El ocaso del capitalismo salvaje y el nuevo proyecto de desarrollo

El ocaso del capitalismo salvaje y el nuevo proyecto de desarrollo

El sábado pasado, 16 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) publicó en las redes sociales un documento relativamente breve denominado “La nueva política económica en los tiempos del coronavirus”. Además de describir los programas sociales y de fomento económico diseñados y aplicados por su gobierno para apoyar a los sectores sociales más vulnerables y a las pequeñas empresas ante la grave situación por la que pasan debido a estos casi dos meses de cuarentena, el autor intenta ubicar la problemática generada por la pandemia y por la crisis económica que estamos padeciendo desde el pasado mes de marzo, en el marco de la crisis general de la forma neoliberal del capitalismo mundial y de las distintas luchas que ya despuntan en distintos países demandando un cambio en el capitalismo salvaje, o economía que mata, en palabras del papa Francisco.

De una manera clara y concisa establece su postura en la confrontación global afirmando: “Nuestra propuesta consiste, en suma, en establecer un Estado de bienestar igualitario y fraterno para garantizar que los pobres, los débiles y los olvidados encuentren protección ante incertidumbres económicas, desigualdades sociales, desventajas y otras calamidades, donde todos podamos vivir sin angustias ni temores. El Estado de bienestar igualitario y fraterno que estamos construyendo tiene como objetivo la protección de las personas a lo largo de la vida, desde la cuna hasta la tumba, haciendo realidad el derecho a la alimentación, al trabajo, la salud, la educación, la cultura, la vivienda y la seguridad social”.

Una vez más deja claro que concibe al bienestar como ejercicio de los derechos que deben ser garantizados por el Estado. El bienestar disminuye cuando los ciudadanos pierden derechos y se fortalece cuando los incrementan. Se deslinda claramente de las posiciones liberales señalando: En esta nueva etapa de la vida nacional el Estado no es gestor de oportunidades, que es como se presentó de manera explícita la política social del régimen neoliberal. Es y será, en cambio, garante de derechos. La diferencia entre unas y otros es clara: las oportunidades son circunstancias azarosas y temporales o concesiones discrecionales sujetas a término que se le presentan a un afortunado entre muchos y pueden ser aprovechadas o no; los derechos, en cambio, son inmanentes a la persona y al colectivo, irrenunciables, universales y de cumplimiento obligatorio.

En una sociedad democrática en donde las personas ejercen sus derechos y, por ello, se convierten en ciudadanos, la lucha política se ha centrado en la obligación del Estado de garantizar más o menos derechos. La hegemonía neoliberal establecida en el mundo a partir de finales de la década de los años setentas se expresó en un debilitamiento del bienestar social y, en contrapartida, en una mayor concentración de la riqueza en casi todos los países del mundo, incluyendo a las grandes potencias: Estados Unidos, China, Rusia, los países de la Unión Europea, y no se diga los llamados países en desarrollo incluído México. En ese marco conflictivo hay que evaluar la reciente reforma al artículo 4o constitucional para garantizar pensiones a todos los adultos mayores del país, así como a niñas y niños pobres con discapacidad; becas a estudiantes de familias de escasos recursos económicos y garantía del derecho a la salud a todos los habitantes del país, con atención médica y medicamentos gratuitos, configurandose como la reforma social más importante de los últimos tiempos.

Ahora les comparto una pequeña referencia contenida en el libro más reciente publicado por Thomas Piketty denominado Capital e ideología. Dice el autor: En el manifiesto del partido comunista Carlos Marx y Federico Engels escribieron “la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”. La afirmación sigue siendo pertinente, pero tengo la tentación de reformularla de la siguiente manera: la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de las ideologías y de la búsqueda de la justicia.

El libro que refiero es un formidable esfuerzo para demostrar que es posible superar al capitalismo salvaje y construir una sociedad justa basada en el socialismo participativo y en el federalismo social. Esto pasa principalmente por desarrollar un régimen de propiedad social y temporal basado, por una parte, en la limitación y la distribución (entre accionistas y asalariados) de los derechos de voto y poder en las empresas y, por otra parte, en una fiscalidad fuertemente progresiva sobre la propiedad, en una dotación universal de capital y en la circulación permanente de la riqueza. También pasa por la fiscalidad progresiva sobre la renta y por un sistema de regulación colectiva de las emisiones de carbono que contribuya al financiamiento de los seguros sociales y de una renta básica, así como por la transición ecológica y unos sistemas educativos y de salud verdaderamente igualitarios. ■

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