Una civilización que (se) educa y avanza

Una civilización que (se) educa y avanza
  • El Canto del Fénix

Sin temor a exagerar o caricaturizar, podemos decir que las Tecnologías de la Información y Comunicación se consolidaron cuatro mil años antes de la era cristiana. En efecto, cuando los fenicios descubrieron que sus escritos en lodo podían tornarse imborrables al meter esa masa acuosa al horno llegó la segunda gran revolución de la información. La primera, más antigua, fue la transmisión o tradición oral, promovida en el formato de bendiciones en la agonía o transmisión de estrategias y conocimientos valiosos alrededor de la fogata.

La invención de tinta y papel e incluso la imprenta inventada por los chinos constituyeron tercera y cuarta sacudidas de este proceso de TICs. Gutenberg no inventó la imprenta, sino los tipos móviles en ella, y eso permitió la masificación de libros y su alcance para las clases medias. Antes de eso prevalecían los contratos de grandes señores y sus copistas de cabecera: personas que sí sabían leer y las que no, porque su destino era sólo trabajar.

El lápiz de grafito y la pluma independizada del botellín de tinta son otros pasos en este avance. Alguien decidió que la imprenta alemana del monje se convirtiera en artefacto personal, compacto, y por eso surgió la máquina de escribir. Teléfono, telégrafo y televisión vinieron a estrechar más los límites del mundo.

Surgida en el contexto militar, por el temor a un ataque en que las sociedades del planeta quedaran incomunicadas, la amplia red mundial o world wide web potenció su masificación al público en la década de los años 90 del siglo pasado con un poderoso paladín: el correo electrónico, ése que acabó casi completamente con las esperas de dos o tres semanas establecidas por la dinámica postal tradicional.

Junto con las TICs también la práctica docente ha cambiado, y del profesor de vara y microscopio hemos pasado al de teléfono celular inteligente y computadora llena de presentaciones que elabora o toma prestadas para impartir mejor sus clases. Hemos llegado al profesor multimedia, que da su clase con minitablet y señalador con luz roja que integra también un pasador de diapositivas. El registro de observación ya no es en libreta, sino en la laptop abierta durante las clases, y los mismos alumnos buscan videos en Youtube para “vestir” sus presentaciones Powerpoint o Keynote. La ola educativa y tecnológica avanza con pasos tan amplios que indirectamente pululan ya los que se creen conferencistas, y han diseñado sus glosas en presentaciones plenas de efectos especiales e imágenes impactantes.

Nunca como ahora ha venido tan bien armada la Educación. Está renovada en sus “cómos”, aunque a menudo algunos insisten en dejar los mismos “qués”. Por eso insisto en que de todos los involucrados en la tarea educativa depende que aprovechemos tantas herramientas o bien, como muchos frente a la vida y el aprendizaje, sólo las veamos pasar o, peor, disfracemos de avanzada los conocimientos cuadrados y anquilosados.

Hay avances convertidos en TICs. ¿hay también profesores que gracias a aquéllos consolidan su vocación de educadores? El esfuerzo que ahora miro en mi contexto responde que sí, aunque pocos. Ojalá esa respuesta positiva se expanda y avasalle por todas las sociedades y las vuelva más justas, más humanas y, sobre todo, más enriquecedoras. ■

 

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