La Utopía en el Hogar (8) Intermedio: ama a la ciencia II

La Utopía en el Hogar (8) Intermedio: ama a la ciencia II

Cada semana se llega en esta serie de entregas pandémicas al número que marca el período que se ha estado contemplando la naturaleza desde el aislamiento. No es accidental, cuando se venía el asunto de la posibilidad de apartamiento social, se había estado trabajando durante tres semanas en el concepto de un día sin odio, y cuando la gente tuvo que enfrentar su realidad de familia en la intimidad, hubo necesidad de hacer un planteamiento sano referente a la convivencia bajo reglas a las que nunca se había enfrentado en su conjunto. Por razones que tienen que ver con convicciones profesionales, se aportan ideas para que cada quién en casa ponga su grano de arena para lidiar felizmente con la realidad, alejando los episodios lamentables que suelen darse en la “normalidad” que se vive hasta hace ocho semanas. Después, se trató de influenciar al lector para extender este proceder hacia el vecindario y comunidad; por razones que vienen al caso, se hizo un intermedio para hablar de ese ente abstracto y casi olvidado, que ha surgido de sus cenizas en la búsqueda de soluciones al problema derivado del virus: la ciencia.

Pero la última semana ha sido plena de propuestas que tienen que ver con las necesidades de emergencia que se han dado durante el aislamiento y se manifiestan en la violencia familiar, las crisis emocionales y el comportamiento generalizado de la gente antes, durante y después de los eventos que provocaron esto. Primero, el planteamiento de un sistema de salud mental y segundo, el tipo de comportamiento necesario de parte de la mayoría de la población durante el resto de la cuarentena y lo que sigue.

En el caso de la salud mental, va a haber una bronca de dimensiones megatéricas cuando el glamour de los colegios de “profesionales” que se dedican a este jugoso negocio de quien nadie pide cuentas, más que nada por ignorancia sobre la misma, y por todos los jugosos negocios que se hacen alrededor de este fenómeno. Aunque con procedimientos más adecuados a los nuevos tiempos, el asunto de lo que todo mundo vagamente define como salud mental es manifestado a partir de crisis o desajustes emocionales que invariablemente conduce a su tratamiento por personas poco indicadas para atender este tipo de fenómenos, quienes muchas veces para justificar sus honorarios inventan padecimientos que marcan para toda la vida a quien tiene la mala suerte de caer en sus manos, fenómeno llamado iatrogenia; luego viene lo peor, cuando se remite al desafortunado al psiquiatra o al psicólogo, quienes harán lo imposible para mantener a cualquier paciente en tal estado casi casi como en el matrimonio, hasta que la muerte los separe. Todo porque ante lo desconocido hay que inventar y mantener un mito, el de las “enfermedades mentales”. En todo este proceso, se atacan los síntomas, mas no las causas. Con todas las implicaciones que muchos de quienes leen esto ya conocen.

Desde el nombrecito, mental, ya se está metido en la tremenda limitación de la definición del objeto de estudio. Su ubicación, funciones, sus relaciones con el entorno y el comportamiento colectivo para citar solo unos cuantos. Hasta la fecha, todo lo que se hace, que es comportamiento, debe ser congruente con lo que se dice se piensa o se siente, lo que se entiende que es manifestación mental, porque lo primero que ocurre es el aprendizaje y después, lo que deja para el análisis y su posterior reutilización. En fin, se habla de un fenómeno que analiza lo que la gente ejecuta con su comportamiento, pero se analiza dirigiéndose a una entidad, la mente, que nadie sabe ni qué es ni con qué se come.

Entonces, no resulta descabellado sugerir, al menos, que más que diseñar modelos que ayuden a inhibir este fenómeno rehabilitándolo, se establezcan procedimientos que tengan como meta prevenir la aparición de este fenómeno. En este proceso hay que ver hacia el futuro para buscar los estados ideales de convivencia armónica y modelos cooperativos que aterricen en los esquemas, métodos, procedimientos adaptativos y posibles, contar con planes emergentes para sortear las crisis iniciales y mejor aún, saber que hacer cuando se haya logrado éxito. Mucho habrá de trabajarse en este intento, parece el reto ideal para la comunidad profesional que se dedica al ejercicio de la psicología científica. Aquí habrá que establecer de una vez por todas un ejercicio epistemológico que arroje luz hacia el nebuloso objeto de estudio de la psicología. ¿Qué debe prevalecer, el estudio de los eventos de lo consciente y sus relaciones funcionales en general, o la búsqueda de lo inconsciente por medio de procedimientos quasi rituales, que por regla general no conducen más que al vacío? En este tema hay que mantener en estado de alerta el raciocinio. Mucho ojo, cuates, diría Chabelo.

Luego vino el anuncio del presidente de la República sobre el inminente regreso a lo que el llamó la “nueva normalidad” y habló de la posibilidad de modificar el comportamiento de la gente con lo necesario para la supervivencia de la nación ante los retos que habrá que superar cuando esto acabe. Por fortuna, se tiene la idea general de que se va a enfrentar circunstancias nunca antes vividas y que requerirán de cambios drásticos en el comportamiento de la gente y esta circunstancia abre retos nuevos en todas las áreas del desempeño humano. La pregunta es única, ¿qué principios serán más efectivos en la pronta adquisición de las nuevas formas de actuar en el México del futuro? La respuesta es única, también: la Ciencia del Comportamiento.

Así que la Utopía no solo está al alcance de las manos de los que conducen México y el mundo. Le urge ser diseñada. La felicidad está al alcance de la mano. Si se le desdeña, el siguiente paso es la ley de la selva. Tenemos el ejemplo reciente que llevó a las fuerzas armadas fuera de los cuarteles. Todo mundo lo atribuye como un fracaso del gobierno y de la Guardia Nacional. ¿A nadie se le ha ocurrido que es el fracaso de un pueblo donde la educación, la cultura y la investigación científica son letra muerta? ■

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