Comunidades de Jerez, en el abandono por falta de políticas públicas adecuadas

Comunidades de Jerez, en el abandono  por falta de políticas públicas adecuadas

■ Localidad de Río Florido tiene 170 habitantes, la mayoría ancianos; los jóvenes emigraron

■ Las autoridades gastan muchos recursos pensando en hacer los festejos “en grande”: lugareños

Un camino pavimentado serpentea entre las viviendas y unos muros construidos con piedras apiladas, impecables, flanquean la ruta. Las casas que la rodean tienen aspecto humilde.

También se ve una fachada amarilla y brillante, como recién pintada. Se trata de la escuela primaria de la comunidad de Río Florido, en el municipio de Jerez. Parece un edificio prácticamente nuevo, preparado para albergar en sus aulas a estudiantes y maestros, pero está vacío.

En el jardín de niños Pedro Coronel tampoco hay nadie. Este es el edificio que da la bienvenida a la localidad, antes llamada El Ranchito del Señor de Roma y, aquí sí, el columpio oxidado, las ventanas con cristales rotos y el letrero casi borrado con su nombre, dejan claro el abandono.

Hace tiempo, más de 100 alumnos abarrotaban los salones de estos espacios, jugaban en la cancha y llenaban de vida todos los rincones; grupos de jóvenes, adultos y personas mayores paseaban entre los muros de piedra y convivían en las plazas públicas.

Ahora, 30 años después, pese a mantener su belleza estética, lo que quedan son únicamente calles desiertas, espacios de recreación vacíos, una escuela cerrada y, como colofón, menos de 170 habitantes, la mayoría de ellos, además, de edad avanzada.

Ahora, luego de tres décadas de abandono paulatino, “sí se siente la soledad, se siente más”, dice María Nieves Correa Rodríguez, oriunda de Río Florido.

La migración forzada, en parte por la falta de oportunidades, ha ido desolando esta comunidad de Jerez, como señalan sus habitantes. Pero el fenómeno no es privativo de esta zona, sino que se replica en otras regiones de Zacatecas.

Aunque en la actualidad se ha acentuado el proceso de retorno de migrantes al territorio nacional, debido a las dificultades económicas y el desempleo en Estados Unidos, según explica el académico de la Universidad Autónoma del estado (UAZ), Miguel Moctezuma Longoria, hay varios municipios que aún presentan el fenómeno contrario, el del abandono en las comunidades rurales.

Principalmente, advierte, son personas de entre 17 y 26 años las que se marchan, “un ejército de gente joven”. De alguna forma, expone, son seleccionados intencionalmente incluso por las propias políticas migratorias; “se pueden ir sólo los que están en mejores condiciones físicas, los que tiene más resistencia, los que son más persistentes y los que son más desafiantes”, concluye.

María Nieves Correa y su esposo Eleazar Contreras observan cómo se va quedando sola la comunidad de Río Florido, perteneciente al municipio de Jerez. La falta de oportunidades laborales y nulos apoyos por parte de las autoridades provocan un significativo éxodo hacia Estados Unidos y otros destinos ■ fotos: Benjamín Contreras

Fundamental, impulsar economías de subsistencia

Sin embargo, hay un papel fundamental de las autoridades para lograr fortalecer la actividad económica en estas localidades del ámbito rural, a fin de mejorar las posibilidades laborales y las oportunidades que se tienen.

El académico señala que la estrategia que debe seguirse para lograr este objetivo es la de apoyar las economías de subsistencia, es decir, las relacionadas con la actividad agrícola y pecuaria.

“Estoy pensando en la (agricultura) de granos, en la no comercial, en la pequeña ganadería, en la extracción de productos selváticos como el orégano, incluso el uso de madera; hay cosas de ese tipo que pueden sernos útiles para fortalecer el establecimiento de las poblaciones en el campo”, explica.

Sin embargo, sentencia que hay un problema en el estado porque las autoridades “no se apoyan en el conocimiento para tomar definiciones de política pública. Si revisamos lo que hay de política migratoria, nos damos cuenta de que no tienen ni un diagnóstico; esta clase política actúa más por inercia.”

La falta de acciones concretas de fortalecimiento de las pequeñas comunidades y, en ocasiones, la errónea aplicación de los recursos públicos por parte de los gobiernos de todos los niveles, empezando por el municipal, ha sido denunciada, por ejemplo, en territorio jerezano.

Una situación que ha sido advertida por habitantes de la región, principalmente comerciantes, pero también por María Nieves, de Río Florido, y su marido, Eleazar Contreras Vega, a quien se le conoce como Chalo.

Por ejemplo, resalta el gasto millonario que se ha venido realizado desde el año pasado en los festejos de la Feria de Primavera de Jerez, por parte de la administración hasta hace poco encabezada por José Manuel Viramontes, actual aspirante a diputado federal por el PAN en el Distrito 2.

Este destino de los recursos ha sido objeto de críticas y ha causado indignación por los pocos beneficios que deja en el grueso de la población, tal y como han señalado en diversos sondeos los propios jerezanos.

Nieves opina que, en vez de destinar un presupuesto tan elevado a estos eventos, es preferible que “hagan cosas mejores, más importantes”; sobre todo, comenta que el gobierno municipal debería enfocarse en impulsar acciones “que nos duren y no que por un ratito se hagan y no dejen nada de provecho”.

Chalo coincide con su esposa y asegura que las autoridades gastan muchos recursos pensando en hacer los festejos “en grande”. Sin embargo, concluye que “acá nosotros de eso no tenemos nada, no queda nada, más bien se van las inversiones que uno tiene ahí en las fiestas”.

El abandono que existe hacia estas comunidades ha derivado en la necesidad de sus habitantes de dejar su lugar de origen, como explica este jerezano, y así buscar el que denomina como sueño americano.

“Nuestra motivación siempre fue para superarse un poco más porque aquí no hay mucho de qué vivir, el trabajo es escaso y las ilusiones de ir a Estados Unidos es para vivir mejor”, comenta.

El académico Moctezuma Longoria subraya en ese mismo sentido que la migración mexicana, y por tanto la zacatecana, es fundamentalmente laboral.

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Falta de empleo, un problema que persiste

Agregó que el despoblamiento de algunas localidades rurales no sólo se da por la partida de aquellos que buscan llegar a Estados Unidos, sino que también por los que se van a los centros urbanos más habitados como Zacatecas, Guadalupe y Fresnillo, “donde toda la actividad educativa, de servicios, genera una procesos de atracción poblacional”.

Un pequeño cuadro de cerámica, colgado a un lado de la puerta de la habitación que contiene el dormitorio y la sala, es un detalle que recuerda el pasado de Chalo como migrante; un elemento ornamental que mantiene vivos, en el día a día de este matrimonio, los 13 años que Eleazar estuvo en Estados Unidos antes de regresar a Jerez y comenzar una vida compartida con María Nieves.

Es una oración en inglés que reza: “Thou shalt love the lord thy god. Thou shalt love thy neighbour as thyself” (Amarás a Dios tu Señor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo).

Más de una década estuvo Eleazar en la ciudad de Costa Mesa, California, viviendo con otros mexicanos y tratando de ahorrar la mayor cantidad de dinero posible, como él mismo explica, para después mandárselo a la familia que dejó en Río Florido.

Salió de casa a los 17 años, como casi todos sus hermanos. Fue al regresar, ya con 30 años, cuando se casó con Nieves. La mujer cuenta que “me conoció y decidió quedarse aquí porque decía que allá (en Estados Unidos) era mucha la presión. Decidimos casarnos y quedarnos acá con sus papás. Inclusive vivimos con sus papás, tenemos 25 años aquí, en la misma casa, todos juntos viviendo aquí”.

Este fenómeno, el del retorno incluso de familias completas, es otra de las aristas de la migración en la actualidad. El investigador de la UAZ comenta que los mexicanos que están volviendo a sus comunidades tienen entre 30 y 39 años, por lo que llegan en edad para trabajar.

Sin otras opciones, asegura, buscarán incorporarse a los mismos empleos precarios que dejaron al marcharse. Esta inercia, subraya, provoca un empobrecimiento de los hogares, pues no se incrementan los ingresos pero sí el número de miembros de la familia que deben sostenerse en una vivienda.

Al principio, tras la vuelta de Chalo a Río Florido, hubo ocho años de bonanza con la plantación de durazno. Sin embargo, la falta de apoyo técnico y de políticas de explotación adecuada de este cultivo derivaron en problemas de plagas y de sobreproducción de esta fruta, que finalmente fueron las causas por las que se terminaron los beneficios que tenían.

Al caer el precio de este cultivo, explica el jerezano, decidieron empezar con la siembra de maíz y ahora también tienen algo de frijol.

En total son 17 hectáreas las que trabaja, pero “los gastos son muy fuertes, lo que invierte uno ya la cosecha no lo da”. La única salida que reporta ciertas ganancias, dice, es la venta del ganado que tiene.

 

El abandono se agrava con los años

Su esposa Nieves trabaja igualmente en el campo. Desde las 6 de la mañana se levantan los dos para laborar en el campo y atender a los animales. Pero, además, ella se desempeña como auxiliar de enfermería; es quien atiende las emergencias en Río Florido y ayuda al médico cuando va a la comunidad, una o dos veces al mes.

La escuela cerrada es signo inequívoco del envejecimiento de la población de Río Florido. Desde este año, sus siete alumnos deben trasladarse a la comunidad El Porvenir, a 10 minutos de distancia, para asistir a clases.

Casi no hay niños ni jóvenes en esta localidad. Nieves asegura que “la gente se va casando, ve que aquí no hay otras soluciones más que salir y se van saliendo de la comunidad”. De seguir así, tiene claro que su pueblo no tardará más de 20 años en quedarse solo; y Chalo también lo piensa.

Sin embargo, no es posible que las autoridades dejen al margen las localidades rurales como Río Florido porque, como expone el investigador Moctezuma Longoria, “para el Estado es estratégico conservar su propia vocación productiva”, fortalecer cultivos como el frijol y, en general, impulsar las economías de subsistencia que tienen su base en los ejidos y pequeños propietarios.

Apoyos para el trabajo y mejorar su economía, precisamente, son dos elementos que Nieves y Chalo señalan como necesarios para que reviva la comunidad, para que se recupere la confianza de sus habitantes en poder tener un mejor futuro sin necesidad de salir de su pueblo, si lo que se quiere es quedarse en ella.

Eso significa, dice el investigador, “romper con las viejas formas de conducir el estado y actuar con responsabilidad”. Todo, con el objetivo de evitar el abandono de estas tierras y con la meta de no sentir la soledad que, según Nieves, se respira ahora en los rincones de Río Florido.

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