Javier Molina, el sub Marcos y los condones

Javier Molina, el sub Marcos y los condones

El pasado fin de semana en las instalaciones de la Fototeca del estado, se inauguró la exposición fotográfica que muestra, desde el sábado 14 por la noche, imágenes de las horas y días decisivos de la Batalla de Zacatecas.

Hablaron los directivos de ese organismo adscrito al Instituto de Cultura del estado, Ramón López Velarde, y un funcionario responsable de estos menesteres; resaltó la presencia de una mujer originaria del estado de Hidalgo que en los últimos años ha estado involucrada con la Fototeca. Ella regaló uno de los diez libros hechos a mano. Estos sí he-cho-s a mano. Presumió que otros están vendiéndose en España.

Entre los cientos de asistentes, casi apilados en el pequeño patio, estaba Javier Molina, periodista, escritor y poeta chiapaneco. Lo descubrí y sin más al final de la apertura y los bocadillos y bebestibles como diría Juan Antonio Sánchez, conocido por el gremio como Jean Antoine (o como decimos usted y yo: yan antuá), nos pusimos a conversar largo y tendido. Más largo que tendido.

La plática comenzó por saber de su madre. Él sólo respondió que había muerto hacía varios años. ¿Oye, pues desde cuándo no nos veíamos, Juan? Luego de un momento de memoria le dije: creo que desde los días del conflicto armado en 1994, allá en tu terruño: San Cristóbal de las Casas. Desde esos días. Ya son muchos años.

Le aseguré que sabía de él por mi hermano. Que estaba bien y que seguía colaborando para La Jornada y escribiendo libros de poesía.

Hechas las actualizaciones, nos detuvimos en las horas que pasamos en el bar del Hotel Diego de Mazariegos, tratando de dar con quién estaría detrás de los comunicados del EZLN firmados por el subcomandante Marcos.

Recordamos como él -Javier- aseguraba que el tipo que escribía esos textos era una gente muy preparada y que conocía la sensibilidad de los medios porque resulta que siempre daba nota a todos. “Te has fijado que nunca decepciona, siempre tiene algo chacotero o firme y duro para los medios y obviamente envía mensajes a Gobierno Federal”, decía en aquellas chorchas entre libaciones y fumadas.

Molina pidió irnos a un lugar donde tomáramos café, té o un trago y poder continuar con la sabrosa plática. Pedro, Jaime Robledo, Sergio Mayorga, Carlos Segura y otros invitados llegamos a un café famoso por su apertura y mantener sus puertas abiertas hasta entrada la madrugada de cualquier día.

Javier me decía entre gritos que recordaba cuando el sub Marcos se levantó el pantalón y mostró parte de su blanca piel antes de ingresar por una de las puertas laterales a la Catedral, luego de la travesía de la selva hasta la ciudad Coleta. Le precisé que fueron los fotógrafos de los cientos de medios que ahí había, quienes le gritaron al líder guerrillero volteara hacia el templete destinado para los camarógrafos y fotógrafos.

Le platiqué que integré el equipo de logística y medios del entonces Comisionado para la Paz y Reconciliación en Chiapas, Manuel Camacho; le conté cuando fuimos por ellos al pie de la carretera. Y me escuchaba decirle que en esas fechas no teníamos miedo que el miedo y hasta gran temor se presentó la tarde-noche del 23 de marzo  cuando se supo del fallecimiento de Luis Donaldo Colosio, luego de los sucesos de Lomas Taurinas. Horas de incertidumbre.

Estuvo cabrón entonces…pues la verdad no sabía que estabas con Camacho. Suponía que andabas reporteando para algún medio del Distrito Federal…yo me quedé que estabas en Canal Once, con El Patán (apodo del periodista Miguel Ángel Velázquez). Nosotros vimos las escenas de lo de Colosio y nos olvidamos de Chiapas…

Otro retazo de la memoria entre Molina y yo fue cuando los diálogos en la Catedral de San Cristóbal. Le dije que nosotros jugamos un papel decisivo para las cobertura de todos los medios, pues el subcomandante había ganado, hasta antes de la llega de Camacho, la batalla mediática.

Uno de esos días cuando luego de algunas conversaciones, tanto el Comisionado Camacho Solís como Marcos solicitaban vía el padre Samuel Ruíz. Ver a los medios en el interior de la Catedral. Antes del ingreso de los reporteros, se colocaron arcos de seguridad en la explanada que está entre el edificio de la presidencia municipal y la Catedral, desde donde se revisaba de manera minuciosa los equipos de camarógrafos y reporteros. Los reporteros y reporteras ingresaban con sus morrales y bolsas previa revisión.

Una mañana antes del inicio de una conferencia conjunta entre el EZLN y el Comisionado Camacho, el sub se acercó a los reporteros y pidió que fuera de grabadoras le dijeran cómo estaban las cosas allá afuera. La mayoría de las mujeres, reporteras o no, idealizaban al insurgente. Lo veía guapo y apuesto detrás del pasamontañas. Pero una de ellas de nombre María García de una revista, sacó de entre sus pertenecías un sobre con un preservativo y sin más le espetó: “Te regalo este condón para que lo usemos una noche de estas…”.

El subcomandante lo tomó pero inmediatamente lo entregó a uno de sus compañeros que estaba a su izquierda. Dio media vuelta y se retiró sin decir palabra. Sólo una bocanada de humo salió rauda de la pipa que apuraba el vocero de los alzados, que por cierto así se llamaban los condones que se vendían en los alrededores de la Catedral, hasta donde una madrugada Patricia Ruiz Anchondo llegó a dar las mañanitas a los rebeldes que ahí pernoctaban.

Javier Molina asintió y sólo pidió continuar la plática cuando presente su nuevo libro de poesía, esa que pergeña en una pequeña libreta que carga para todos lados. ■

 

*Director de Información. Cámara de Diputados.

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