Entre El Bronco y la verdad desnuda

Entre El Bronco y la verdad desnuda
Familiares de internos esperan información fuera del penal de Topo Chico ■ foto: la jornada zacatecas

El son del corazón

Y en el milagro rojo de tus fraguas
que matiza el misterio de tu lumbre
la sed y el hambre de tu pueblo apagas.
Alfonso Reyes

Los sucesos recientes en Topo Chico, N.L., marcan con crudeza los niveles de violencia que propone la realidad, para callar de una vez por todas el inútil discurso romántico, manipulado por la clase política y la oligarquía locales, a propósito de sus versiones liberal-socialdemócratas de sociedad y justicia.

La nueva época demuestra que su rollo ha quedado rezagado; estamos en el espacio-tiempo del chingadazo y la acelerada descomposición social. Esta es una fase donde los expertos en políticas públicas y en vomitar disertaciones repletas de equidad, justicia y sustentabilidad, comienzan a hacerse viejos.

Los trogloditas captados en las secuencias del tumulto nocturno del penal, atrajeron el beneplácito de sus pares que deambulan en sus autos por la noche, ametralladora en ristre, ávidos de secuestros y dinero fácil. Todos se sintieron realizados, sobre todo al observar que, por primera vez, alguien se preocupó en señalar que ellos, los trogloditas, tienen un papel estelar en la propuesta neoliberal de modernidad.

 

Una metra en cada hijo te dio

La fileteada y el descuartizamiento, como método básico de apaciguar rencores, se impuso en las aulas televisivas sin mucho discutir. De ahora en adelante, la fibra bestial será determinante para definir quiénes serán dueños del escenario.

Este evento, con 48 asesinados, superó con creces al otro, escenificado en Apodaca,  en 2012, con 44 víctimas. La marca fue superada, aunque sea ínfima la diferencia. De todos modos, la tendencia indica que vamos progresando. Quién quita y al rato lleguemos en cada desmadre a los 100, o a los 120.

Estos dos capítulos de irónica historia patria, se escribieron en dos centros de reclusión, no muy distantes entre sí, circundantes de la ciudad capital.

Monterrey ya no es la orgullosa urbe de antes, pródiga de nuevas empresas y de una visión de país que, presentada como ciudad pujante, emprendedora y nacionalista, entusiasmaba hasta al arrebato a la clase empresarial de esta región, capitaneada por la familia Garza Sada.

Ya don Eugenio, tan fugaz en la memoria colectiva, no puede ponderar la tensión social dejada por el viejo esquema elitista de construcción de una sociedad industriosa, líder del país, catalogada por su enjundia y sus altos niveles de producción y acumulación de capital. Ahora los empresarios locales sólo destilan  corrupción y poca voluntad de imaginarse nuevos emprendimientos, para recuperar el espacio que les ganó la oleada especulativa.

Monterrey y sus abundantes colonias que ganan terreno en las cimas de los cerros y en los pueblos circunvecinos, ya soltó las amarras del habla. Su palabra dejó de ser orgullosa. Son pocos los poetas locales que podrían retorcerle el cuello al cisne con imágenes y metáforas de ayer, y los pintores, ah, tendrán que modificar el tema fundamental de sus lienzos, cuya tradición paisajista, de hacer del Cerro de la Silla la crónica ostentosa de un costumbrismo cerril, cedió su espacio a la técnica caótica del grafitti.

 

Nuevo recuento de cadáveres

Monterrey perdió en dos masacres, separadas por cuatro años, la posibilidad de explicar al mundo la bondad de su gran proyecto económico-industrial. En este instante, las pocas reflexiones relevantes, encargadas especialmente a los pocos filósofos de valor que deambulan por los espacios escolares, podrían sonar a burla, a ironía, a sorna, a dejadez.

Los 86 cadáveres regados en los patios de esos centros de reclusión, son el testimonio último de la muerte de un proyecto social elitista, de sobre-explotación de fuerza de trabajo y de alta especulación financiera, del agotamiento simultáneo de varias generaciones de políticos y del desgaste insalvable de los distintos proyectos religiosos que se cocinaron con el hedor de los Legionarios de Cristo.

Monterrey ya no podrá ser igual, porque los dueños del poder político regional regresaron con pánico a los métodos habituales de conducción social.

En esa ciudad no se discute, con altos rangos de análisis y de consecuencia programática, la política que necesita el gran conglomerado social que construyó la riqueza usurpada por unos pocos. A la gente se le miente, a la gente se le explota con ritmos de trabajo inauditos y criminales. Esta ciudad de frontera no deja espacio para echar raíces con orgullo. Los ricos se juntan sólo con los ricos, la clase media se obstina en adquirir las manías y los símbolos de los ricos, y los pobres tienen un balón de futbol en cada uno de sus ojos. Con esta metodología de la vida, se sienten seguros de rasgar el velo del futuro y, como siempre, con el fraseo ostentoso que les es característico, los regiomontanos más frívolos describen a Monterrey como Urbe del Futuro.

 

El Bronco terminó en pony

Y aquí es donde comienzan nuestras diferencias con el modo de ser, sobrado y altanero, del regiomontano típico, porque uno no suscribe los lemas propagandísticos diseñados en los bufetes de publicidad de sus centros financieros y sus grandes empresas industriales.  La ciudad de Monterrey no es, nunca ha sido, un símbolo de pensamiento actual y moderno; no es Meca de discusiones determinantes de la ciencia, ni promotora de visiones y procedimientos que transformen con sutileza a la ciudad y el país. No tiene acuerdos con la gente que quema su energía reprimida con ajustes de cuentas, en los barrios a lo alto de los cerros o en los centros penitenciarios.

La voz entrecortada, dudosa y pusilánime del famoso Bronco, a la hora de rendir su informe de los hechos, comprueba que en Monterrey se busca solucionar problemas nuevos con los métodos anquilosados y pueriles de ayer.

Siendo candidato, resaltó su interés de reordenar los centros penitenciarios. Ya lo vimos, sólo fueron palabras. Este personaje, devenido candidato “independiente”, está ahí por la gracia de la oligarquía regional. La violencia desnudó su papel como miembro de un elenco que beneficiará a los miembros de la élite. Su gobierno será una decepción. ■

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