Sociedad de la igualdad: todos podemos ser madres

Sociedad de la igualdad: todos podemos ser madres

Cuando las sociedades humanas eran tribales, las mujeres se quedaban ‘en casa’ o en el nido, y los varones salían a conseguir el alimento para todos, que consistía en cazar (al principio) o pastorear los ganados (después). Esto generó una relación de identidad entre los integrantes de la familia nuclear con ciertos roles o funciones socioemocionales: la mujer fue identificada con la función madre y el varón con la función de padre. Al grado que pensamos que el varón era el padre sin más, y la mujer de la casa pasaba a ser sinónimo de la madre. Identidades que pasaron como obvias o naturales. Y pues no es así. Ahora que tenemos una civilización donde mujeres y hombres han igualado sus tareas sociales, se ve con más nitidez que esa identidad es falsa.

El cuidado, protección cercana, alimentación, ternura, confianza y todos los valores alrededor del amor incondicional es la Mater o función madre. Aquellos que se relacionan con la provisión de bienes, el trabajo, el desapego o individuación y todos los valores que se asocian a la maduración independiente de una persona, es el Pater o forma del padre. Esas funciones (los psicólogos le llaman con un término pedante: arquetipos) son necesarias para que toda persona se desarrolle y logre una personalidad sana y plena. Es obvio que durante el embarazo la madre es la mujer del hogar, no hay forma de que no sea así (hasta ahora). Sin embargo, con los niños un poco creciditos es posible que las funciones de madre y padre se compartan por el hombre y la mujer en los hogares. Cuando se confunde las funciones con los géneros y las personas, es que vienen enfermedades sociales como la desigualdad y la injusticia que ésta trae consigo. Las funciones no son personas. Una sociedad igualitaria implica que debe romperse la identidad de la función madre con la mujer del hogar y la del padre con el varón. Así, surge la igualdad: los roles se comparten. Un hombre puede hacer las funciones maternas y las mujeres pueden realizar también los procesos de desapego con los hijos, trabajar y tener funciones públicas.

La desigualdad comienza en los hogares. Una sociedad patriarcal le otorga al varón todas las funciones de mando afuera y dentro del hogar. Lo cual se convierte en la forma de discriminación mayor, porque hay mujeres en todas las razas, los pueblos, en todas las minorías y en todas las clases sociales. La liberación de las mujeres pasa por lograr que la función de madre sea compartida por hombres y mujeres. La nueva masculinidad implica, en el mismo sentido, la posibilidad de que los hombres adquieran roles de afecto, ternura, cuidado cercano y amor incondicional. Como estamos acostumbrados a usar como sinónimos mujer y madre, así como varón y padre, pues es extraña la frase de reza “los varones pueden ser madres de sus hijos”, y sin embargo, es una estricta verdad. Todos podemos ser madres.

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