Luis Sánchez, preceptor pinense

Luis Sánchez, preceptor pinense

La profesión de maestro nunca ha sido valorada en términos de las remuneración que se otorga por su trabajo. Aún hoy en día quienes probaron las mieles con el ingreso y promoción en carrera magisterial, que está por desaparecer con los nuevos ordenamientos de la Reforma Educativa aprobada y sus leyes reglamentarias, salvo los que están en los tres niveles más altos, los salarios siguen siendo bajos. Los sueldos o salarios de profesor históricamente han sido insuficientes. Veamos sino un botón que sirve de muestra, el caso del preceptor pinense Luis Sánchez, quien se desempeñaba como preceptor en el tiempo en que Francisco García Salinas, Tata Pachito, fungía como gobernador de Zacatecas.

Debido a los raquíticos sueldos que no cubrían las necesidades y expectativas de algunos maestros, también se presentaron manifestaciones de resistencia a trabajar sino se les pagaba el monto que el interesado demandaba. Máxime si eran asignados a “pueblos miserables” como ocurrió con el caso que enseguida comentaremos. Luis Sánchez fue alumno del grupo de preceptores en servicio que acudieron becados a la Escuela Normal para tomar el curso sobre el método de enseñanza mutua, impartido por el maestro Ygnacio Ribott. Formó parte de la primera generación de la Escuela Normal integrada por preceptores que enviaron los partidos para que se capacitaran. Estando como director de una la escuela de Pinos, se le envió a la capital a instruirse en el famoso método a condición (como los que asistieron de los demás partidos, con ayuda del gobierno para cubrir su alimentación y renta de piso) de que al concluir el curso regresarían a su lugar de origen para que establecieran nuevas escuelas y enseñaran con el método lancasteriano. Al volver a Pinos, Sánchez dirigió una carta al presidente y los vocales de la JDEP manifestándoles su inconformidad por lo que esa municipalidad le pensaba pagar. No obstante las razones que argüía, aceptaba cumplir con el compromiso contraído al momento de ser enviado a actualizarse a la capital, diciendo que: “En prueba de mi buena disposición para servir en aquella municipalidad, no exijo ya que se me asigne todo el sueldo que debo disfrutar según la ley del nueve de junio referida,1 bastará que se me den quinientos pesos para poder subsistir siquiera con algún desahogo entre tanto los fondos se reponen. Esta petición, creo no habrá dificultad en acceder puesto que la mayor parte de los profesores disfrutan su sueldo ya conforme a la ley predicha”.2 El sueldo que fijó la Ley General de Enseñanza Pública (LGEP) del 9 de junio de 1831 para los preceptores de escuelas de primeras letras fluctuaba entre los 200 y mil pesos anuales, dependiendo del tamaño de la población y matrícula de la escuela.

Al preceptor Luis Sánchez, el ayuntamiento de Pinos, exhausto de recursos, sólo le ofrecía 200 pesos, cantidad que él considera insuficiente para poder mantenerse con todo y que no tenía aún familia. Conociendo la postura del susodicho, Nicolás de Luna, presidente municipal, comunicó la situación a la Junta Directiva de Enseñanza Pública (JDEP) en espera de que el preceptor se decidiera o no por lo que se le ofrecía.3 No se conoce la respuesta que la junta dio al reclamo de Luis Sánchez. Al parecer no le quedó otro remedio que aceptar la única oferta que se le hacía. En el año de 1834, en que Luis Sánchez reclamaba el pago justo y el respeto sus derechos, parece asignado con 200 pesos como en la Hacienda de San Nicolás, del mismo partido de Pinos. Tres años después de que el maestro Luis Sánchez dirigiera su carta a la JDEP, los fondos municipales para la enseñanza de Pinos seguían exhaustos y el maestro renegando de su situación. Al decir del jefe político de aquel mineral, que debió de atravesar por un periodo de abandono, sólo ingresaba a las arcas del municipio lo correspondiente al 15 por ciento de los fondos para la enseñanza proporcionado por la Administración de Rentas. La única expectativa por entonces del municipio era que se pagaran las pensiones de las testamentarias de don Luis de la Rosa y la de su hija, doña Mariana. El maestro Luis Sánchez se negaba a trabajar en la escuela de la cabecera de ese mismo partido por los 16 pesos mensuales que le ofrecían. Solicitaba que se le pagara por lo menos lo doble de esa cantidad, pues no estaba dispuesto a dirigirla por menos de un peso diario. Sin embargo el Consejo de Gobierno que para entonces había sustituido a la JDEP no aceptó tal petición y a cambió acordó hacer la siguiente propuesta que entre otras cosas decía: “… el estado actual de los fondos de enseñanza no alcanzan ni con mucho para pagarle aquel honorario. Que en tal virtud el Consejo no puede disponer otra cosa sino excitar el celo del señor Jefe Político y el ilustre ayuntamiento para que proyecten arbitrios que mereciendo la aprobación del H Congreso puedan sacar aquella escuela del abatimiento en que se halla. Que el mismo señor Jefe Político reclame por su parte a quien corresponda el pago de la contribución que deben satisfacer las testamentarias referidas…”4 Consciente quizá de la difícil situación por la que atravesaba el Real de Pinos, posteriormente, tras ver frustrada su petición, el maestro Sánchez formuló una nueva. En esta ocasión, por medio de una carta particular en la que dice estar dispuesto a prestar sus servicios en la escuela de Pinos a cambio de 25 pesos mensuales de sueldo en lugar de los 30 pesos que había solicitado antes y le fueron negados. Terminaría aceptando 200 pesos anuales en el destino laboral de la Hacienda de San Nicolás de Quijas, hoy El Nigromante, mismo lugar en que nació el tecleador de estas notas. ■

(Endnotes)

1 Aquí el preceptor Luis Sánchez, se refería al decreto de ley aprobado el 9 de junio de 1831.

2 AHEZ. Jefatura Política, Instrucción Pública. Subserie, Generalidades, caja 2, 3 fjs. septiembre 19 de 1832.

3 Ibid., 10 de septiembre de 1832.

4 “Cuaderno borrador para los puntos de acuerdos del Escmo. Consejo de Gobierno”, 1834. Op. cit. fjs. 27 y 27 v.

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