Tortas japonesas

Tortas japonesas

Difícilmente acontecimientos como la orden de aprehensión contra un criminal de cuello blanco y la captura de un criminal a secas resultan buenas noticias; toda vez que la experiencia de algunas décadas cuenta una historia distinta; desde por lo menos el gobierno de Miguel de la Madrid la captura de capos ha sido parte de la programación normal de las televisoras, sin que las actividades delictivas hayan dejado de crecer a tasas superiores a las de la economía china.

Más aun: anuncios como la recaptura de El Chapo Guzmán, por cierto el capitoste menos instalado en la irracionalidad, han sido repetidamente usados para distraer la atención de verdaderos atentados, alias medidas dolorosas pero necesarias, contra la población. Será mejor así pues que compremos francos suizos, y ofrezcamos lo que sigue como sacrificio al Señor.

Sin palomitas o refrescos, pagando un boleto nunca solicitado en ninguna taquilla, en funciones de permanencia obligatoria nos soplamos el enésimo remake de la (poco) gustada y crecientemente costosa superproducción, con una cada vez más pintoresca dirección, de la película denominada Universidad en déficit.

¿No sería ya hora de adoptar nuevos mecanismos de producción, y contratar nuevos guionistas, de esos que meten a los villanos al bote, y ver por fin un final feliz? ¿Dreams are for free?

Acostumbraban, los gobiernos priístas anteriores a la alternancia, tras imponer a sus candidatos mediante el uso extensivo de un inagotable repertorio de marrullerías, incluida la infalible receta del doctor Figueroa: “a los opositores encierro, destierro y entierro”; esforzarse en reconquistar electores mediante una serie de concesiones y políticas populistas, y ganar así los comicios siguientes de una manera menos atroz. Actualmente no es así. ¿Será acaso que…?

“Y como hechos son amores y no buenas razones, según indica la sabiduría popular, al comunicar que no se va a celebra el gober comatoso si no con hechos cuando menos con desechos el Día del Amor y la Amistad”; a propósito del no excesivamente saludable mandatario michoacano, intenté escribir en la entrega anterior de esta columna; pero un sagaz redactor discurrió que seguramente quería yo decir algo distinto, y sería por tanto menester agregar al texto una “ere” y una coma, por lo que el asunto quedó de las de acá: “Y como hechos son amores y no buenas razones, según indica la sabiduría popular, al comunicar que no se va celebrar, el gober comatoso…” ¿Qué quise decir entonces? Francamente no lo sé. ■

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