El poeta hasta parece loco, pero por amor: Dolores Castro Varela

El poeta hasta parece loco, pero  por amor: Dolores Castro Varela

**◗ ENTREVISTA EXCLUSIVA / DOLORES CASTRO

■ Es la primera mujer en obtener el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde

■ Todas las preguntas que nos hacemos deben dirigirse a conocer la verdad, pero no toda la verdad**

“Todas las preguntas que nos hacemos deben dirigirse a conocer la verdad, pero no toda la verdad, sino una verdad propia: quién soy”, dice Dolores Castro Varela, desde este miércoles, la primera mujer en obtener el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde.

Con dos vocaciones fundamentales, la poesía y la enseñanza, el tiempo con Dolores Castro se convierte en un vaivén de una a la otra o el reconocimiento de que en ella son la misma cosa. A fin de cuentas la maestra ha aprendido a sus 90 años una verdad esencial: “la vida vale la pena vivirse”, hallazgo que está siempre dispuesta a compartir.

Y otra más, la poesía es un medio de conocimiento menos limitado que la filosofía. Más allá de la razón y la lógica se encuentra la intuición y una inteligencia en su humanidad sensible, que elige de lo que encuentra aquello que le da sentido a la existencia.

El poeta, comenta, “hasta parece loco, pero por amor, por percepción del mundo de una manera totalmente sensitiva, porque los sentimientos vienen de que todos los sentidos recogen la realidad, pero la inteligencia es la que elige de lo que los sentidos le dieron y entonces lo ilumina y lo conserva”.

Una mujer de 90 años en plenitud, feliz ayer por la tarde… y siempre, pues ha estado atenta a aprender y aprehender del mundo sus claves fundamentales.

Así de Ramón López Velarde, a quien le vincula su amor por la provincia y la revelación del mundo mediante la poesía, ha recuperado otra verdad perdurable encontrada en su Novedad de la patria: los dos enemigos del amor son el odio y el descuido. Por eso Dolores Castro no los practica. Y emocionada comparte, ¡es un descubrimiento de poeta, no cualquiera hace ese descubrimiento”.

El Premio Iberoamericano de Poesía, dice, no la va a envanecer “porque me conozco, sé lo que valgo, lo que vale la poesía. Esto que ustedes hacen de reconocimiento a una obra que sí es cierto fue de trabajo, me dio mucho más de lo que me quitó en esfuerzo”.

En este balance, reitera, “estoy feliz de recibir un premio que no lo merezco yo, pero sí lo merece la poesía para que siga viviendo”. Mediante la misma comenta que “he descubierto que la vida vale la pena, que la vida es un don, que todas las preguntas que nos hacemos deben dirigirse a encontrar una verdad, pero no toda la verdad, sino una verdad propia: quién soy”.

Y ante la desorientación que ofrece la etapa histórica que se vive hoy, no solamente en México sino en el mundo, dice, es la poesía un medio de trascender la desesperación que han dejado las ausencias de la religión y la formación humanística cuyos lugares ha ocupado la tecnología.

Esta última, señala, “no es mala”, sin embargo hay que trascenderla para encontrar “nuevos horizontes para que el ser humano siga siendo un ser humano”.
La poesía, vuelve a enseñar la maestra, “es conocimiento de una realidad más profunda, es el profundo conocimiento del poeta mismo. Llegar a saber uno quién es, cómo es, a dónde se dirige, qué es lo que va a obtener. Y sobre todo, es un amor a la vida humana, perdurable como toda la vida que es un don y un milagro”.

Hoy la esperanza de la humanidad se encuentra en la religión, comparte Dolores Castro, en re-ligarse a lo trascendente, cualquier cosa que esto sea.
Y hace un recuento de cómo la vida en sus ciclos trasciende etapas para seguir siendo, luego vuelve esta reflexión hacia el ser humano.

“La vida humana es lo más importante ¿cómo va a terminar? No termina. Es una vida perdurable y si uno supiera esto trabajaría no solamente de una manera personal para enriquecerse. Eso sí se deja, lo que no se deja aquí es lo que uno descubrió en la trascendencia, toda clase de valores que son los que orientan a las personas para ser verdaderos seres humanos”.

“Si no, estaríamos en esa clasificación de piedra, vegetales, animales, y dentro de eso el animal racional: el hombre. Pero es mucho más, es un animal razonable y sensible… animal sólo porque se muere ¡Uno no debería morirse…! Y no se muere!”, expresa.

Dolores Castro Varela, poetisa, maestra, ensayista, lecto-escritora del mundo fue integrante del grupo Ocho poetas mexicanos junto con Efrén Hernández, Alejandro Avilés, Roberto Cabral del Hoyo, Honorato Ignacio Margaloni, Octavio Novaro, Javier Peñalosa, quien fuera además su esposo, y Rosario Castellanos, esta última de indeleble presencia en su palabra y su obra, con quien compartió desde la secundaria su amor por la provincia, su admiración luego en la etapa preparatoriana por la poesía de Ramón López Velarde, pero también una época fundacional para las mujeres en la literatura.

En plenitud, feliz, orgullosa del premio en el que encuentra un desenlace de una lucha que inicio en los años 40 por “la liberación de la mujer en el aspecto de la educación, el trabajo y la participación total en la sociedad”, Dolores Castro recibió por parte de Miguel Alonso Reyes, gobernador de Zacatecas, una presea, un busto de Ramón López Velarde, la cantidad de 200 mil pesos, materia económica de esta distinción y un reconocimiento escrito.

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