Gente de trabajo comparte sus alegrías o penas con un buen trago: Jorge Hernández

Gente de trabajo comparte sus alegrías o penas con un buen trago: Jorge Hernández
El cantinero debe ser un confidente, un consejero y sobre todo, debe saber escuchar para poder dar un buen consejo, siempre en los límites de la prudencia en la ingesta de bebidas alcohólicas ■ FOTOS: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

■ Se cuentan historias de campesinos, obreros y gente de todo tipo en una cantina de pueblo

■ “No todas las cantinas son malas”, afirma el encargado del lugar, con 80 años de tradición

En una cantina de pueblo se cuentan las historias de campesinos, del obrero, del carnicero, del carpintero, de la gente que trabaja día a día y que desahoga sus penas o comparte sus alegrías con un buen trago.

En el pueblo mágico de Jerez, Mi Cantina la Carta ha sido el punto de reunión de los habitantes desde hace más de 80 años, convirtiéndose en el sitio tradicional por excelencia preferida de propios y extraños.

Antes de ser cantina, el local de nueve puertas era una tienda de raya a la que llegaban jornaleros que laboraban en haciendas y en el campo, explica el encargado del lugar, Jorge Gabriel Hernández González.

Posteriormente, sus familiares instalaron un pequeño depósito en el que se vendía cerveza. Instalaron una mesa de billar y poco a poco la clientela comenzó a llegar, aunque el espacio llegó a ser insuficiente para la creciente demanda.

Posteriormente se convirtió en cantina, y en aquella época solamente se permitía la entrada a los hombres; no se permitía la entrada a uniformados, mujeres y niños, y se vendía únicamente cerveza.

La cantina mantuvo a esta clientela durante muchos años, y creció también por la venta posterior de una variedad de bebidas incluyendo tequila, mezcales, ron, brandy, entre otros. También aumentó la clientela, pues resultó atractiva para turistas y visitantes.

La cantina llegó a ser un punto de reunión social y muchas personas se citaban en el lugar para platicar, convivir y compartir experiencias de su andar diario y de su trabajo, quejarse de los salarios, de las injusticias, de la vida familiar o festejar acontecimientos exitosos.

“En un pueblo mágico como Jerez, es importante que exista una cantina que de verdad ostente este título. Se abren bares, centros nocturnos, centros botaneros, discos y antros, pero una cantina típica debe existir para el convivio de su gente”, señala Jorge.

Ahora vienen los hijos de quienes llegaron a visitar este lugar, no tanto por beber, sino por la curiosidad. Desean conocer el lugar a donde llegaban a tomar un trago sus abuelos, sus padres, y estar aquí les produce nostalgia”, dice el cantinero.

Con los años se permitió la entrada a mujeres y el ambiente ya se ha convertido en familiar, pues no hay violencia, agresiones o pleitos entre clientes. Los domingos muchos jerezanos acostumbran llegar en pareja y con sus hijos; hay grupos de amigos o amigas que buscan pasar un buen rato.

Jorge recuerda que la cantina ha sido visitada por el Charro Zacatecano, Antonio Aguilar, y en los últimos años su hijo Antonio Aguilar Jr. También el cantante Luis Aguilar estuvo en alguna ocasión, y recientemente, durante la feria, llegó a este lugar el intérprete de música norteña Julión Álvarez.

El lugar está adornado con las imágenes de estas celebridades, quienes se tomaron la foto del recuerdo en la cantina. También están colocadas las fotos de las reinas de feria a lo largo de distintas ediciones.

Esta cantina representa el trabajo de su familia por años y el sustento de todos sus integrantes. Aunque no todos se dedicaron al negocio, se logró dar un futuro y estudio a sus integrantes.

Representantes de empresas cerveceras han propuesto modificar la cantina y modernizarla, con el argumento de tener más ventas, pero Jorge se ha negado rotundamente. De hacerlo, quitaría la esencia de cantina y dejaría de ser típica, afirma.

“Para mí esta cantina significa mi vida, pues fue parte de mi infancia, de mi juventud, y ahora de mi etapa adulta. He visto pasar muchas cosas, he tenido experiencias, y le tengo cariño a este lugar tan especial”, asevera.

Lamentó que existe una idea generalizada de que las cantinas son lugares de vicio, de violencia o que acuden personas conflictivas. Para él es un lugar en el que se puede tener una convivencia entre familiares y amigos de forma sana. “No todas las cantinas son malas”.

Menciona que hay quienes llegan antes de comer y toman una copa, y quienes lo hacen después para hacer digestión. Son clientes que están ya familiarizados con los cantineros y que forman parte de su vida rutinaria.

“Esto es importante, pues el cantinero debe ser un confidente, un consejero y sobre todo, debe saber escuchar para poder dar un buen consejo. También cumple la función de un psicólogo porque se trata con personas alegres o con quien llega triste y deprimido; su labor es convertirse en un amigo para que exista verdadera comunión”, expone.

Dice que en Sábado de Gloria es cuando mayor afluencia de visitantes tiene la cantina, así como durante la feria regional, a la que llegan turistas y paisanos que dejaron Jerez para buscar suerte en Estados Unidos y vuelven para reencontrarse con sus familiares y amigos.

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