Vivir con drogas

Vivir con drogas

El camino de la hasta ahora fallida política de drogas comenzó hace más de cuarenta años. En 1971, el entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, declaró la guerra contra las drogas. Sin embargo, por alguna razón, Nixon decidió no mencionar que esa guerra se pelearía en otros países.

A partir de entonces, la mayoría de los países siguieron la visión de Estados Unidos; criminalizar el consumo y eliminar a quien produce. Paralelamente, algunos países decidieron seguir su propio rumbo. Suiza, por ejemplo, administra dosis de heroína desde 1994. Desde 1988, en Suecia no se castiga el consumo, siempre y cuando la gente no maneje bajo el efecto de las drogas.

Para muchos la dirección que estos países tomaron fue incorrecta, pero en 2016 los resultados de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) dieron la razón a los países Europeos. Ahí, los líderes mundiales decidieron cambiar el paradigma de la política de drogas al aceptar que el uso medicinal y la descriminalización del consumo son medidas necesarias.

Los efectos de esta decisión tuvieron un impacto inmediato, especialmente en Estados Unidos. Actualmente, 29 de los 50 estados de ese país permiten el consumo medicinal y algunos recreacional de marihuana. Evidentemente, las tiendas que venden este producto necesitan proveedores. Por tal motivo, Estados Unidos se está convirtiendo gradualmente en el primer productor (legal) de marihuana. La estrategia ofrece varias ventajas. Principalmente, en lugar de destinar recursos para combatir a los antes productores ilegales de marihuana, ahora el gobierno recauda impuestos de esta industria.

Es cierto, en México y en Latinoamérica legalizar la marihuana no borraría a los narcotraficantes quienes ya se enfocan en la amapola, la cocaína y drogas sintéticas. Sin embargo, de aquí a cinco o diez años, cuando México decida que es tiempo de producir marihuana, la ventaja comparativa que tenemos hoy en día será inexistente. Así, mientras Estados Unidos culpa a los “bad hombres” de llevar drogas a su país, ellos mismos empiezan a desarrollar una de las industrias del futuro; la de las drogas ilegales.

El atraso en nuestra política de drogas se refleja en las declaraciones realizadas por el Comisionado Nacional contra las Adicciones, Manuel Mondragón y Kalb con motivo a la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2017. La encuesta estima que el consumo de drogas ilegales en México presentó un incremento de 2011 a 2017. Este hecho muestra, de acuerdo con el Comisionado, que las drogas no se pueden legalizar. El argumento del Comisionado es deficiente por dos motivos. Primero, se basa en una medición que probablemente es deficiente. Segundo, un aumento en el consumo de drogas en México evidencia la necesidad de replantear la actual política de drogas del país.

El primer punto, la probable medición deficiente, se supone dado el porcentaje tan bajo de personas que declararon haber consumido alguna droga durante toda su vida. De acuerdo con la encuesta, el 90.1% de la población entre 12 y 65 años declaró nunca haber utilizado alguna droga. Este porcentaje es de 53% en Estados Unidos. Sin embargo, de acuerdo con encuestas realizadas por el INEGI el 44% de la población de 18 años y más declaró que alrededor de sus viviendas se consume droga. Es decir, muy probablemente la medición en México subestima el consumo real. Es de esperar que estadísticamente esta cifra aumenté si se legalizan las drogas pero no necesariamente por un alza en el consumo sino porque, ante una mayor apertura en el tema, la honestidad de los encuestados podría aumentar.

El segundo punto, el aumento en las estimaciones de la encuesta como justificación para no legalizar, cae por sí mismo. El consumo de droga se incrementó cuando no se puede adquirir de manera legal. Esto quiere decir que el número de personas en contacto con narcomenudistas también aumentó. Igualmente, nos dice que una política prohibicionista no podrá hacer frente al consumo de drogas como un problema de salud pública. Al contrario, el aumento en el consumo refleja la necesidad de replantear las cosas.

Es un hecho, en México existe una demanda hacia ciertas drogas. Como pasó con el alcohol, tarde o temprano muchas de las que ahora son consideradas ilícitas pasarán a ser parte del mercado. Actualmente México tiene el potencial de convertirse en productor de opiáceos y marihuana. Legalizar la producción en estas industrias podría generar ingresos importantes y asegurar una mayor calidad disminuyendo las externalidades negativas relacionas con la salud pública. Si esperamos que estas industrias se desarrollen en otros países, nuestra entrada al mercado será mucho más difícil, poco fructífera y la hasta ahora inservible guerra contra el narco seguirá causando pérdidas innecesarias. En cualquier país, incluso en los más avanzados, será cada vez más difícil vivir sin drogas. Lo que tenemos que aprender es como poder vivir con ellas. ■

 

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