Ahí donde abundan las lágrimas también se celebra una gran vida [palabras para Alejandra Mora, la artista, mi amiga]*

Ahí donde abundan las lágrimas también se celebra una gran vida [palabras para Alejandra Mora, la artista, mi amiga]*

La Gualdra 286 / Arte

Solemos pensar que ahí donde el cuerpo se detiene y ya no presenta ningún movimiento que muestre signos vitales es donde ha terminado la vida, y que nuestra existencia se desliza desde un extremo llamado vida hacia otro llamado muerte, como si fuera una rígida y simplona línea de tiempo que avanza en una sola dirección. Pero ¿y si pensamos un poco distinto? Algo así como que nuestra vida se construye en ocasiones a partir de la propia muerte, o como bien dice Baudrillard (que) “la muerte no es un plazo, es un matiz de la vida, o quizá la vida es un matiz de la muerte”, ¿qué resultados tendríamos? Alejandra Mora lo supo, lo experimentó y asumió esto hace aproximadamente cinco años atrás, cuando sus cercanos en la Licenciatura en Artes y amigos fuimos testigos del giro formal y teórico de su trabajo artístico.

Al principio, como a todo creador, le costó críticas y sudor desprenderse de las técnicas arraigadas derivadas de sus pinturas prematuras, pero precisamente a la par de su enfermedad y sus tortuosos tratamientos contra el cáncer fue que tuvo esa gran revelación que no todos comprendemos o decidimos asumir a tiempo. Ahí fue donde comenzó el proceso de creación más interesante de la artista, mismo que la llevó a explorar distintas técnicas plásticas para encontrar en el puntillismo contemporáneo del pixel el tratamiento adecuado para desarrollar sus últimos trabajos.

Seurat, a quien se le considera el precursor del puntillismo también murió a los treinta y un años y también por una enfermedad, en su caso tuberculosis, interesante paralelismo con Mora. No obstante, debemos mencionar una diferencia importante entre la pintora zacatecana y el pintor francés: las piezas de la serie Carcinógenas donde Mora hace pleno uso de esta técnica, muestran que la artista decidió que su cuerpo no serviría sólo de recipiente para la enfermedad, sino que con plena conciencia de su condición y con determinación, optó por realizar un rito de resistencia y conexión con el cáncer como muestra de su voluntad creadora, y como resultado de esto nos dejó una serie de pixelados sumamente interesantes entre otras obras, como fotografías, grabados, pinturas y video, en donde podemos observar el proceso creativo de una de las artistas con mayor producción y proyección en Zacatecas durante el último lustro.

¿Qué es lo que avanza o se detiene? ¿La vida? ¿La muerte? ¿Hacia dónde? Al observar las Carcinógenas de Alejandra Mora parecen disociarse y dejar de importar cualquiera de estas preguntas y sus respectivas respuestas; y cuando esto sucede, entonces, sabemos que el arte ha tenido lugar en lo que la artista decidió mostrarnos.

Quienes la amamos en vida le seguimos amando en muerte y no podemos explicar con exactitud por qué seguimos sintiéndolo, pero confirmamos con esto la indiferencia de la que hablan los maestros zen entre la vida y la muerte que se materializa en el haiku de Kitó, en donde la vida de una libélula, a través de un bambú atraviesa a un cuerpo yaciente y viceversa. No hay diferencias. Si somos un poco más perceptivos, el amor que nos otorgó Alejandra Mora sigue atravesándonos y provocando vibraciones con la misma fuerza con que nos atraviesa su arte que –una vez más reproduciendo las palabras de Baudrillard– se manifiesta como un conjuro que “localiza a la muerte en un punto preciso del tiempo y en un lugar preciso: el cuerpo”; este conjuro también es un conjuro de vida, una bella celebración de una existencia que nunca se limitó a mostrar su capacidad creadora revelando así una Potencia de la vida, como bien supo referirse Juanita Pérez respecto de la obra de Alejandra Mora.

 

Enviando palabras a través del sistema de correos del viento…

 

Ahí en donde faltas, lo susurramos

ahí donde habitas

gritamos tu nombre y te seguimos buscando

donde te repites, te equilibramos

donde nos colmas, nos embriagamos

ahí donde miras, nos cubrimos los ojos como niños asustados

ahí donde ríes, bailamos tap y ragtime

ahí donde te detienes, marcamos con tiza tu sombra

ahí donde callas, nosotros lloramos

(no soportamos estos silencios incómodos)

 

*Todas las imágenes son de Alejandra Mora.

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