Reforma al reglamento electoral universitario: tarea ineludible

Reforma al reglamento electoral universitario: tarea ineludible

En la UAZ no hubo campaña en el reciente proceso electoral ni en el anterior. Antes de que fuera electo el actual Rector, se elaboró un reglamento que garantizara que Silva ocupara la Rectoría. Un proceso sin campaña garantizaba que la estructura de la red de directores imponía su voluntad en los comicios. Para que pudiera despuntar algún universitario ajeno a la casta administrativa, necesitaba sin duda de un periodo donde se diera a conocer, divulgar algún proyecto de trabajo y hacer redes de apoyo o afiliación. Pues fue justo lo que se inhibió. No había tiempos disponibles para que alguien empezara a generar adhesiones y promoción de un proyecto con tiempo, porque sería acusado de anticipación de campaña. No podía pasar a los salones de clase a exponer su propósito y conseguir seguidores porque fue expresamente prohibido. Hasta el uso del Internet fue censurado. Lo que no pudo hacer la Ley Döring en el país, lo hizo el reglamento de elecciones en la UAZ: regular el uso del Internet en los procesos internos. A nadie se le ocurrió ampararse contra lo absurdo de este reglamento.

No podemos negar que tiene una virtud: la prohibición del uso del dinero para las campañas, y el respeto o liberación de los espacios universitarios de basura propagandística. Además, de equidad en el reparto de volantes y similares. Sin embargo, aun con esta virtud, queda de manifiesto que es un reglamento para que gane el candidato de las estructuras administrativas copadas por la expresión política dominante. Los universitarios que sólo hacen docencia o investigación o extensión y aspiren a dirigir a la institución, no tienen esa posibilidad. Es un reglamento elaborado para reproducir a las élites que dirigen a la Universidad; con ello, se cancela la posibilidad de renovación de grupos dirigentes. Así, no es gratuito que la competencia excluía de entrada a grupos o personalidades nuevas en la escena política universitaria.

Con la contienda ya concluida, una tarea deberá ser modificar radicalmente dicha normatividad electoral, para permitir el libre diálogo e intercambio de propuestas en la UAZ, y se haga posible la renovación de sus élites, estimulando la vida democrática al interior de la institución y promoviendo un intenso debate de ideas para que se formen nuevos liderazgos. Sin embargo, habría que conservar algo: las normas que limitan el uso del dinero en las campañas. Y además, como la democracia no se limita a los procesos electorales, sino a toda la vida participativa de la Universidad, se deberá pensar no solamente en un nuevo reglamento de elecciones, sino en otro que permita la participación en las decisiones y conducción de la institución. Y en este contexto, debe contemplarse la posibilidad de la revocación de mandato. En la próxima reforma ya comprometida, esperamos se le haga espacio a repensar la vida democrática de la Alma Mater de los zacatecanos.

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