Donde menos se espera salta la lectura

Donde menos se espera salta la lectura

El calor agobiante de Guamúchil no fue impedimento para aventurarme, en compañía de mi amigo Ramón Perea, a cruzar el pequeño parque de la comunidad. La estatua de Pedro Infante soportaba los rayos inclementes propios de las dos y media de la tarde. Algunas personas erigían un altar en honor de actor y cantante al interior del kiosko. Ramón me hablaba de las artesanías que encontraríamos en el mercado. Resaltaba en particular los huaraches propios de la región. De esta manera ingresamos por un pasillo donde se ofrecían cinturones y llaveros elaborados de piel de res, acompañados de infinidad de mercancía china.

Nos detuvimos un momento para observar cómo un joven elaboraba pequeñas correas para los huaraches. Ramón me explicó que ese tipo de calzado, en lo que refiere al corte, no es común hacia el sur. También preguntó al joven de dónde había aprendido el artesanal oficio, “De mi abuelo”, respondió. Con confianza y amabilidad nos mostró algunos modelos. Continuamos caminando hasta el final del pasillo para desembocar en un negocio de sombreros de Panamá. Dentro del local, de tamaño mediano para el grueso de establecimientos, un hombre de aproximadamente cuarenta y ocho años dormía plácidamente en una hamaca.

También estaba un señor mayor. Quizá de unas siete décadas de edad. Ramón preguntó cuál era el sombrero típico de la región y si el sombrero estilo Panamá lo fabricaban ellos. Mostró un ejemplar del primero y ubicó a Guanajuato como origen de los segundos. Mi atención se desvió de la entrevista. Unos letreros escritos a mano anunciaban diversas reuniones. Supuse que serían en el mismo local: “Reunión Grupo de Científicos, Lunes y Miércoles de 10 a 11 a.m”, los otros grupos, en sus respectivos horarios, eran los de Teólogos, Filósofos, Políticos y Sabios.

Al fondo del comercio se encontraba una mesa cubierta con un mantel de vinil. No obstante, se alcanzaba a ver un letrero y uno más “Leer para saber”. Solicité autorización para develar lo que se anunciaba como un tesoro (la conversación de Ramón y don Eliseo –nombre del señor mayor- ya había concluido). La mesa guardaba su tesoro: La biblioteca de Alejandría, colección de libros que son comentados en cada sesión grupal. Ahí estaban desde la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras hasta libros de Derecho Mercantil. El universo de la sabiduría al alcance de una lectura.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-315_71cm

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ