Tortas japonesas

Tortas japonesas

Como fuera su inveterada costumbre lejos del bullicio de los reflectores y del carnaval futbolero,  para la consternación y  honda preocupación de los escasos entendidos del acontecer nacional silenciosamente hizo mutis el hombre público quizá más eficaz y socialmente responsable habido en el México de  las últimas décadas;  consumado político y callado artífice de la paz en los pocos sitios donde aún se respira; tejedor formidable de alianzas y negociador incansable de de treguas y armisticios; respetado interlocutor de los hombres de poder político y económico; eficaz procurador de  justicia y seguridad para los ciudadanos del común; forjador de instituciones; etcétera; todo ello no sólo sin las onerosas celebraciones carentes de contenido y el boato insolente con qué acostumbran conducirse quienes disponen de fondos públicos sino todo lo contrario; dicho todo esto por supuesto en términos no absolutos sino relativos, en contraste y por decirlo en la jerga de temporada, por default. Descanse en paz así pues el señor José Esparragoza Moreno (a) El Azul.

Es verdaderamente lamentable que los habitantes de esta ciudad seamos tan pero tan desaprensivos, y tenga que ser una señora Castellanos, de la que no teníamos hasta ahora noticia, a través de la honesta y objetiva prensa local, quien nos haga saber, por medio de una alocución pronunciada en Brasil, ante un organismo dependiente de la ONU, que nuestro mandatario local es un enamorado de la ciudad; que  “ha invertido para embellecer y cuidar el Centro Histórico como pocos en el mundo”; y  que los desagradecidos de nosotros ni  cuenta nos damos –habría podido añadir-; ya que no hemos visto sino aparecer  adefesios y obras de mantenimiento que empiezan tarde, mal y nunca; y que cuando terminan hay que volver  a empezar; todo ello, desafortunadamente, porque no vemos las cosas positivamente.

Cuando aparezcan estas líneas estaremos los zacatecanos viviendo acontecimientos sin precedente,  muy difícilmente con algún paralelo en el porvenir; pues hasta donde sabemos en Hiroshima y Nagasaki conmemoran con  solemnes ceremonias  sus devastaciones  respectivas, y  a nadie en sus cabales  a propósito de las mismas se le ocurriría llevar a cabo algo parecido a una fiesta; todo ello quizá porque a diferencia de los mexicanos, y por ende los zacatecanos,  a los japoneses las calaveras no les pelan los dientes; y carecen por lo mismo sus gobernantes de sentido del humor, en este caso totalmente involuntario. ■

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