Los dilemas de Morena: entre los riesgos de la alianza o el sectarismo

Los dilemas de Morena: entre los riesgos de la alianza o el sectarismo

Hasta hoy, la estrategia de Morena se centra en diferenciarse de los otros partidos, y lograr que se le perciba muy distante de las causas del desprestigio del sistema completo de partidos políticos, a saber: corrupción, falta de representación social por su separación de las bases sociales, clientelismo, nepotismo y ausencia de alternativas programáticas a los problemas que interesan a la población. Distinguirse de las prácticas de los otros partidos es esencial para mostrarse como verdadera alternativa política. Sin embargo, convencer a los ciudadanos de que Morena es un partido de nuevo tipo implica lanzar candidatos cuyo comportamiento corresponda a la ética política subyacente en los principios y programas de Morena y elaborar y proponer proyectos sociales que sean efectivamente solución a los problemas de seguridad, empleo y educación; además de que su vida interna sea un ejemplo de prácticas democráticas donde no quepa el clientelismo y la compra de votos. Porque muy poco logrará Morena concurriendo sin aliados a la competencia electoral si se siguen realizando asambleas con asistentes pagados que niegan los principios democráticos fundamentales, y no se realiza el esfuerzo indispensable para elaborar propuestas programáticas pertinentes para enfrentar la problemática de la sociedad, y se apuesta todo al arrastre y prestigio de su principal dirigente nacional. No lograrán el propósito de posicionar a Morena como un partido diferente porque las prácticas y la fama pública de varios de los posibles candidatos ungidos como promotores de la soberanía nacional (PSN) representan todo lo contrario a la esencia del discurso oficial de Morena. Así las cosas, pueden ir en soledad con esas fórmulas y no se distinguirán ni siquiera del priísmo más dinosáurico: la población observará a los candidatos de Morena ejerciendo las mismas prácticas que el resto de partidos, lo que también lastimará el prestigio del propio Andrés Manuel López Obrador.

Es conveniente recordar que la expresión política encabezada por los hermanos Monreal ha sido un componente importante en el polo político que ganó las elecciones de gobernador en 1998 y en 2004, pero también fueron un factor igual de importante en su ruptura y debilitamiento. Ellos y la mayor parte de quienes militan ahora en las izquierdas zacatecanas, sobre todo sus dirigencias, han compartido triunfos y fracasos y en ese conglomerado de grupos y personalidades nadie puede presumir ninguna superioridad ética o moral, al contrario, todos están obligados a hacer un gran esfuerzo para realizar un ejercicio de autocrítica radical (que se exprese en los hechos y no en las palabras), si desean que la sociedad los vuelva a percibir como una alternativa. Ese es el reto de todos, no sólo de los Monreal, y su superación no se logrará repitiendo las conductas sectarias de los últimos 8 años. Antes al contrario, la presentación de diversas candidaturas sólo confirmará la percepción más negativa de la clase política en su conjunto, la de que sólo se preocupan por sus intereses particulares. Responder en serio a los graves problemas de Zacatecas implica mostrar una gran responsabilidad para crear un gran polo opositor como en 1998, en el que el discurso de Morena puede jugar un papel refrescante y regenerador. Intentar ir solos a demostrar una superioridad ética inexistente será infructuoso; nadie se los creerá.

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