Likes y fotitos de perros y gatitos pulgosos

Likes y fotitos de perros y gatitos pulgosos

Para nadie es un secreto: hoy en día no publica sus “grandes” y “profundos” textos literarios quien no quiere, quien durante años ha encontrado en la automarginación una excusa para decir que los demás, el mundo completo, se entiende, no son capaces de entender la propuesta literaria que él o ella traen sobaqueada bajo el brazo.

La era del Internet nos trajo muchas sorpresas y cada vez son más los “autores” que a falta de otro medio para expresarse, optan por dar a conocer sus “grandes creaciones” en cualquiera de los medios electrónicos, llámese muro de Facebook, llámese cuenta de Twitter, llámese blogs, llámese revista electrónica hecha entre compadres y comadres, y es en estos medios donde actualmente surgen, para bien o para mal, muchas de las propuestas literarias de la literatura mexicana del siglo XXI.

Los jóvenes autores mexicanos saben moverse muy bien en la red y dedican mucho más tiempo a atender los comentarios o los likes que a escribir esa gran obra que llevan años prometiendo, gustan de la popularidad, de crear polémica y hacerse de mala fama; también los hay que se la pasan haciendo amigos, repartiendo bendiciones, haciéndose pasar por las mejores personas del mundo cuando en realidad no lo son y no tendrían por qué serlo, más allá del deseo de una presuntuosa santificación como las tantas que se dan en la literatura mexicana.

Cualquiera es capaz de abrir una cuenta de Facebook. Cualquiera puede subir la fotografía de sus perritos o de sus gatitos enroscados arriba de un sillón lleno de pulgas. Cualquiera puede presumir, con un enorme corazón de por medio y un I love Juan o María, que al fin tienen novia o novio, que llegó el momento de ya no chutarnos sus textos sentimentaloides y ridículos. Cualquiera también se queja de su soltería y en la queja va anexado el grito de auxilio. O hablan del clima. De lo místico de la vida y de la panza de Buda. De filosofías orientales que nos están negadas a los mexicanos porque somos estúpidos y nos gustan los bisteces encebollados y escuchar a Jorge Negrete. De lo saludable que es beber medio vaso de leche en noches de luna llena para prevenir el cáncer en cualquier parte del cuerpo. O nos advierten que tienen sueño, que no han podido dormir bien, que tienen hambre, sed, que están crudos o aún borrachos, que ese día, pongamos lunes, el sol entró por su ventana cuando aún estaban dormidos, se pusieron de pie, dijeron “es hora de ir a trabajar”, se prepararon la primera taza de café del día (fotografía de por medio) y nos indican que se pusieron calzones amarillos yema de huevo porque es lunes y ese día calzones así traen suerte. Si cualquiera es capaz de mover sus deditos y escribir unas cuantas palabras en Twitter, también cualquiera se siente “autor”, publica lo que es su gran obra literaria por capítulos y la presume como quien presume un buen plato de mole de olla. Hasta aquí vamos bien, entre ellos se leen y entre ellos se alaban, y si a usted no le gusta bloquea a la persona, le mienta la madre en un mensaje privado y punto, se acabó… sin embargo, lo peligroso del asunto es que la libertad de publicar en las redes sociales se está convirtiendo en un atentado contra las buenas costumbres artísticas e intelectuales.

 

Nada nuevo hay bajo el sol… excepto lo que usted

publique hoy en Facebook 

A ver, ¿en qué momento alguien le dio la autoridad a fulanito para convertirse en un crítico de arte y subir su última reseña de esa visita que hizo a tal o cual exposición?, lo peor de todo es que ni siquiera cuentan con las herramientas suficientes, sus textos se caen al dos por uno, son ilegibles, ni siquiera se tomaron la molestia de tomar un curso de redacción por correspondencia, toman malas fotografías, las suben, inventan absurdos pies de foto para ellas, defienden lo indefendible de la propuesta artística y pasan a convertirse en fanáticos del expositor o en fantoches que pretenden darse aires intelectuales cuando en realidad lo único que hacen es empinarse frente al artista, quien por cierto ni siquiera los lee, porque su seriedad no le da importancia a lo que escribió fulanito de su exposición en Facebook.

En literatura la cosa se pone más fea. De un tiempo a esta parte todos son grandes escritores, todos tienen bastos conocimientos literarios, y lo que es peor: cuando tratas de evitar sus mediocres textos te etiquetan o de manera por demás intransigente te avientan sus textos por un mensaje privado y te piden tu opinión. Si no fuera tan peligroso para la literatura mexicana actual, podríamos decir que hasta nos dan risa los que se autonombran escritores, los que presumen sus libros en ediciones pagadas, pero si reflexionamos un poco veremos que, lamentablemente, es a partir de este punto desde donde se están construyendo las nuevas propuestas literarias.

Antes que aprender a escribir bien, cualquier joven autor aprende a moverse en Internet, a promocionarse lo mismo que si promocionaran pasteles, a complacer las exigencias de su fans con textos sosos que apenas si aguantan un día en el muro cuando ya hay cinco o seis entradas más, a ligar a la ingenua que se trago el cuento de que él es escritor. La vanidad de los escritores encontró refugio en las redes sociales y de ahí va a ser muy difícil sacarlos, porque lo que ocurre en Internet es instántaneo, tanto el efecto como el reflejo, tanto la aceptación como la desaprobación. Un autor sube un texto a la espera de obtener el mayor número de likes posibles, y quien dice que no es así, miente, pues desde su origen una red social como Facebook se conforma de eso, de un me gusta o no me gusta.

Habría que preguntarnos si en un futuro no muy lejano los autores se harán a través de Internet, habría que preguntarnos por las propuestas que ahora mismo se generan, por la irresponsabilidad de los usuarios con la información que proporcionan, por la veracidad de los hechos frente a la inmediatez de la entrada en el muro, habría que preguntarnos si tal fenómeno beneficia o perjudica a la literatura mexicana actual: se han roto las reglas, cualquiera puede publicar los poemas a la novia, los cuentos para la abuelita, la novela para la suegra, cualquiera con dos dedos de frente es capaz de asegurar que la luna no existe, que los perros son los mejores amigos del hombre, que los gatitos son más tiernos en fotografías que se suben a Facebook, que la filosofía de Jodorowsky sólo es para unos cuantos… ¿y saben qué? le creeremos, les aseguro que sí, les creeremos, hasta que llegue la hora de cerrar nuestra cuenta de Facebook y asomarnos un poquito al mundo real. ■

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