Inesperada lección de periodismo

Inesperada lección de periodismo

El momento que vivimos, las posibilidades tecnológicas, y la estrategia comunicacional del Gobierno Federal, tienen hoy a mucha gente pendiente de las noticias y abrevando directamente de las fuentes de información.

Miles de personas siguen todos los días la conferencia de prensa vespertina que encabeza el Dr. Hugo López Gatell, y ahí conocen de primera mano los reportes técnicos con respecto al avance de Covid-19, la ocupación hospitalaria, y temas adyacentes a la emergencia.

Esto ha generado que de forma muy directa y transparente, el público observe el desempeño de los periodistas que cubren el tema para darse cuenta de qué preguntan, qué tanto conocimiento previo tienen, si hay un tufillo golpeador, o al contrario, uno complaciente, etcétera.

Inesperadamente los periodistas se exponen al escrutinio del público.

No sólo lo hacen aquellos que participan directamente en la conferencia de las 7; también ocurre con la información y análisis que surge en las horas posteriores.

Es claro que la evaluación del público es desfavorable.

Es comprensible, algunos no detectan el creciente rechazo a las notas que centran su atención en el ámbito privado de los pacientes, o incluso del personal de Salud, como ha ocurrido con la vida familiar del Dr. Hugo López Gatell.

Otros no entienden que no es tiempo de exprimir el jugo político que la situación posea; que habrá, eso esperamos, tiempo para ello, para evaluar a cada gobernante, a cada partido, a cada institución, etcétera.

No significa con ello que el cuestionamiento “en tiempo real” no esté permitido, sino que éste tendría que obedecer a parámetros técnicos y científicos, y no a criterios políticos que notoriamente se camuflagean en los primeros para dar golpes mediáticos sin más fin que el posicionamiento político.

Las consecuencias de tan irresponsable conducta derivan en cosas como lo sucedido en el Hospital Las Américas del Estado de México, y en el mejor de los casos en la negligencia ingenua de quienes visitan a familiares, realizan fiestas, y abarrotan calles sin razones esenciales.

La búsqueda del golpe político, de la nota por la nota, del dar por sentado que la obligación es ir contra el poder por ser poder, sin importar la verdad o el interés social, han dejado mal parado a buena parte del periodismo en México que no ha sabido transmitir al público la información que puede ayudarle a tomar decisiones que hoy más que nunca son de vida o muerte.

Mientras todo eso sucede se desperdician espacios y recursos que podrían llevar calma a la población, exhortarle a quedarse en casa, explicarle científicamente lo que sucede, y qué medidas de prevención debe atender.

La dinámica Pregúntale al Dr. Gatell, en la que niños y niñas hicieron llegar sus dudas al vocero del Gobierno Federal en la materia, dio muestras del ánimo social, y de aquello que interesa a chicos y grandes en tiempos de incertidumbre y sed de tranquilidad.

Con la franqueza que da la inocencia, los pequeños pusieron sobre la mesa preguntas que más de un adulto tenía en la punta de la lengua y no se atrevía a hacer, o no encontraba los canales para ello.

Que por qué no hacer una vacuna con jabón, si éste mata al virus, preguntaba una niña que tenía una idea similar a la enunciada por el presidente de Estados Unidos Donald Trump.

Otro más que confesaba su miedo a los murciélagos que habitan un árbol cercano a su casa, expuso una preocupación presente en muchos adultos que con su actuar han provocado que organizaciones ambientalistas llamen a preservar este animal, y a difundir los beneficios de su existencia para la humanidad.

Que si pueden resolver esto un día antes de mi cumpleaños para hacer una fiesta con mis amigos, solicitó Alexanda dando voz a muchos adultos ansiosos por terminar la cuarentena, con mucho más éxito, penetración y generación de empatía que Ricardo Salinas Pliego.

Otros niños más visibilizaron los problemas que pasan minorías y poblaciones particulares, como aquella niña que en silla de ruedas preguntaba cuándo podría regresar a terapia, o bien la niña que preguntó su nivel de riesgo al padecer diabetes tipo 1; un niño con hemofilia cuestionó sobre su circunstancia particular, y otros dos más, a través de la Lengua de Señas manifestaron su preocupación de no poder hacerse entender, o poder comprender al personal de salud que los atendiera en caso de ser hospitalizados por covid-19, lejos de sus padres quienes probablemente suelen ser sus intérpretes.

Con su inocencia y su curiosidad libre de filias y fobias, los niños dieron muestra de la información que le interesa al público, a quien poco parece atraerle al menos por el momento, los pleitos entre políticos y los codazos por reflectores en el manejo de la epidemia.

No ha llegado aún el tiempo de la evaluación, pero la circunstancia demanda que el periodismo haga un autodiagnóstico que le permita determinar si su labor responde al interés general, y a la necesidad social.

No caería mal contagiarse de esa responsabilidad social que llevó a un niño a preguntar, qué le tocaba hacer para que esta emergencia se solucionara. ■

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