La nube y la realidad

La nube y la realidad

La educación sigue a debate. Buena noticia de insistencia y resistencia en un ambiente donde el poder se disputa con rispidez desde el primer trimestre de Peña Nieto. Los maestros insisten: no se oponen a la evaluación siempre que “no sea para castigar, pedir cuentas o reprobar” a profesores, “ni vinculante en lo laboral”. Lo positivo se destaca: la evaluación al descubrir debilidades o fallas sirve para implementar estrategias que las resuelvan. La pugna por la educación hoy se instala en la elaboración de las leyes secundarias, donde los distintos actores tienen que aterrizar dicha reforma. Nada sencillo por la problemática legislativa y la tensión de fuerzas que existe entre los actores, con base en cuyos significados y sentidos tendrá que ser articulada, de manera incluyente. Ni se diga la presión que ejerce la cúpula empresarial en pugna por sus intereses, aunque logró instalar a la precariedad, como eje de futuro para el magisterio y el estado, y presidirá el futuro de las relaciones laborales, en general.
La precariedad preside la eterna disputa por la asignación de recursos para un operar universitario, con restricciones, pero con cierta normalidad. Sabido, el subsidio asignado a la UAZ, cubre su operar los ocho primeros meses del año. Eso impone a las autoridades universitarias gestionar y negociar el resto para obtener recursos extraordinarios suficientes y cubrir el año. Cualquier tropiezo en la diaria gestión, empeora las cosas al quedar rubros pendientes de cubrir. Con todo, la UAZ procura no interrumpir las actividades académicas en que se forman los hijos de los zacatecanos.

¿Con el reiterado apoyo de Gobierno federal en sus momentos críticos y se supone igual del estatal, qué tan sanas quedan las finanzas de la UAZ? Sin los apoyos extraordinarios convertidos en subsidio, ni limitar con suficiente rigor el crecimiento del ingreso o la admisión de nuevos estudiantes, la falta de recursos será permanente, por insuficientes y se requieren recursos para generar programas más cercanos y efectivos que atiendan carencias básicas de los zacatecanos. Una extensión más profesional universitaria, hasta focalizada, requiere una mínima inversión. Por ejemplo ¿puede o no la UAZ respaldar a los habitantes de Salaverna para saber si en verdad se les atiende con justicia y profesionalidad, por parte del monstruo minero y de Gobierno del Estado. O para los habitantes asentados en Peñasquito, dónde está la asesoría legal y profesional capaz de interponer los recursos que enfrenten los del pulpo minero, que de pronto, resultó amparado para evitar la ejecución a favor de los ejidatarios, a quienes se quisiera eventualmente despojar de una riqueza minera, a cuya bonanza de alguna forma pueden reclamar derechos y no sólo esperar reconstruir cuando se termine el mineral y se vayan, como en el cuento de Jael Alvarado, para reinventar de manera sustentable su hábitat, al que desde hoy pueden impulsar al desarrollo. Alguien poderoso, asesora al pulpo minero ¿a cambio otorga minucias a repartir entre los zacatecanos pobres, a su nombre? Los zacatecanos observan, se dan cuenta a quién se respalda bajo el tema del empleo y se dan cuenta de las migas que reciben sus paisanos por su tierra y la riqueza que yace en ellas.
Mientras, los ricos de Zacatecas ligados a esta actividad, se autolimitan a proveeduría. ¿Por qué no concurren a organizar una empresa minera de zacatecanos, como hay otras? ¿La UAZ, podría ser invitada a ella en respaldo de extensión, con lotes de ciencia y tecnología, requeridas? Habría menos glamur, aunque sería más favorable a los zacatecanos, en varios sentidos.
Igual pasa con Pemex, en lugar de potenciar la generación de ciencia y tecnología desde dentro del país, con base en fortalecer a instituciones de excelencia universitaria y superior, se prefiere contratar líneas o tramos de exigencias científico – técnicas con compañías privadas extranjeras. Si la mundialización exige creciente desarrollo científico – técnico, secreto de su dinamismo, aquí lo que crece son generaciones de mexicanos a quienes espera el desamparo, por la lábil educación existente, congruente con la carencia de recursos que se aplica y el déficit de empleos. Peña Nieto necesita dar un manotazo en la mesa de la SEP y bajar de su nube al secretario Chuayfet para que se ponga trabajar en sentar las bases para formar las primeras generaciones de técnico superior universitario como grado mínimo de profesionalidad para todo mexicano; y decirle que esa aspiración es una meta educativa de su gobierno y deje de boxear con fantasmas creados por él mismo.

Mientras esto ocurre en el cielo institucional de México, en su suelo, los zapatistas llaman a su “Escuelita”. En las montañas del sureste, hay academia en el verano, una de libertad, congruencia y efectividad, urgidas de ser cultivadas hoy más que nunca, ante las amenazas contra nuestra patria y sus recursos básicos. n

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