Prevención de la Violencia de Género

Prevención de la Violencia de Género

La violencia de género es un fenómeno que afecta diariamente a miles de mexicanas: el 66.1% de las mujeres han enfrentado, alguna vez en su vida, un incidente de violencia por parte de cualquier agresor. Esto es, 40 millones han sido víctimas ya sea de violencia física, emocional, sexual, económica, patrimonial; familiar, escolar, laboral, comunitaria, institucional o feminicida.

En Zacatecas, según los datos del INEGI, el 59% de las mujeres ha sufrido violencia, es decir, aproximadamente 470 mil zacatecanas han experimentado alguna agresión, mayoritariamente en el ámbito familiar o doméstico; lo cual refleja un sistema social sumamente desigual.

Una sociedad que educa en la diferencia jerarquizada entre personas, que naturaliza y normaliza tratos desiguales y discriminatorios contra las mujeres, que fomenta, tolera y mantiene una cultura machista y misógina, siempre tendrá como consecuencia actos violentos contra las mismas en escalada.

Una de las preocupaciones centrales de los movimientos feministas es erradicar la violencia de género; porque ésta -de manera general- implica ubicar al cuerpo femenino como un sitio privilegiado de la dominación masculina. Esto significa que una sociedad que supedita a las mujeres, que no les reconoce como personas capaces de gozar y ejercer todos sus derechos humanos, es tierra fértil para la comisión de las más terribles agresiones contra niñas, adolescentes, jóvenes, adultas, adultas mayores; que se agrava todavía más si son indígenas, migrantes, mujeres con discapacidad, lesbianas, trabajadoras sexuales, mujeres en situación de calle, de reclusión, etcétera.

Por ello, para poder implementar una política, programa, plan o acción que tenga como objetivo la prevención de la violencia contra las mujeres es primordial conocer el origen, causas y contexto en el que se comete la misma. Ya que, no es lo mismo intervenir en el ámbito urbano, que en el rural, mucho menos si se trata de una comunidad indígena que tiene establecido un sistema de gobierno y formas de gestión específica de sus problemáticas. Porque, quizá una acción que pudiera parecer absurda, inadmisible o irracional, como aislar a las mujeres de un entorno violento sea la manera emergente más eficaz de contener un problema de violencia de género.

En este último caso, es importante puntualizar que toda medida urgente de atención de la violencia debe de ir acompañada de acciones prevención y atención a mediano y largo plazo, que vayan a la raíz de la problemática. Lo cual conllevaría a revisar otros factores como la edad, situación o condición de la víctima, porque cada grupo requiere una intervención interseccional; esto es, conocer las dinámicas, entorno, necesidades y demandas de dicho grupo poblacional. Sólo así se puede lograr la prevención.

Dado los altos índices de violencia de género en México, la Federación, los estados y los municipios tienen la obligación implementar políticas públicas, programas y acciones de prevención de la misma, siempre poniendo en el centro los derechos humanos de las mujeres.

Según la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y su Reglamento, el Modelo de Prevención debe tomar en cuenta las siguientes acciones: 1) sensibilizar, concientizar y educar para prevenir la violencia en todos sus tipos y modalidades de violencia contra las mujeres; 2) diseñar campañas de difusión disuasivas y reeducativas integrales y especializadas; 3) detectar de forma oportuna los posibles actos o eventos de violencia contra las mujeres; 4) fomentar que los medios de comunicación promuevan el respeto a la dignidad de las mujeres y eviten el uso de lenguaje e imágenes que reproduzcan estereotipos y roles de género. Dichas acciones deben tener un enfoque intercultural e intergeneracional.

Aunado a ello, la Ley obliga a implementar este Modelo en diversos niveles: 1) Primario: acciones para evitar la violencia contra las mujeres; 2) Secundario: dar respuesta inmediata una vez que haya ocurrido la violencia contra las mujeres; y 3) Terciario: brindar atención y apoyo a largo plazo a las víctimas.

Hay que señalar que en México las políticas públicas se han centrado en el segundo nivel del Modelo de Prevención: dar respuesta inmediata una vez que ya ocurrió la violencia contra las mujeres. Por ello, contamos con centros de atención a las mujeres víctimas de violencia, centros de justicia para las mujeres, centros de atención de la violencia familiar y centros para el desarrollo de las mujeres en todo el país. Sin embargo, nos hace falta reforzar a estos mecanismos e implementar mayores acciones de primer nivel.

Ahora bien, es importante reconocer que también se han implementado diversos instrumentos para la prevención de la violencia de género; pero, es necesario seguirlos robusteciendo, ya que aunque la violencia de género tiene como origen una estructura social machista y misógina, el fenómeno es multifactorial y se reproduce y mantiene diariamente a través de distintos vehículos como el lenguaje, los prejuicios, estereotipos de género promovidos desde la familia, escuelas, comunidad, instituciones, medios de comunicación, etc. De manera tal que  las acciones a implementar también tienen que enfocarse desde diversos ámbitos y niveles de intervención.

En síntesis, para prevenir la violencia de género debe prevalecer el reconocimiento y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, en específico, el derecho a una vida libre de violencia; el reconocimiento de una sociedad organizada de manera desigual social, económica, laboral, política que comúnmente es en detrimento de las mujeres; el reconocimiento de un sistema social de control de las mujeres; y el reconocimiento de múltiples y diversas manifestaciones de las relaciones de poder entre unas y otros.

Si seguimos justificando que los tratos diferenciados, discriminatorios y violentos contra las mujeres son normales, entonces difícilmente vamos a poder atajar la problemática; encontraremos acciones inmediatas, sí, que seguramente contendrán la o las agresiones, pero no la resolverán porque no van a la raíz del fenómeno. La violencia de género contra las mujeres es muy grave, pero lo es más que la ignoremos, toleremos o fomentemos. Sin duda, es más grave que no actuemos. ■

 

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