Los padrinos corruptos son malos consejeros

Los padrinos corruptos son malos consejeros

■ El son del corazón

Si en verdad Rafael Flores considera que la designación de Pedro de León Mojarro, como candidato del PRD-PAN para gobernador del estado, fue un “monumento a la ilegalidad”, tendrá que reunir muchos testimonios y, como nunca, habrá de concentrarse con sobriedad e inteligencia en el juicio “para la Protección de los Derechos Político Electorales del Ciudadano”, que mostrará datos esclarecedores acerca de su denuncia, pero también de su idoneidad como candidato para contender por la alianza electoral antes mencionada.

No la tiene fácil. Ahora lucha contra una decisión partidaria asumida, que muchos consideran auténtica y justa. Pedro de León ha remado contra la corriente y, como muchos de sus simpatizantes afirman, concentra los valores esenciales que debe mostrar un buen candidato.  Consideran que este es un personaje atípico que ha tejido con fibra su propia trama, capaz de explicar pacientemente,  y ofreciendo documentación, la calidad de las ideas con que defiende sus posturas presentes y algunas pretéritas. Es un individuo que afronta con humor sus contradicciones y sabe sacar provecho de sus propios errores.

Rafael Flores, en el laberinto de su derrota

Nadie en sus cabales puede cuestionar el derecho que tiene Rafael Flores de agotar su discrepancia en las instancias competentes. Al menos formalmente, su decisión convence y sus dudas merecen ser escuchadas.

Empero, tengo la percepción de que en el rincón más ignoto de su alegato se incuba un intento más, acaso el último, de romper la cadencia política de Pedro de León, que cautiva ascendentemente a los ciudadanos con la seriedad y divulgación de su proyecto.

Si este fuera el caso, veríamos caer en el vacío un propósito inocente, que se lanza al pantano de los conflictos sin argumentos jurídicos sólidos. Tendríamos que colegir que el nuevo esfuerzo del joven Flores, es un asunto que manifiesta irresponsabilidad y falta de madurez.

Tengo la impresión, además, de que no es ocioso presentir la influencia nociva que le acarrean sus consejeros más cercanos. Como siempre ocurre: existe gente con propósitos más allá de lo que ofrece el mundo real y viajan mentalmente, y se imaginan, se ven y extienden su delirio, pero a la hora de los ajustes en lo concreto, reviran con un gesto de desconcierto que busca, a toda costa, un ajuste de cuentas.

No sería vano advertir que, en última instancia, lo que se pretende con la apertura del procedimiento jurídico decidido por el joven Rafael Flores, es debilitar la candidatura de Pedro Simón de León Mojarro con la medallita, tan gastada y manida, de la “ilegitimidad”. Si este fuera el caso, el demandante jugaría neciamente con una tontería, al hacer gratis la tarea a los demás partidos.

Ejercicios para romper la piñata

Mucha gente, amante de las teorías conspirativas, ata y desata nudos para indagar quién mece la cuna de donde se libera el sollozo poco discreto de Rafael Flores. Esta es una cosa muy compleja para ser respondida nomás así, a bote pronto.

Sin embargo, en el terreno observo con solaz la manifestación de disgusto de las corrientes Nueva Izquierda y Foro Nuevo Sol. Los dirigentes burócratas más ruines y corruptos que pertenecen a estas tendencias sin principios, observan con nerviosismo el riesgo de perder su influencia, hasta ahora incuestionable, a la hora de colocar sus piezas en el tablero de las candidaturas. Esto es grave y, como veremos, puede traer consigo el debilitamiento paulatino de un par de representaciones partidarias diseñadas para medrar, carentes de política y de escrúpulos.

La derrota de Rafael Flores sacude el viejo cachivache con que los Chuchos y Amalia García se acostumbraron, por lustros, a ser factores de decisión en las contiendas internas. Con este método agrandaron su control partidario, hasta convertirse en agentes obsequiosos del bando que otrora era el enemigo principal. Como es del dominio público, las cabezas más visibles de Nueva Izquierda  y Foro Nuevo Sol resolvieron para siempre sus problemas económicos, liquidaron sus pocas ideas interesantes, y se abandonaron a la milonga y a los intensos abrazos de complicidad en compañía de los políticos más criminales y corruptos, engendrados en el vientre podrido de los poderes fácticos.

Los foristas y los Chuchos dejaron de pertenecer, desde años ha, a la izquierda mexicana que representa los ideales y el programa básico inscrito en la constitución de 1917, en el cardenismo y en el movimiento estudiantil-popular de 1968. Su iniquidad se mantiene desde hace años, hasta lograr la absoluta descomposición del intestino partidario, sin observarse todavía una alternativa que remonte esos episodios de flatulencia permanente y de ruindad.

Es tiempo de transitar nuevos caminos

Si Pedro Simón de León profundiza y extiende su discurso democrático, donde el principio del respeto a la diversidad ideológica y a la libre discusión sea la base principal, pondrá en un brete el alicaído discurso de la imposición, propagado por la dirección política senil del PRD.

Aún más, si De León Mojarro resulta triunfante para la gubernatura estatal, se ampliaría esta posibilidad, hasta instalar en la agenda un programa de regeneración política y moral del partido. Esto no es poca cosa, porque la sustitución de los viejos cuadros, por otros de vocación democrática y defensores de la claridad, es condición indispensable para hacer del PRD un promotor eficaz de nuevos métodos para abrir y garantizar la crítica abierta, que dé fundamento a la libertad de tendencias y el trabajo en la militancia.

Sólo con una organización política transparente y autónoma será posible certificar, mediante la vigilancia permanente, una vida de partido vigorosa.

Desde mi punto de vista, este es el lado débil de las pretensiones del joven Rafael Flores, porque no osó, en su momento, ofrecer intervenciones convincentes para repudiar a los pillos más letales y abusivos que pululan en el cráneo contaminado del PRD.

La omisión como método de hacer política

Considero que la fragilidad de los reclamos de Rafael Flores proviene de un cálculo político del que puede obtener un resultado doblemente fallido. Él no representa, como personaje público, a una fuerza propositiva, seria y firme, más allá de la idea alimentada por quienes lo aúpan desde el poder anquilosado del PRD. El resultado de sus afanes intelectuales brilla por su ausencia y, en lo que se refiere a sus dotes como constructor partidario, sólo es posible distinguir lo obtenido mediante sus relaciones personales y por su oratoria de colofón en el congreso local.

No sé si destacar al señor Flores como dirigente político, o simplemente como un ciudadano con ambiciones encendidas, que no comprende que porfiar por una candidatura para gobernador no es jugar a Pares y Nones. Sin embargo, lo que sí puedo advertir es que el joven candidato proviene de las tradiciones infames con que los partidos de hoy mal educan e inflan, con ilusiones y mentiras, a sus cuadros emergentes.

En la actualidad, todo muchacho bien parecido, o un bisoño patrocinado por poderes oscuros, puede anunciar su deseo de tomar la estafeta y, quien quita, romper la piñata para declararse triunfador en medio del desmadre. Por ello, no es extraño el misterio que le rodea, en torno a la relevancia de sus logros políticos y a su capacidad de penetración, para descifrar e interpretar al estado de Zacatecas.

¿Cuál es la calidad de su visión que lo confirma como estrella injustamente marginada? Si al menos supiera que las carreras políticas fugaces, pletóricas de aventuras y picardías, impiden que este estado desarrolle con reposo las piezas humanas que deben acercarlo a un sitio de desarrollo, podría aceptar humildemente que todavía no ha llegado su momento para saltar a la ansiada liga de los triunfadores más memorables.

Llegó demasiado joven, o tal vez demasiado tarde, a la pepena de posiciones estelares. Pero él no tiene paciencia para esperar, ahora busca empeñarse en su demanda. ■

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