Francisco: Éxito mediático, expectativa y oportunidad

Francisco: Éxito mediático, expectativa y oportunidad

El Papa Francisco como líder espiritual de los católicos, obispo de Roma, que preside en la caridad a todas las Iglesias del mundo cristiano es inevitablemente un personaje público y como tal mediático. Las redes sociales están inundadas de imágenes y frases del Papa, la televisión realiza una permanente cobertura de sus audiencias y viajes, él mismo hace uso de múltiples medios de comunicación digital para hacer llegar su mensaje a todos los rincones de la tierra.

Desde que se hizo pública la fecha de su visita a nuestro país se inició una verdadera revolución de comunicación en torno a este suceso, comenzaron las especulaciones, los análisis, los reportajes, las entrevistas, todo eso que forma parte del argot periodístico e informativo. La noticia de su visita ha ocupado desde hace días las primeras planas de los periódicos y largos espacios en los programas y noticieros televisivos. Prensa escrita, radio, televisión y plataformas digitales han enfocado sus baterías a la figura del Papa y su primera visita a nuestro país. Medallas conmemorativas, sellos postales, sorteos de la lotería son ejemplos del éxito mediático de Francisco.

Es cierto que no ha faltado quien aproveche este acontecimiento para subir su raiting o sus ventas, que muchos han sabido canalizar la expectativa hacia intereses meramente mercantiles, que de pronto ahora las televisoras y estaciones de radio son expertas en temas de religión, del Vaticano y del Papa. Se ha creado gran expectativa en torno a esta histórica visita, en todos los flancos se aborda la cuestión, desde los más duros anti-clericales que han colocado al centro de sus mesas de análisis temas antiguos que generan polémica hasta aquellos otros que con el afán de agradar a la audiencia magnifican y ensalzan la figura del Papa haciendo burdas comparaciones con Juan Pablo II o Benedicto XVI.

La expectativa es buena cuando brota de un genuino interés y de una sana disposición a la escucha y el diálogo, pero no cuando se explota el morbo de la gente o se recurre al sentimiento como medio  de atracción. Qué bueno que haya expectativa sobre el mensaje que Francisco viene a traer al pueblo de México, me agrada el hecho de ver noticias objetivas y bien documentadas sobre lo importante que es la presencia del Papa en un pueblo que en su mayoría se confiesa católico, el interés que ha despertado en muchos es un buen signo, un signo de esperanza.

Los mexicanos, especialmente los católicos, estamos ante una gran oportunidad, desde esa perspectiva hemos de ver la visita del Papa, debemos ser capaces de superar el éxito mediático, ir más allá de la foto de Francisco con sombrero de charro, que desde las primeras horas del viernes circula en las redes sociales, ver por encima de la propaganda televisiva, que busca explotar al máximo el evento con tal de ganar audiencia, más allá de la foto y el recuerdo. Los católicos, jerarquía y fieles, debemos estar atentos para escuchar con un corazón abierto y bien dispuesto a este mensajero de paz y misericordia, sus palabras sin duda serán provocadoras, capaces de interpelar y motivar. No nos dará soluciones fáciles para resolver nuestros problemas, nos presentará con verdad y sencillez el mensaje del Evangelio, nada más y nada menos. Quien espere otra cosa, me temo que se desilusionará.

La visita del Papa es una gran oportunidad. Su mensaje, enraizado en el Evangelio, tiene la fuerza para despertarnos del letargo en que nos encontramos; es la oportunidad para redescubrir la  fuerza de la fe, desempolvarla y devolverle su valor en la vida del cristiano, oportunidad para ver hacia nuestro interior y descubrir la belleza con la que fuimos creados por Dios. Somos mucho más que un pueblo violento, que asesina a sus hijos aun antes de que nazcan, somos mucho más que tierra de cárteles, espacio de corrupción e impunidad. Nuestro país es grande y maravilloso y lo es por su fe, sus valores y tradiciones. Francisco viene a recordarnos que nuestra vocación es la felicidad, pero la auténtica, no esa ficticia construida a base de apariencia y deseo desmedido de poder y dominio, felicidad radicada en la verdad, el bien y la belleza. Realidades que trascienden lo mediático y ficticio de nuestra sociedad. ■

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