreación y el devenir revolucionario”.

Las tres lecciones anteriores me dan (pues es la UAZ tal y como yo la imagino), nos dan, elementos para armar un rompecabezas complejo de la presente situación en la Universidad, la cual reproduce el orden establecido hegemónico del país y del estado de Zacatecas (no hay por qué quejarse por el triunfo del PRI en las elecciones estatales y federales si asumimos una posición conformista en la UAZ), pero también nos muestran cómo en la Universidad se gestan, cotidianamente, formas de autonomía, autocreación y prácticas de libertad en los diversos espacios instituidos e instituyentes, que a fin de cuentas, nos expresan parte de la dinámica de una institución viva y activa, compleja y contradictoria, como la UAZ. La fortaleza de una institución universitaria reside en potenciar dinámicas complejas de retroalimentación e interacción donde cada uno de sus actores –sin exclusión alguna–sean agentes de cambio social. ■

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