El desentendimiento ante los homicidios

El desentendimiento ante los homicidios

Raskolnikov es uno de los asesinos ficticios más conocidos en el mundo literario. Después de asesinar a las hermanas Ivanovna la culpabilidad lo invade por lo que decide confesar incluso cuando alguien más se había adjudicado el crimen. La mentalidad del personaje es perversa. En un inicio creía que era un super hombre y por tanto sus acciones no tenían ninguna consecuencia. Después de cometer el crimen, se da cuenta que la peor consecuencia es no poder vivir consigo mismo. Lo que orilló a Raskolnikov a confesar fue el reconocer que no existía en él, como en ninguna persona, un poder superior que permita terminar la vida de otra persona.

En 2012 Eduardo Loza y Eduardo Paget publicaron Los Muchachos Perdidos, una investigación sobre los niños o jóvenes sicarios en México.  En el estado de Sinaloa, narran los investigadores, encontraron una barda que gritaba el sentir de muchos menores que ingresan a las filas del crimen organizado; “Prefiero morir joven y rico, que viejo y jodido….como mi papá”.  Ioan Grillo, escritor inglés autor de El Narco, ha descrito innumerables episodios similares a este. El libro de Grillo pone en evidencia, por ejemplo, lo fácil y barato que es contratar a un sicario en México. A diferencia de Raskolnikov, estos muchachos son de carne y hueso. En un ambiente donde la brutalidad de la realidad ha superado a la ficción, personajes como Raskolnikov son novatos en el mundo de la violencia.

Es un hecho, ante condiciones económicas adversas y un creciente tráfico ilícito de armas proveniente de Estados Unidos, la forma más rápida de salir de la pobreza es probablemente uniéndote al crimen organizado. En México la movilidad social en los sectores más pobres es muy poca (así lo demuestra la encuesta de movilidad social realizada por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias). Es decir, alguien que nace pobre muy probablemente tendrá hijos que serán pobres y así sucesivamente. Ante esta situación, el crimen organizado puede presentar una oportunidad que las instituciones no brindan. Al mismo tiempo, la falta de una política de armas coherente en nuestro país facilita que aquellos que pueden ser parte del crimen organizado tengan acceso a instrumentos de trabajo.

Añadamos otro elemento. Ante el creciente número de homicidios en el país, nuestras instituciones nos tranquilizan (o eso intentan) diciéndonos que la mayoría de esos atroces actos son cometidos entre el crimen organizado. ¿Cómo debemos de reaccionar ante esta situación? La respuesta es simple; terriblemente indignados. Es cierto, muchas veces los criminales en la punta de la pirámide son seres ruines que juegan con la necesidad de las personas para utilizarlos como su ejército personal. Sin embargo,  sus soldados rasos no nacieron siendo criminales. La mayoría de las veces se trata de personas que si hubieran tenido otra oportunidad la hubieran tomado.

Cada vez que escuchamos que algún funcionario dice que el incremento en los homicidios está relacionado con el crimen organizado se está deshumanizando a una parte importante de la población. Al mismo tiempo, esos mismos funcionarios, utilizan este tipo de discursos para justificar sus pobres resultados. Su función es prevenir el delito, proteger la vida y asegurar una vida tranquila para los ciudadanos que los eligieron. El decirnos el tipo de homicidios no resuelve nada.

Finalmente, queda por resolver el porcentaje (que no es menor) de homicidios que no están relacionados con el crimen organizado. Bajo la actual lógica estos son los crímenes que cuentan y tampoco los están pudiendo contener. En una entrevista concedida la semana pasada el dirigente del ejecutivo en Zacatecas aseguró que el 11% de los homicidios no tienen que ver con el crimen organizado y que hay una zona de violencia que no tiene que ver con la inseguridad. Similarmente, en su comparecencia ante el Congreso, el Procurador del Estado hizo una clara distinción entre el “origen” de los homicidios en el Estado. De los 207 homicidios dolosos que han pasado en el estado de enero a abril 2017 (una cifra altísima), 32 no están vinculados con la delincuencia organizada. Solo como punto de referencia, durante 2016 en Dinamarca sucedieron 47 homicidios a nivel nacional. Ante tan desafiante situación el Procurador aseguró que no puede solo. Entonces ¿Cómo le hacemos?

Si las autoridades continúan escudándose en el hecho que la mayoría de los homicidios provienen del crimen organizado, entonces nuestra situación difícilmente mejorará. Se trata de un argumento que puede ser peligroso ya que de cierta manera se busca achacar la culpa a alguien más. Las autoridades estatales tienen que hacerse cargo de lo que les corresponde sin escudarse en artimañas argumentativas. Si seguimos pensando que la gravedad de los homicidios es menor o mayor dependiendo quien los cometa, estaremos condenados a que sigan aumentado. ■

 

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