Notas al margen

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La Gualdra 233 / Literatura

Leer es escribir

Para George Steiner un intelectual es aquél que lee con un lápiz en la mano, mientras que para Gabriel Zaid todo autor es un segundo autor. El primero declara que leer es un acto creativo, mientras que el segundo nos recuerda que la literatura es un diálogo, y que ahí donde alguien escribe algo está conversando con los otros muchos “primeros autores” que ya lo dijeron.

Desde hace años cuando leo lo hago con un lápiz a la mano. Con esto no quiero decir que me considere un intelectual, más bien soy una especie de acumulador. Un lector acumula conocimientos, citas, subraya el texto, hace comentarios al margen, dobla las páginas, coloca notas que a veces sólo él entiende; luego, con el libro ya violentado -pues escribir es siempre un acto violento- lo devuelve a la estantería de su biblioteca, donde lo esperan otros volúmenes igualmente ultrajados en sus páginas. El lector entra al libro y lo transforma, tanto física como anímicamente. La lectura le da un alma al libro como objeto inanimado, y, paradójicamente, ese objeto consigue enriquecer el alma del lector, la vuelve otra.  Entramos al libro a transformarnos, a viajar y a volver más llenos de palabras, de horas, de páginas, de días. Así, nuestra biblioteca se vuelve una cartografía y un diario.

Hay en esto una especie de golosidad, de bibliofagia, de patología libresca. El que lee y hace notas está enfermo, pues no puede parar de hacerlo, y no conforme con clavarle al texto sus ojos le clava también la afilada punta del lápiz. Es un inconforme, un avaricioso. Quiere ampliar lo que lee y por eso construye otro texto al margen, uno parásito, surgido del ultraje del primero pero sin ser el mismo. A veces estos textos “vividores” son incluso mejores que los originales: la literatura, por ejemplo, ¿no es más que un texto que se nutre parasitariamente de la realidad? Tan así que en la actualidad conviven en una especie de simbiosis. La enfermedad se ha vuelto necesaria para que el cuerpo que la contiene siga respirando.

Las Notas al margen que publicaré aquí surgen de esta obsesión, la de parasitar el texto hasta que los “invasores” se vuelvan necesarios. ¿O será que ya lo son? La literatura no puede vivir sin el diálogo. Sin el ultraje de los libros éstos terminarían siendo sólo trozos de árbol muerto. Y las bibliotecas bosques llenos de cadáveres. La lectura implica entrar al bosque y dejar marcados nuestros nombres en los árboles, quizás construir una cabaña, beber agua del río; volverlo habitable. ¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie ahí para escucharlo? ¿Y si quien habita el bosque es sordo?

Hace falta la lectura consciente, la que transforma, la lectura de orejas levantadas y mirada afilada. Nos hace falta la lectura de lápiz en la mano y la obsesión por parasitar los libros. Bienvenidos a estas notas, siéntanse libres de escribir en sus márgenes.

 

*Poeta. Morelia, Michoacán.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-233

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