La lección de la elección francesa: repensar las geometrías políticas

La lección de la elección francesa: repensar las geometrías políticas

Como efecto de la globalización, una pequeña cantidad de grandes fortunas se vieron beneficiadas con tasas de crecimiento de sus ganancias mientras las economías de las naciones crecían poco o se mantenían estancadas. Y esta relación se convirtió en espiral donde los efectos se vuelven causas: una dinámica auto-reproductiva que ha llevado al mundo a una desigualdad extrema que, a su vez, ha impactado en la precarización de grandes sectores de la población, y no sólo de países pobres, sino también de naciones poderosas. La financiarización de la economía global ha hecho estragos con las economías de los países mientras acumula 264 fortunas que son equivalentes a los ingresos de 3 mil millones de pobres planetarios.

Con esta situación, no es gratuito que emerjan movimientos en contra de la globalización económica y reivindiquen el espacio del Estado-Nación para diseñar formas para mantener mejores niveles de vida. El regresar la vista al espacio nacional significa también desenterrar los ídolos de la tribu, como razones étnico-raciales y el rechazo a la migración internacional. La derecha soberanista hace un diagnóstico de la pérdida de empleos, poder adquisitivo de los salarios y derrumbe de la seguridad social donde culpa a los migrantes: atribuyen a una de las víctimas de la causa que combaten, justo la producción de esa causa. Los migrantes son producto de las diferencias salariales que produjo el mercado globalizado de capitales que ha empobrecido a sus países y, por ello, los ha obligado a desterrase a destinos (generalmente) ubicados al norte. El diagnóstico de la derecha es falso pero políticamente efectivo: los poderes financieros no son evidentes, mientras los migrantes se ven y palpan, y con ello es más fácil ponerlos como los responsables de sus males. Esta ola soberanista pasó por Inglaterra, Estados Unidos, y ahora litiga en Francia. Pero en poco tiempo la veremos encender sus focos en Alemania y Holanda.

En Francia, Le Pen y Macron pasaron a la segunda ronda. En el camino quedó Fillon (de la derecha tradicional) y el sorprendendente Mélenchon, que fue creciendo al grado que casi empata a los punteros. Yo hubiera querido que Mélenchon se posesionara en la segunda vuelta, porque representa a una izquierda más fresca que no se deja encandilar por los dogmas neoliberales (como el caso de Macron). Pero el 7 de mayo no termina la historia, será vital observar cómo quedan las fuerzas electorales en las elecciones legislativas de junio. En ese espacio será importante que los Insumisos de Mélanchon queden como fuerza emergente. Los partidos tradicionales del socialismo francés han llamado a votar por Macron. Este último representa lo más cercano a la continuidad de Hollande, europeísta y adicto a los organismos que mantienen los controles del neoliberalismo europeo. ‘Parece’ que es el favorito para ganar las elecciones finales en mayo próximo porque los socialistas y la derecha de Fillón ya se plegaron a su candidatura, contra Le Pen. Sin embargo, falta saber de muchos acomodos en el tablero político. Y el ascenso de Le Pen puede aún dar sorpresas, a pesar de que muchos analistas le dan un tope de 8 millones de sufragios, cuando ocupa 11 millones para aspirar al triunfo de la segunda vuelta. Aun con esas previsiones debemos esperar el acomodo de un electorado que parece ser líquido y por eso, no sólo ha mandado a la bancarrota a los partidos tradicionales, sino que se revela contra las previsiones estadísticas.

Al observar el caso francés, vemos que la geometría Izquierda-derecha en una metáfora que ahora mismo tiene poco poder descriptivo de lo que ocurre en el campo político. Por ejemplo, entre Macron y Le Pen no basta poner a uno más a la derecha de otro para imaginar la diferencia entre ellos (como cabeceó La Jornada Nacional). Es un título poco exacto. Para completar la metáfora geométrica izuierda-derecha, se echó mano de otra: ‘Abajo-Arriba’. Para dar cuenta de los fenómenos así llamados ‘populistas’. Pero paraece que ahora hace falta la de ‘Dentro-Fuera’. Como un eje del debate es el soberanismo contra globalismo, se impone la necesidad de saber si es ‘una izquierda de abajo y de dentro’, como parece ser Mélanchon, o de arriba y fuera como Macron.

En el caso de México tenemos una izquierda de arriba y fuera (que se parece la antigua centro-derecha) como el PRD. O la Derecha de arriba y de fuera como el PAN: derecha tradicional y neoliberal. Como podemos intuir, aun haciendo uso de estas tres geometrías políticas, y no sólo una (izquierda-derecha) quedan las posiciones políticas ambiguas. Sin duda este repensar las metáforas geométricas para caracterizar las posturas políticas, que ha llevado de una a tres metáforas geométricas, es aún insuficiente. La experiencia del cuestionamiento a la globalidad neoliberal, ha movido los nodos respeto a los cuales las fuerzas políticas se ubican: la igualdad o la libertad, la prioridad al llamado ‘pueblo’ o las élites, la función del Estado respecto a la sociedad civil, y la apertura o protección nacional. En suma, como están avanzando los nuevos escenarios políticos actuales, debemos afinar las categorías analíticas para que podamos explicar qué está ocurriendo en el mundo y contar con un diagnóstico que se aproxime lo más posible a la realidad. ■

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