1989 y 2013

1989 y 2013

Transcurría la mitad del sexenio de Genaro Borrego. Tras el “quinazo”, los charros del SNTE comenzaron a oír pasos en la azotea y el cacique en turno, aunque siempre se le veía rasurado, puso sus barbas a remojar. En aquellos tiempos los maestros disidentes al charrismo y a la oficialidad, que eran los mismos, luchábamos por democracia sindical y más salario. El castigo a los sueldos provocado por la recesión económica resultado de toda una década perdida, los ubicaba con una depreciación bárbara que cualquier aumento que se otorgara resultaría insuficiente para resarcir el poder de compra. Esa era la situación de todos los asalariados. Aquella lucha era claramente economicista. Las movilizaciones magisteriales de este año tienen como demanda el rechazo y derogación de la Reforma Educativa y las evaluaciones de que serán objeto los maestros, quienes corren el riesgo de ser despedidos de no salir bien librados después del tercer examen. Esta es la lucha por la defensa de la plaza de base. Una lucha por la vida (laboral) o lo que de ella queda. De ahí la convicción y el compromiso de los movilizados. Al cumplirse dos semanas del paro indefinido que estalló el lunes 14 de octubre y al observar las movilizaciones de este 2013, resulta inevitable compararlas con las de 1989. Ambas comparten coincidencias pero también tienen sus diferencias. Son los maestros disidentes del MDMZ-CNTE quienes iniciaron la insurgencia magisterial, aunque como hace 24 años se han sumado contingentes que, o se encontraban en la neutralidad sindical o eran partidarios del grupo hegemónico de las secciones sindicales. Entonces como ahora engrosaron las filas jóvenes rondando entre los 15 y 20 años de servicio en promedio. Las acciones como bloqueos a instituciones y edificios, marchas callejeras y mítines son compartidas por ambas experiencias. También son movimientos que no contaron con el consenso unánime de la población, que lo mismo son bien vistos que rechazados, aunque las protestas del 89 por lo inédito y novedoso, me parece fueron mejor vistas y apoyadas por amplios sectores de la sociedad civil y política.

En cuanto a las diferencias, estas son cualitativas. La lucha magisterial de 2013 tiene a su favor el apoyo de los padres de familia que ha sido más resuelto y visible. Esto marca una diferencia con el caso del 89. Entonces no pendía la amenaza de la privatización de la educación básica. No se había aprobado una reforma educativa como la actual que la hablar de la gestión que deberán hacer los padres para agenciarse servicios educativos y contribuir a mejor la infraestructura de los planteles, hace que el gobierno ensanche la brecha del incumplimiento de la gratuidad. Los padres de familia siempre han cooperado con sus escuelas con cuotas y trabajo, pero ahora con la nueva ley sus aportaciones se legitiman e institucionalizan. Por eso es que casos como las escuelas estatales de la Subsecretaría B en la cabecera municipal de Fresnillo y otras más han sido tomadas por los tutores pronunciándose en contra de la privatización de la enseñanza.

El movimiento del 89 fue definido por un referéndum donde ganó el “no” que representaba que los dirigentes de la Sección 34 siguieran con sus cargos. El de este año, por sus connotaciones nacionales, al parecer tiene como destino la derrota por cansancio de los inconformes y la probable suspensión de salarios, a menos que la lucha se generalice, se extienda y sumen un alto porcentaje de padres de familia en la mayoría los estados.

En la asamblea estatal del magisterio movilizado del miércoles 22, según nos fue informado a los paristas de la UPN prevalecieron tres posturas. La de continuar con el rechazo a la reforma educativa y derogación de sus leyes secundarias que al parecer sigue teniendo mayoría. La segunda apunta hacia la lucha por la conquista de las secciones sindicales previo estudio y conocimiento de los estatutos, educación política discusión y análisis. Al calor del movimiento, los disidentes creen ser la mayoría o estar a punto de serlo y no faltan quienes apuestan a esta empresa. Avanzar en el proceso de la democratización de las filas magisteriales hasta lograr la conquista del poder sindical. Finalmente, no faltaron voces que llamaron a un repliegue táctico, que a diferencia de las corridas de toros no sería una “graciosa huida”, sino que al regresar a las aulas se desmentiría a las voces que acusan a los maestros de ausentarse y no querer trabajar, para retomar las movilizaciones con nuevos bríos y “apasionada entrega”.

Escribo y envío por cuestiones de tiempo esta colaboración el jueves 23 al mediodía, cuando está por iniciar la marcha que se ha anunciado para esta fecha. Esta manifestación con plantón frente al edificio del Congreso del Estado podría ser la cresta de la ola del movimiento. Miguel Alonso ya enseñó los colmillos y amenaza con restablecer el orden recurriendo a la fuerza pública, pudiera ser que se le ha comenzado a agotar la paciencia o ya agotada la disimula. Ante un problema y a la demanda de derogar y echar abajo la reforma, pudiera actuar en consecuencia, lo que no está en su competencia según ha dicho por medio de sus voceros. La represión económico administrativa traducida en la retención de pagos que ya se ha aplicado a varios paristas, podría seguir e incrementarse. Acciones como la firma de la minuta de la semana pasada entre el gobernador y las dirigencias sindicales así como los foros para compaginar las leyes educativas federales y la de estatal de educación son sólo distractores de la lucha, acciones que buscan mediatizarla sin la solución radical e irreductible que demandan los maestros movilizados. Sólo queda esperar y estar atentos al desenlace de este combate por la historia. ■

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