Un rockcito para todos los roles / Rock progresivo en Zacatecas

Un rockcito para todos los roles / Rock progresivo en Zacatecas

Rock progresivo

El arte hecho rock llegó a Zacatecas por medio de los acetatos que los estudiosos adquirían en tiendas de importación. Premiata Forneria Marconi, Perigeo, Il Balletto Di Bronzo, Banco, Le Orme, Focus, Yes, Emerson Lake and Palmer o King Crimson fueron bandas muy escuchadas en los 70, y como cualquier género relacionado con el rock, el progresivo tardó dos décadas en arribar a México para darse a conocer en vivo y, por ende, las bases de la música de vanguardia fueron traídas a tierras zacatecanas 30 años después de haber surgido en Europa. La visita de Chac Mool y la High Fidelity Orchestra al Palenque de la feria de esta capital, a inicios de los 80, motivó fuertemente a los seguidores de la música culta, aunque en realidad el rock progresivo hecho por músicos zacatecanos se generó a mediados del 85, con el surgimiento de la agrupación Euterpe, que incluía en su repertorio algunas piezas originales de corte ‘progre’; allí estaban Víctor Chew en la batería, Arturo Escobedo en la guitarra, Manuel Guerras en el bajo, Arturo Márquez en la flauta transversa y José Antonio Chew en las vocales; Manuel Denna les apoyaba en las líricas. Excelente grupo que dejó escuela entre los aspirantes a músicos en el circuito rocanrolero zacatecano, de poca duración pero muy netos en su propuesta.

Luego vino Mario Morones, quien en 1987 ya incursionaba en esto de la música para inconformes, con Roberto Magallanes, un amigo; inició un proyecto de música electrónica, para continuar elaborando música para teatro. En la búsqueda, se dieron las condiciones para formar una banda que tocara, en sí, rock progresivo; casi era imposible aquí en Zacatecas; sin embargo, se dio el encuentro entre Mario Morones en los teclados, Eduardo Morones al bajo, Samuel Escobar guitarras y Aldo Corvera en la batería, para dar origen, en 1994, al grupo Retrospectiva, que tocaba ‘covers’ de Camel, Yes, Jethro Tull, King Crimson, entre otros. Mario continuó tocando con otros elementos, ahora en Aguascalientes, en 98 y 99, con Blues Wagon, en el Aguas Blues y en las Fiestas de octubre en Guadalajara en 2000. Por ese entonces entraron en contacto con el Baja Prog y el Rock Fest de Los Angeles.

Desde Perú, Flor de Loto vino a expresar la sensibilidad de una cultura ancestral fusionada con el ‘progre’

Los músicos de Flor de Loto ‘se discutieron’ con unos tremendos pasajes de la música andina, en armonía con los intrincados caminos de la vanguardia

Con motivo de una tocada en ‘Aguas’ al lado de un grupo español, se reunieron en enero de 2002 para tal efecto, y de ahí surgió la idea del grupo de rock progresivo Arbatel. Los integrantes disfrutaron mucho al tocar la música de su banda, y la participación que han tenido en los dos festivales Zaca Prog, al lado de los chilenos Akinetón Retard, un grupo español; Flor de Loto, de Perú, y Torre de Tiza, de Fresnillo, los han dejado muy satisfechos. El primer festival fue determinante para que Eduardo “El Chino” Morones se aventara el paquete de traer a tierras zacatecanas a la legendaria agrupación italiana Premiata Forneria Marconi, culpable de que Italia exportara al mundo un sonido que se quedó en el ambiente. Por fin, en Zacatecas se presentaba una banda de reconocimiento internacional, 30 años después, pero eso no significaba nada, la emoción era inmensa, la ansiedad por conocer a Franco y coequiperos no dejaba en paz a los adictos al rock en todas sus vertientes. Una vez adquirido el boleto (caro, para la mayoría de los asistentes), el grupo se dispuso a ingresar a la Plaza de Toros Monumental, sorprendiéndose Lorenzo por las largas filas que desde temprano permanecieron en espera del acceso.

Parecía que la afluencia iba a ser enorme, que la plaza reventaría, pero no fue así; una vez que la gente tomó sus lugares, semejaba más bien a un mitin de un partido político de izquierda, de esos que organizaban las gentes que ahora están en el gobierno, cuando sólo eran otro grupo más que intentaba conquistar el poder y que, ahora que lo consiguieron, no supieron qué hacer, todo lo echaron a perder, pero ya pagarán el precio de su necedad. Dos o tres mil personas trataban de centrar sus emociones para dejar que fluyeran en el momento preciso. El responsable de la revista ‘El parteaguas’, apresurado, agarraba cola a la vez que preguntaba por alguien que le hiciera el ‘paro’ para acceder hasta ‘backstage’ o algún espacio cercano; venía de Chihuahua y evidentemente estaba al borde del colapso. Vecinos de Nuevo León, San Luis Potosí, Durango, Coahuila, Querétaro, Guanajuato, Jalisco y, en su gran mayoría, de la ciudad de Aguascalientes, calentaban el ambiente con su distinguida y culta presencia.

Mario Morones y Arbatel, en el Zaca Prog 2007

El coso estaba enfriando como las acostumbradas tardes zacatecanas; comenzaba a caer la noche cuando aparecieron en escena los chavos aquicalitenses del Azote, quienes hicieron gala de esplendor en una propuesta por demás extraña, ni totalmente rock progresivo, ni tampoco ciento por ciento música folclórica, ni regional, era más bien un intento por fusionar la cultura aguascalentense con las corrientes europeas que, en base a tocar armonías de carácter progresivo, calentaron un poco a la audiencia, como preámbulo a los hermanos Morones, que ya se alistaban para subir al escenario. Arbatel es el nombre de la banda zacatecana que recién estrenó disco, consistente en un conjunto de piezas que hacían remembranzas del rock setentero de Yes, ELP o King Crimson. Los zacatecas tomaron como premisa la música culta con tendencias a la búsqueda del tan añorado rock progresivo que tantos seguidores tiene. Interpretaron el material que contiene el disco ‘Gamadión’. Tras angustiosos momentos de espera, comenzaron a instalarse lentamente unos personajes que reflejaban experiencia en estas lides. No iniciaban el concierto y se veía la molestia en sus rostros; las causas no fueron esclarecidas; tras bambalinas se escuchaba que los organizadores no alcanzaban a cubrir el total de lo acordado, sin embargo, eso quedó superado, y en un instante ya estaban sonando las pesadas y bien balanceadas notas de un guitarrista que fue pulido por los embates que proporciona el tiempo. Frank, enfundado en un traje oscuro, cabellera blanca y larga, estilo don Miguel Hidalgo, el ‘Padre de la Patria’, estremecía con sus pesados ‘riffs’, cada vez más roqueros, a los adoradores del rock progresivo, y, en cada pieza que tocaban, arrancaban carretadas de aplausos que los pocos asistentes celebraban con mucho entusiasmo. Las piezas de sus primeros discos desfilaban sin cesar; Lorenzo, al igual que toda la banda, festejaba el hecho de escuchar una agrupación que, en su momento, no fue apreciada en su real valía, cuando ‘Nacho’ Cruz le prestaba el material que poseía y que en el 73 era aún escaso por estas desoladas tierras del nopal.

Torre de Tiza

En plena acción, los fresnillenses de Torre de Tiza

‘Todos se atizan’, rezaba el estribillo en el segundo festival Zaca Prog, donde la banda fresnillense que inició en diciembre de 2003 participó con bastante ánimo para captar la atención de los pocos pero selectos asistentes. Comenzaron el proyecto Edgar C en el teclado, Francisco Dávila en la guitarra, Jonathan Sánchez en la batería y Jorge Cervantes en el bajo. Como en todas las agrupaciones, tuvo que haber movimientos, y en mayo de 2004 se incorporaron Guillermo Rodríguez en la guitara, y Martín Rodríguez en el teclado, en sustitución de Edgar, quien decidió abandonar el grupo.

Como preámbulo a una excelente jornada en el Centro Cultural Ciudadela del Arte, Torre de Tiza, en 2007

La música que interpretaron son piezas de manufactura muy personal, introspectiva y, en ciertos momentos, de carácter retrospectivo, que basan sus líneas en ‘riffs’ setenteros, los cuales hacen de sus composiciones grandes pasajes de jazz blues fusión al estilo de John Mayal cuando le entró a ese género; piezas muy agradables a los sentidos. Son un cuarteto de locuaces integrantes que conjugan sus estilos y formas tan personales de ver el mundo de la música; Jonathan, en la batería, se dedica a llevar en forma seria su trabajo, mientras Jorge Cervantes asume una actitud cuasi sicodélica, como si estuviera tocando en uno de los festivales de trascendencia mundial; su figura desparpajada y hippiosa le dan una imagen de músico calificado; su presencia en el escenario dista mucho de querer aparecer como lo hacen los ‘rockstars’; su ritmo contagia y acelera los sonidos arpegiados de Francisco Dávila, quien posee excelente técnica en sus propuestas guitarrísticas, mientras Guillermo Rodríguez, el otro guitarrista, le da con todo a las escalas que, cada vez más, van cercando un talante que va apartándose de la influencia de los antiguos iniciadores del rock progresivo. Grabaron un ‘demo’ independiente con las piezas Introducción, Colores primarios, Intringuilis, El último beso de la nube, Hombre sin miedo, Tata Pancho y Matices. Un disco muy recomendable.

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