¿Versiones originales o dobladas?

¿Versiones originales o dobladas?

La Gualdra 288 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

Hemos aquí una espinosa polémica que existe desde que el cine se ha hecho parlante: las películas extranjeras, ¿se han de ver en versión original o doblada? Cuando surgió el doblaje en la primera mitad de los años 30, esta cuestión preocupó inmediata y enormemente a la crítica cinematográfica que lo acusó de falsificar las películas y de desprestigiar a los actores y al director. El crítico francés Paul Achard forjó la expresión “cine ventrílocuo”: esta imagen, que establece una relación entre el doblaje de películas y los espectáculos de muñecos, evidencia muy bien las protestas que ocasionó esta práctica desde sus inicios. Al mismo tiempo, la élite intelectual estuvo dividida debido al gran número de espectadores que, por tal o cual motivo –siendo el analfabetismo el más frecuente– estaban a favor del doblaje y reclamaban las versiones dobladas como una necesidad para seguir yendo al cine. El doblaje se convirtió así en un factor clave de distinción cinéfila; permitía diferenciar entre el “buen aficionado” y la “masa de público” que, desde el punto de vista de la crítica elitista, iba al cine sólo para pasar el rato.

Ahora bien, es preciso constatar que esta segmentación del público cinematográfico basada en el doblaje ha mantenido su vigencia hasta la actualidad, en un contexto distinto en que se ha ampliado el acceso a la educación, de modo que el criterio del iletrismo ya no tiene tanta pertinencia como antes. De hecho, llama la atención la abundancia de blogs y foros dedicados al tema -que ahora se ha extendido a las series televisivas-, cuyos títulos son emblemáticos de la supremacía de las versiones originales: “10 razones por las que deberías ir al cine en versión original”, “Las ventajas de la versión original”, “Los espectadores prefieren películas dobladas”, “La versión original como horizonte”, etc. Otros títulos indican la voluntad de abrir el debate: “¿Doblaje o versión original?”, “¿Voces originales o dobladas?”, etc.

Uno de los mayores argumentos en contra del doblaje estriba en que éste puede ejercer una influencia nefasta en el idioma local y constituir un obstáculo para el aprendizaje de otros idiomas. Así lo explica el escritor español Antonio Muñoz Molina en un artículo en el que afirma que “la calidad de las traducciones es bajísima, y ha contaminado el español de fórmulas pseudoamericanas que lo emprobrecen y lo falsifican; las voces son artificiales, monótonas, horriblemente impostadas”.[1]

Se pueden encontrar opiniones muy distintas en los blogs citados: “En mi opinión, España tiene muy buenos dobladores y suelen hacer bien su trabajo. Además, escuchar el doblaje es mucho más cómodo que estar leyendo subtítulos (otro tema es que sepas inglés y no los necesites)”.[2]

Dicho de otro modo, el doblaje sigue revelando la brecha entre las preocupaciones de los intelectuales y las del público para quien el cine constituye ante todo un ocio. Lo que nos importa subrayar es la necesidad de tolerar ambos puntos de vista e insistir en que se sigan mejorando las técnicas de doblaje para que las incongruencias y defectos comprobables en las versiones dobladas sean cada vez más ínfimas.

 

[1] Muñoz Molina, Antonio, “Don de lenguas”, <https://pbs.twimg.com/media/Bgbqzh1CYAA1GXk.png>

[2]  ¿Doblaje o versión original?, <http://blogs.gamefilia.com/charlie-ferrari13/21-06-2011/43078/doblaje-o-version-original>

 

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