La Hacienda mexicana y los capos de la ambición

La Hacienda mexicana y los capos de la ambición

En una investigación de Fundar, el año pasado el Gobierno Federal le perdonó la deuda a una decena de empresas por el orden de 15 mil millones de pesos. Al mismo tiempo a la Universidad zacatecana le aplican una agresiva retención de recursos por 300 millones que pone a temblar la estabilidad de la educación superior de todo el estado; mientras el Corporativo Geo, Volkswagen, Televisa, Sabritas y otros, hacen un descomunal agujero a las finanzas públicas. En ese sólo año se perdonó a grandes empresas la mitad de todos los pasivos históricos de todas las universidades públicas estatales. Es un despropósito. Pero además, nada es claro: no se conocen las justificaciones para haber hecho las condonaciones de los créditos fiscales mencionados. A una sola empresa se le descuenta el equivalente al déficit de los pagos de la nómina educativa del estado de Zacatecas, que asciende a 2 mil millones de pesos. El informe de Fundar afirma lo siguiente: “En el último año, más de mil 383 personas morales recibieron la condonación de créditos por un monto total de 4 mil 400.69 millones, sin embargo sólo el 1 por ciento de estas empresas acumularon 85 por ciento del total de créditos condonados en este periodo”. Esta última cifra significa que los descuentos son ‘dirigidos’ o decididos por criterios de influencia política. ¿Cuál es la fuente de esa decisión política? Pues son empresarios incluidos en la esfera que ejerce actualmente el poder político.

Por ello, no es gratuito que todas las grandes fortunas del país hayan nacido de las empresas público-estatales o conocidas como paraestatales. Y la manera que pasaron dichas empresas a manos privadas fue por decisiones opacas. Una empresa que funcionaba con números negros (no estaba en quiebra ni mucho menos) se vendió al que, pocos años después se convirtió en el hombre más rico del planeta. México tiene algunas de las mayores fortunas del planeta al mismo tiempo que mantiene al 60 por ciento de su población en la pobreza. Realidad de ignominia. Y eso no sólo está en nuestra imaginación, como lo dijo el Presidente, sino es cruda y ruda realidad.

Mientras eso pasa, y se argumenta que la hacienda pública no tiene dinero para financiar la educación de los jóvenes que están cayendo en manos del crimen, ni financiar la competitividad alimentaria que nos genere soberanía en la producción de alimentos, ni en prevención del delito, ni la nómina educativa; los ricos se hartan y sobre-hartan de ganancias que terminan llevándose fuera del país. En otra vuelta de tuerca: mientas la gran masa de mexicanos está en la incertidumbre de su seguridad social, su trabajo y sus prestaciones, el gobierno de México le da miles de millones de pesos a empresarios sin justificación y en total opacidad. Esto debe cambiar si queremos que este país tenga viabilidad para la próxima generación. En la mitología ibérica hay los sapos de la ambición que crecen y se hinchan de tal manera que alrededor de ellos no crece la vida; todo es desolación y penuria. Y el arcoíris puede regresar si se encuentra la manera de hacer estallar a dichos sapos. En eso debemos pensar en los próximos procesos electorales.

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