Campañas, conciertos y oficialismo

Campañas, conciertos y oficialismo

Termina la última semana electoral con similitudes en los cierres de las campañas electorales. Una vez que los candidatos del Verde Ecologista en Zacatecas anunciaran que para dicho evento tendrían como anfitrión especial al cantante Joan Sebastian, el partido en el gobierno, junto con los otros partidos opositores y los medios oficialistas se mostraron “indignados” por el derroche de dinero y la verosimilitud de invitar a un artista a un acto “cívico político”.

No tardaron mucho tiempo en asimilar, en sus grupos de estrategia, que a la ciudadanía en realidad le importa un comino la cantidad de dinero que se gaste al traer a un artista ranchero, por el que normalmente deben de pagar entre 800 y mil pesos para poder verlo en el palenque de la feria estatal. A los asistentes al evento no les interesa saber cuánto dinero se derrocha. Lo importante es que los partidos cedan una parte de ese dinero que (en el imaginario colectivo) se roban.
Actualmente, esos conciertos son un lujo que muchos de los ahí reunidos -y quienes repitieron, y repetirán dosis con el cierre de la coalición el domingo pasado, el de Alvarez Máynez durante la semana, y del PRI estatal este martes, con sendos conciertos gruperos- no pueden devengar, por lo que, al final, el ciudadano de a pie que no compromete su voto (y el que lo vende, también), tendrá oportunidad de gozar gratuitamente de la ropa, comida, artículos de cocina, artículos de oficina y escuela, verbenas y conciertos que se le ofrezcan.

Como en ocasiones anteriores se ha analizado en este espacio, el negocio electoral rinde frutos en materia financiera, e incentiva temporalmente la economía de quienes inciden en los servicios y productos que se ofrecen en las campañas. Al mismo tiempo que lleva a buena parte de la ciudadanía a acostumbrarse al ritmo de la caridad partidista de cada tres años. La cultura de estas estructuras políticas ha creado tales necesidades en la gente.
Por lo que ¿en realidad se pueden quejar los medios de comunicación oficiales y sentirse irritados, debido a que el candidato contendiente va ganando por algunos puntos al de su partido? ¿De qué sirven esas rasgaduras de ropa, si al final la estrategia que los demás partidos utilizan es exactamente la misma?
La respuesta más plausible es que la prensa oficialista, como tal, realiza su trabajo. Cuando la oposición es peligrosa, levanta murallas informativas que desvían la atención hacia el desprestigio del contrincante. Sin embargo, incluso en la misma prensa oficialista hay categorías. No es lo mismo acusar un cierre de campaña como “desangelado”, que simplemente reducir la información y/u omitirla en sus páginas –dependiendo de las condiciones.

El hecho de que los medios oficialistas le hayan dado dicho tratamiento informativo al cierre de campaña del Verde Ecologista en Zacatecas, sólo confirma la hipótesis de que el candidato opositor representa una amenaza real, y que en ésta última semana de campañas, el partido en el gobierno, mediante sus diversos brazos operativos (entre ellos el mismo gobierno), busca desesperadamente revertir la tendencia favorable del contrincante. La premisa no carece de sentido: hasta en la prensa oficial hay categorías.
En política hacer las cosas de manera que favorezcan o perjudiquen los escenarios, depende de la inteligencia con que los sujetos involucrados tengan la oportunidad de incidir en la agenda que se discute. No necesariamente los partidos en el gobierno deberían de servirse de cualquier medio (dejando en ese momento de ser autoridad, al paso en que se manifiestan como estructuras autoritarias), para obtener los objetivos que se plantean.

Lo anterior tiene sentido en la cultura política mexicana, preñada de símbolos autoritarios desde las civilizaciones prehispánicas, hasta el monopolio del poder en la figura del presidente y el partido monopólico en el siglo 20. En el fondo, el poder unipersonal de las instituciones mantiene despierta una parte del metabolismo del sistema político, dando como resultado fenómenos tan complejos y sencillos como los que se describen en este espacio.
Para quienes saben leer los mensajes dentro y fuera del contexto, lo que estamos presenciando a unos días de la jornada electoral, es la disputa abierta del control de los espacios de toma de decisiones entre el partido en el gobierno, y un Verde Ecologista que hasta hace unos meses se veía muy lejos de la elección, una vez que decidieran declinar a la coalición, justo con aquél partido.

Habrá que preguntarle al Verde Ecologista cuál fue la estrategia de campaña que deslizó en la capital del estado (y qué debilidad embistió), como para que las acciones y discursos, a unos días del próximo 7 de julio, reflejaran el nerviosismo del partido en el poder. A tal grado que el candidato de Nueva Alianza declinara en el Distrito 1. ■

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