Subjetivaciones rockeras / De los primeros acercamientos

Subjetivaciones rockeras / De los primeros acercamientos

De los primeros acercamientos

No quiero hacer generalizaciones, pero pienso que los primeros acercamientos al rock, a muchos nos ocurrieron de manera similar, ya sea que en la radio escuchamos algún tema que llamó poderosamente nuestra atención, que en la televisión vimos algún video que fue por demás atractivo, o que en casa nuestros padres tenían algún disco cuya portada era fantástica, o un cassette al que por una u otra circunstancia le pusimos ‘play’. Lo cierto es que en todos los casos, esa canción en particular cambió nuestra forma de concebir la música, marcó, inevitablemente un antes y un después en nuestros gustos musicales y, por qué no decirlo, en nuestras vidas. No significa que hubieran cambiado de un día para otro, pero sí llegaron a ser una puerta (y en mi caso, fue ciertamente The Doors) hacia un mundo sonoro totalmente novedoso.

Disculpen que me ponga anecdótico, pero durante aquellos cada vez más lejanos años, algunos jóvenes como su servidor coincidíamos en lo mismo: aquel deslumbrante descubrimiento era algo que queríamos dar a conocer y compartir. Estábamos como niños con juguete nuevo y nos resultaba increíble que no hubiera más personas que compartieran nuestro gozo. Lo que siguió fue investigar un poco más sobre el grupo que interpretaba esa tan reveladora pieza, y en esa búsqueda, de lo que nos percatamos, era de que no se trataba de un fenómeno aislado; relacionado con esa agrupación, había toda una pléyade de bandas y músicos, pero que era consecuencia de otras anteriores y fundamento de las venideras. El rock se convirtió en un entramado que aparentaba dejarse asir en un primer momento, ya que nadie podía negar a sus pilares.

Posteriormente, lo que pretendí (espero se me perdone la primera persona) fue encontrar conocidos (de preferencia, de una edad afín) que compartieran mi recién descubierto gusto, y eh allí la primera decepción (al menos para ese momento), que eran muy pocos los que disfrutaran del género. Menciono líneas arriba que de preferencia uno pretendía encontrar personas con una edad afín, porque la intención era la de divertirnos en plena confianza y platicar en torno a las canciones, los grupos, los subgéneros y sus estilos, y eso resultaba más difícil o incómodo con personas mayores. Cuando encontraba a algún camarada que me decía que gustaba de escuchar rock, procuraba platicar con él al respecto, si coincidíamos en una fiesta, mucho mejor, pero créanme que no fueron pocas veces las que me topé con presuntos rockeros que, al primer tequila, pedían a gritos las de ‘Chente’, digo, cada quien sus vicios.

No obstante, iba resultando cada vez más frustrante el no tener a alguien con quien platicar acerca de algo que me emocionaba sobremanera; afortunadamente, fueron dándose las coincidencias, y me topé no sólo con rockeros, sino con verdaderos conocedores y críticos de cada una de las expresiones del género, amigos que aún conservo y a los que les guardo un especial aprecio y admiración. Dentro de esas amistades (tanto los cercanas a mi generación, como las ya mayores y contemporáneas a mi padre q.e.p.d. y a mi tío paterno), no faltaron los que me preguntaban “¿Te gusta tal o cuál grupo? Qué bien, pero ¿ya escuchaste este otro, que es el que le influyó en su propuesta?”

Aquello resultaba emocionante, porque era un aprendizaje continuo, no dejaba de escuchar casi a diario grupos que me resultaban novedosos, algo nada fácil para la época a la que me refiero, y quienes, como su servidor, vivieron su adolescencia y su juventud sin televisión por cable, sin teléfonos celulares, sin pc’s ni Internet, me comprenderán. Se trataba de andar en la búsqueda y la visita constante de los amigos que poseían (y poseen) impresionantes colecciones discográficas, de ‘demos’ o de cassettes originales y grabados; en la medida de las posibilidades, juntaba una ‘ronchita’ para comprar un disco o cassettes vírgenes, y acudíamos al auxilio de estas amistades para que nos grabaran tal o cual producción.

El cd llegó un poco después, pero en principio no encontrábamos todo lo que buscábamos en ese innovador artefacto; poco a poco, comenzó a ganar terreno, sobre todo cuando empezaron a abundar las computadoras personales. Entonces, comenzaron a circular los primeros discos compactos grabables, ya que en los ordenadores se podían reproducir algunos discos con una calidad impresionante; se empezó a utilizar el término “quemar” para sacar la reproducción de algún cd, aunque no faltaba quien lo usara también en sentido figurado. La música comenzaba a ganar terreno en mi mente, y el rock, a diferencia de como se me presentó en un primer momento, se redibujó.

Gracias a ese gusto creciente por el género al que me refiero, llegó otro igual de apasionante, el de la lectura; para mí fue sorprendente darme cuenta, gracias al tío citado líneas arriba, que el rock no se remitía únicamente a músicos, grupos, subgéneros, estilos, discos y cassettes, sino que existía una inmensa bibliografía en torno a él y a sus hacedores; de hecho, como ya lo mencioné en una ocasión anterior, el primer libro que leí completo fue el titulado ‘Nadie sale vivo de aquí’, autoría de Jerry Hopkins y Danny Sugerman, que es una interesante biografía del llamado “Rey Lagarto”, Jim Morrison, vocalista del grupo The Doors, en el que descubrí acerca de la pasión de este personaje, por la poesía maldita y por la filosofía, en especial la de Nietzsche (todo eso fue un gancho para leer otros textos). Posteriormente, encontré más amigos con los que podía escuchar, conocer y platicar sobre rock, en especial en sus expresiones más intensas: el heavy metal, el thrash, el speed, el power, etcétera, y con ellos, apareció otro concepto por demás interesante, el ‘underground’, otra puerta a un mundo fascinante, pero de ésta hablaré, si me lo permiten, en una próxima subjetivación.

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