El racismo emergente en la desigualdad extrema

El racismo emergente en la desigualdad extrema

México tiene (básicamente) tres raíces: la española, la india y la negra o afrodescendiente. Las regiones de plantación son las que conservan la raíz negra con mayor nitidez. Aunque Zacatecas no fue una zona dedicada a la plantación de caña o frutales, sí hubo presencia africana. Hay incluso pueblos llamados ‘de mulatos”. También observamos dicha presencia en la preservación de las danzas de origen negro en los cañones de Juchipila y Tlaltenango. La sociedad novohispana fue profundamente racista, había 18 castas de las múltiples combinaciones de las tres raíces arriba mencionadas. Grupos raciales que alcanzaban normas o bandos de gobierno que prohibían su contacto o su comportamiento específico con criterios raciales. Por ejemplo, un negro no podía aspirar al sacerdocio y los limitaban a ciertos giros laborales. Lo cual provocó que la sociedad colonial estuviera nítidamente segmentada y claramente jerarquizada. La movilidad vertical estaba vedada, y la horizontal también. Eran estructuras sociales de hierro.

Se supone que el discurso de la modernidad sobre la igualdad de los hombres significaba eliminar esas barreras raciales en las relaciones e interacciones sociales. Si una mujer blanca llegaba con un hombre negro al registro civil no había impedimento legal para celebrar ese matrimonio. O si los hijos de indios querían asistir a la escuela superior no hay norma que les prohibía hacerlo. Así, en el siglo 19 se creyó en la idea de que los cambios en las constituciones y las normas jurídicas iban a modificar la realidad social. Se equivocaron. Lo que ocurrió fue un desdoblamiento: la Constitución se divorció de la realidad social. Y la consecuencia fue una larga práctica de simulación. Jurídicamente éramos una república igualitaria y socialmente seguíamos siendo una sociedad de segmentos y castas. En las zonas de alta presencia indígena se observa este fenómeno con claridad. En Chiapas, por ejemplo, hasta hace unos años los indios no podían caminar por las banquetas de las principales ciudades. México se nos revela como repulsivamente racista. En Zacatecas, su burguesía macondera sigue apelando a valores de rancia nobleza. No es gratuito el nombre que eligen para sus equipos deportivos, como “real sociedad”. Circula sangre novohispana en las modernas calles del centro histórico. En las fiestas ‘exclusivas’ se escucha hablar de los sellos de sangre o de primogenitura. Delirios que son expresión de valores que continúan siendo actuales.

En el México actual, el de la desigualdad extrema, ha vuelto a salir el fantasma ‘de la raza’ del closet simbólico de la historia. La distancia que, por periodos prolongados, la desigualdad ha generado una incomprensión mutua entre estratos y sectores sociales. Los estratos (vemos con ojos de sorpresa) se les va identificando con etiquetas raciales. La distancia prolongada ha creado desconfianza y luego rechazo entre los estratos. Las manifestaciones evidentes son las expresiones de discriminación que se ven cotidianamente. La sociedad está un poco más lejos del ideal de la igualdad radical entre seres humanos. Estamos viviendo un claro desprogreso social. Cuando el color de piel se convierte en criterio para elegir el trato que se les da a las personas, estamos ante un fenómeno de idiotez social que será causa de múltiples sufrimientos personales. La Colonia está de regreso.

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ