Cambio climático: los derechos humanos como movimiento (III/III)

Cambio climático: los derechos humanos como movimiento (III/III)

“La ciencia es para todos”
Marcha por la ciencia

Para terminar, retomaré el hilo, enhebrando una interpretación -a mi juicio, central, derivada de dos [mega]movimientos de protesta social en curso. El primero, éste mismo 22 de abril (día de la tierra: la marcha por la ciencia), y la del próximo 29 de abril: la Marcha popular por el clima. Ambas visibilizan, todo lo que está en juego, en la actual encrucijada, sin exagerar ni un ápice, absolutamente crítica, para el futuro de la especie humana y del planeta tierra.
Los objetivos y razones esgrimidas por los organizadores de las dos marchas mencionadas [¿las “fuerzas imaginantes” de la sociedad civil?], están dirigidas contra los representantes del “establishment” norteamericano, quienes, ahora desde el poder, intentan realizar políticamente su propia “utopía” negacionista. Ejecutando un conjunto de políticas “públicas”, que de facto pretenden “borrar” el cambio climático, alegando la supuesta incertidumbre de los resultados científicos, o bien, calificándolos como “no concluyentes”, o, juzgando que no tienen una “metodología robusta” que garantice que los mismos sean “reproducibles” por cualquier otro científico,[entre otras razones]. Lo esencial es que se trata de una serie de argumentos demostradamente infundados, que tergiversan así, los resultados de las investigaciones realizadas por las más distinguidas instituciones científicas del mundo, y por miles de investigadores climáticos que a nivel internacional, han logrado establecer un consenso altísimo (el 97% de los científicos climáticos están de acuerdo en la pertinencia y validez de las investigación climáticas).
El calentamiento global, es fuente previsible de una previsible -futura- violación grave y masiva de los derechos humanos, debido a las consecuencias catastróficas, para la humanidad en su conjunto. Sabemos -fehacientemente- que afectará a los próximos relevos generacionales (condenándolos a un no-futuro): a las mayorías sociales cuya vulnerabilidad es más alta, convirtiéndolas -ipso facto- en víctimas de los fenómenos climáticos extremos, cuyo crecimiento exponencial debido a causas inequívocamente antropogénicas, se intenta continuar negando, en un intento de ocultamiento, que es mucho más que intentar tapar el sol con un dedo.
Guerra cultural. Visiones en conflicto, ventana abierta al caos, que se pretende ocultar de forma heterónoma. El tiempo se agota. Sí actuáramos -ya- con diligencia, veloz y eficazmente, estaríamos con suerte estabilizando el clima, muy probablemente por encima del 1.5° C. La feroz campaña negacionista contra la ciencia climática, busca “ganar tiempo” menos de una década sin hacer nada es suficiente. Si los dejamos ganar, la batalla decisiva se libra ahora, no perderán únicamente quienes están luchando porque se implemente la descarbonización de la economía, sino toda la humanidad.
El relator de la ONU, en el 2012, escribía los siguiente:
“Todos los seres humanos dependen del medio ambiente en el que vivimos. Un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible es esencial para el pleno disfrute de una amplia gama de derechos humanos, entre ellos los derechos a la vida, la salud, la alimentación, el agua y el saneamiento. Sin un medio ambiente saludable, no podemos hacer realidad nuestras aspiraciones, ni siquiera vivir en un nivel acorde con unas condiciones mínimas de dignidad humana.”
Si no hacemos nada, como pretenden los “negacionistas”, o si, igualmente, nos limitamos a reproducir los acuerdos políticamente significativos (pero solo a nivel “simbólico”), realmente insuficientes e ineficaces establecidos en las Cumbres Climáticas [viene la COP 23, y nada], en una situación dominada por la lógica y el imperio del caos.
Regresión brutal: calentamiento global y derechos fundamentales, reducidos a ideología y ejercicios retóricos.
Si no logramos concretar políticas, capaces de impulsar medidas para ser aplicadas de manera rápida. Estaremos ante una ventana climática cerrada. Gran parte de nuestras ciudades, y extensas regiones del planeta, se convertirán -más pronto que tarde- en espacios inhabitables.
¿No deberíamos en esta batalla por el cambio climático, tomar posición, y comprender que necesitamos actuar con urgencia? Lúcida y reflexivamente; aprovechando adecuadamente el tiempo que queda [no más de una década, de la importantísima “ventana climática”]. Debemos asumir que el tiempo, es, en estos momentos, “más valioso que todo el oro del mundo” y actuar en consecuencia.
La marca por la ciencia, invita -ya- a su programa post-marcha. Crea una plataforma para una reflexión horizontal generalizada sobre el papel de la ciencia, en sus interfases con la ciudadanización, y la reconstrucción de las complejas relaciones con una política verdaderamente democrática. Tiende un puente hacia la marcha popular por el clima, el próximo 29 de abril. Ambas retoman la tradición de la “contested democracy”, la democracia contestaria. Cuestionan las políticas de la administración norteamericana, el desmantelamiento de lo instituido en materia de investigación científica del cambio climático; cuestionan, también, el golpe de fuerza, contra el proyecto de descarbonización.
Representan un importante momento de relanzamiento. La lucha por emprender la gran transición, en medio de la vorágine que priva en ésta “época de oscuridad”, recién comienza.

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